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Opinión

14 de abril: un pueblo con memoria de elefante

Hace apenas 10 años en Botswana un elefante hacía tambalearse la institución de la monarquía. Cuando el país pasaba una durísima crisis Juan Carlos de Borbón y Borbón caía en acto de servicio mientras combatía con un elefante africano en un safari para millonarios, supuestamente pagado por un amigo saudí. La sucesión había comenzado. Felipe de Borbón y Grecia calentaba en el banquillo.

Dos años después los partidos dinásticos preparan salvar la vetusta institución con una abdicación exprés y con un blindaje incluido en nuestro ordenamiento a través de una modificación de la Ley Orgánica del Poder Judicial (LOPJ). Después de las primeras elecciones, las europeas de 2014, en las que por primera vez PP y PSOE obtenían menos del 50% de los votos y emergía un nuevo fenómeno político de la mano de Podemos. El Régimen impulsa la abdicación como una salida buscando hacer cumplir la máxima "Que todo cambie para que todo siga igual", pero ya nada podía detener el desprestigio social de una institución que se ponía por encima de la democracia y donde el carrusel de escándalos no ha cesado hasta hoy.

Las sucesiones borbónicas fueron ajetreadas muchas veces. Fernando VII alias “el mastuerzo” conspiraba contra su padre Carlos IV y conseguía por las bravas que el motín de Aranjuez lo hiciese Rey. La dinastía borbónica abría las puertas de España al invasor francés y el pueblo se convertía en sujeto político de resistencia mientras Fernando VII comía canapés en Fontainebleau y le hacía la pelota al emperador francés con cartas que harían sonrojar al patriota más pacato.

En 2012 la institución de la Corona daba muestras de agotamiento y Juan Carlos se resistía abandonar el trono a pesar de las maniobras que desde dentro de la Casa Real y del establishment político señalaban el inevitable camino de la abdicación. Era necesario salvar la institución de la democracia que bullía en las calles frente al modelo del pelotazo y la corrupción, que había hecho del Estado una herramienta de extracción de riqueza de unas élites, que tenían en la Corona uno de sus principales baluartes de sus intereses. Una periodista de la Transición decía aquello de “la monarquía cumple la función de dar estabilidad institucional por encima de los devenires políticos”. Lo devenires políticos son las urnas donde el pueblo ejerce la soberanía popular. Una institución llamada a proteger el Estado de la democracia.

La corrupción sistemática, recogida en los Decretos de archivo de la fiscalía, apenas es una pequeña muestra de las conductas que han definido la actividad de Juan Carlos al frente de la institución. Las Fundaciones Lucum y Zagatka ponían encima de la mesa la relación espúrea del monarca con las monarquías del Golfo Pérsico. Si viviésemos en Francia, ¿qué hubiese ocurrido si el presidente de ese país hubiese recibido 100 millones de dólares del ministerio de finanzas de Arabia Saudí en una fundación opaca o hubiese ingresado un millón cuatrocientos mil dólares en efectivo regalados por el Rey de Bahrein?. Pues en primer lugar hubiese podido perder las elecciones porque está sometido a la soberanía popular y, además, hubiese terminado ante los tribunales de justicia porque se encuentra sometido al principio de legalidad.

La crisis de la monarquía afecta al conjunto de las instituciones porque es la clave de bóveda del Estado. Su protección a toda costa recogida en el artículo 56.3 de la Constitución y en la interpretación recogida en la reforma de la LOPJ pone en riesgo a la Fiscalía cuando emite los decretos de archivo, a la administración de Justicia porque no hace justicia, y al Congreso de los Diputados porque se impide el debate sobre la arquitectura institucional del Estado y de su funcionamiento. Cuando el artículo 56.3 dice que el Jefe del Estado es inviolable y no está sujeto a responsabilidad entra en colisión directa con los principios más básicos de un Estado democrático.

Nancy Pelosi, speaker de la Cámara de representantes de los Estados Unidos, después del asalto al Capitolio afirmó con rotundidad: “Somos un Estado de derecho, no somos una monarquía con un rey”. Al decirlo, una persona nada sospechosa de izquierdista antisistema dejaba a las claras la incompatibilidad del régimen monárquico con una concepción democrática básica.

El 14 abril representa la pulsión democrática de un pueblo que en 1931 decidió abrir la puerta a la construcción de un Estado que, adelantado a su tiempo, reconocía la inseparabilidad de los derechos civiles y políticos de los derechos económicos y sociales y que reconocía por primera vez el derecho al autogobierno de las nacionalidades históricas. La enseñanza pública se convertía en un pilar del Estado que hizo bueno aquello que dijo José Martí, ser cultos para ser libres. La igualdad entre hombres y mujeres se concretaba en la plena igualdad jurídica, el derecho al voto, el derecho al divorcio y las primeras experiencias de aborto legal. El primer seguro de paro forzoso y la reforma agraria representaba la inclusión de los intereses de las clases populares entre los fines del Estado. La libertad sindical y las libertades políticas abrían la puerta a la participación de las clases populares en el proceso político. La democracia social en España se anticipaba en buena medida a lo que fueron los consensos democráticos que serán hegemónicos en Europa después de la victoria de la humanidad sobre el fascismo en 1945.

República es democracia

La República representa en España por encima de todo la democracia, la capacidad de la gente de decidir su destino por encima de los intereses de las élites extractivas. Defender la República en España consiste en articular el protagonismo popular en el proceso político, defender el carácter democrático del Estado como elemento reequilibrador de las desigualdades y como garante de derechos, que debe hacer de la solidaridad el elemento central de sustento del Estado articulado sobre el reconocimiento de la plurinacionalidad y pluriregionalidad y su derecho al autogobierno. Hacerlo además en el siglo XXI requiere de la incorporación de los aportes del movimiento feminista y del movimiento ecologista, que ponen en el centro la necesidad de articular políticas públicas que tengan en el centro la sostenibilidad de la vida.

En tiempos oscuros en los que los sectores reaccionarios ponen en cuestión todas las conquistas democráticas del pueblo sobre una estrategia de miedo y resignación, necesitamos la República como un horizonte compartido que nos permita empujar la esperanza de las mayorías sociales para afrontar un futuro incierto en el que los pueblos deben ser los protagonistas y donde la humanidad pueda encontrar una salida democrática al modelo neoliberal que conduce al mundo a la guerra y la destrucción. La paz es el primer derecho de los pueblos, la premisa primera que hace posible que el resto sean posibles, no en vano nuestro pueblo escribió en su constitución de 1931, España renuncia a la guerra como instrumento de política internacional.

No nos mueve la nostalgia, ni hacer cuentas con el pasado. Reconocemos las conquistas democráticas de nuestro pueblo como un tesoro que nos demuestra que los cambios son posibles, que la historia no está escrita, que la hacen los pueblos. Reafirmamos nuestro compromiso con la esperanza como instrumento político de las mayorías sociales para construir un futuro mejor.

El 14 de mayo la Plataforma Consulta Popular Estatal Monarquía o República nos convoca a practicar la democracia, a imaginar que las urnas mandan, a imaginar que nos dejasen votar, una muestra, un ensayo que puede permitir que miles de personas puedan expresar su anhelo democrático por medio de una manifestación que esta vez no será con pancartas sino con urnas, con pequeñas cajas donde depositar ilusiones y expresar sueños.

Hay que recordar a los poderosos que no se presentan a las elecciones que cualquier día, como dijera Evita, no habrá fuerza capaz de contener a un pueblo consciente de su derecho, ya no habrá lugar para el colonialismo económico, para la injusticia social ni para los traficantes de nuestra soberanía y nuestro porvenir.

Cuando nos pregunten por qué queremos una república, la respuesta debe ser sencilla y la dio hace mucho tiempo Abraham Lincoln: queremos un gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo, preferimos urnas a coronas. No lloramos por repúblicas pasadas, queremos organizar la nuestra.

 

 

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1 Comentario

1 Comentario

  1. Enrique Añino Cañal

    16 de abril de 2022 12:40 at 12:40

    100% culpables son en primer lugar el «Centro Siniestro PSOE»-anti IZQUIERDA SOCIALISTA; traicionando a LA ROSA ROJA-ESPÍRITU MAYO 1879, los de FERRAZ 170.
    Y después los del «Centro Diestro PP» con «Fantasías Aznar Estigmas Sátrapas», inclusive en la segunda marca e hijuela bastarda «Violencias Opacas Xenofóbicas».
    Ni olvido, ni perdono la agrupación o alianza amoral bodrio amorfo: Versión 1.0 CONSTITUCIÓN EXPRÉS PP-PSOE en el ayer; Versión 1.1 CONSTITUCIÓN EXPRÉS PSOEsPP.com.es

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