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Análisis

Adiós a la aristocracia golpista de Franco

De los 28 títulos nobiliarios concedidos por Franco y que ahora suprimirá la Ley de Memoria, más de la mitad lo fueron a militares que protagonizaron junto a él el golpe de Estado del 18 de julio de 1936.

Adiós a la aristocracia golpista de Franco
De izquierda a derecha, Francisco Franco, Emilio Mola, Juan Yagüe, Luis Carrero Blanco y Gonzalo Queipo de Llano

La Ley de Memoria suprimirá próximamente un total de 33 títulos nobiliarios y grandezas de España concedidos entre 1948 y 1977. Veintiocho de ellos los concedió el general golpista Francisco Franco (1892-1975) entre 1948 y 1973, y los otros cinco los concedió su sucesor en la Jefatura del Estado, Juan Carlos I (n. 1938), entre 1975 y 1977.

De los 28 títulos nobiliarios concedidos por Franco, más de la mitad —17— lo fueron a militares que protagonizaron junto a él el golpe de Estado del 18 de julio de 1936, y en su mayoría fueron concedidos en las fechas más señaladas para el franquismo: el propio 18 de julio [de 1936], el día del golpe de Estado; el 1 de octubre [de 1936], el día en que Franco fue investido como jefe del Estado por la Junta de Defensa Nacional, y el 1 de abril [de 1939], el día de la victoria franquista en la Guerra Civil.

Los primeros fueron concedidos en 1948, precisamente el 18 de julio de 1948, al teniente general José Moscardó y al general de Brigada Emilio Mola  —en este caso, a título póstumo—, y el último fue concedido —también a título póstumo— el 21 de diciembre de 1973 al almirante Luis Carrero Blanco, que había muerto la víspera en el atentado de ETA que hizo volar por los aires su coche oficial.

Casi cuatro décadas y media después de la entrada en vigor de la Constitución de 1978, esos títulos aún siguen vigentes, y los ostentan los descendientes —hijos, nietos o bisnietos— de esos militares golpistas, aunque la Ley de Memoria pondrá fin a esta situación. También siguen en pie monumentos a la memoria de algunos de estos aristócratas.

José Moscardó (1878-1956) fue el líder de los militares golpistas que se atrincheraron en el Alcázar de Toledo durante los primeros meses de la Guerra Civil, y ya durante el franquismo fue jefe de la Casa Militar de Franco y procurador en las Cortes franquistas desde 1943 hasta su muerte en 1956. Franco le concedió el Condado del Alcázar de Toledo —con Grandeza de España—, que primero ostentó él, después su hijo y ahora ostenta su nieto. Los restos mortales del teniente general José Moscardó están enterrados en la cripta del Alcázar de Toledo —sede del Museo del Ejército— junto a los de otros golpistas, entre ellos el doblemente golpista teniente general Jaime Milans del Bosch: golpista del 18 de julio de 1936 y golpista del 23 de febrero de 1981.

Por su parte, Emilio Mola (1887-1937), conocido entre los demás militares golpistas como 'El Director', es famoso entre otras cuestiones por las instrucciones reservadas que emitió sobre el golpe. "Es necesario crear una atmósfera de terror, hay que dejar sensación de dominio eliminando sin escrúpulos ni vacilación a todo el que no piense como nosotros. Tenemos que causar una gran impresión, todo aquel que sea abierta o secretamente defensor del Frente Popular debe ser fusilado" es una de ellas. Franco le concedió a título póstumo el Ducado de Mola —con Grandeza de España—, que primero ostentó su hijo y ahora ostenta su nieto.

De los otros nueve militares golpistas que integraron junto a él la Junta de Defensa Nacional —Miguel Cabanellas, Fidel Dávila , Germán Gil, Emilio Mola, Federico Montaner, Fernando Moreno, Luis Orgaz, Miguel Ponte, Gonzalo Queipo de Llano y Andrés Saliquet—, Franco concedió títulos nobiliarios a cuatro: el citado general de Brigada Emilio Mola, los tenientes generales Fidel Dávila y Gonzalo Queipo de Llano y el general de División Andrés Saliquet.

A Fidel Dávila (1878-1962) le concedió el 18 de julio de 1949 el Marquesado de Dávila y el 18 de julio de 1951 la Grandeza de España, y el 1 de abril de 1950 concedió a Andrés Saliquet (1877-1959) el Marquesado de Saliquet, a Gonzalo Queipo de Llano (1875-1951) el Marquesado de Queipo de Llano y a otros dos militares golpistas, el marino Francisco Moreno (1883-1945) y el aviador Joaquín García-Morato (1904-1939) —en ambos casos, a título póstumo—, el Marquesado de Alborán y el Condado del Jarama, respectivamente.

El Marquesado de Alborán primero lo ostentó el hijo de Moreno y ahora lo ostenta el nieto, mientras que el Condado del Jarama siempre lo ha ostentado la hija de García-Morato. Por su parte, el Marquesado de Dávila lo ostentó primero el teniente general, después su hijo y ahora lo ostenta su nieto; el de Saliquet, primero el general de División y después —hasta la actualidad— su nieta, y el de Queipo de Llano, primero el teniente general, después su hijo y ahora su nieto. Dávila sustituyó a Mola —tras su muerte en un sospechoso accidente aéreo— como jefe del sublevado Ejército del Norte, mientras que Saliquet fue el jefe del sublevado Ejército del Centro y Queipo de Llano fue el jefe del sublevado Ejército del Sur.

"Nuestros valientes legionarios y regulares han demostrado a los rojos cobardes lo que significa ser hombres de verdad, y a la vez a sus mujeres. Esto es totalmente justificado, porque estas comunistas y anarquistas predican el amor libre. Ahora por lo menos sabrán lo que son hombres de verdad, y no milicianos maricones. No se van a librar por mucho que berreen y pataleen". Es una de las alocuciones radiofónicas que pronunció, durante la Guerra Civil, Queipo de Llano, que cuatro décadas y media después de la entrada en vigor de la Constitución sigue enterrado en el interior de la sevillana Basílica de María Santísima de la Esperanza Macarena. No es el único de todos estos golpistas cuyos restos reposan en templos religiosos.

El 1 de abril de 1951 Franco concedió, a título póstumo, el Marquesado de Varela de San Fernando al teniente general José Enrique Varela (1891-1951), que primero ostentó su hijo y ahora ostenta su nieto. Aunque el Ayuntamiento de San Fernando retiró la estatua del teniente general Varela de las calles del municipio gaditano el pasado mes de febrero, y la Ley de Memoria hará lo mismo próximamente con el Marquesado de Varela de San Fernando.

En 1952 Franco concedió, a título póstumo, al teniente general Francisco García-Escámez (1893-1951) el Marquesado de Somosierra, que primero ostentó su hijo y ahora ostenta su nieto, y al teniente general Juan Yagüe (1891-1952) el Marquesado de San Leonardo de Yagüe, que desde entonces ostenta su hijo. A García-Escámez se lo concedió el 1 de abril de, y a Yagüe se lo concedió el 22 de octubre, al día siguiente de la muerte del teniente general.

‘Camisa vieja’ de Falange, Yagüe fue otro de los cabecillas del golpe, ministro de Franco y apodado 'El carnicero de Badajoz' por su papel protagonista en la masacre cometida en la ciudad extremeña tras la toma de la ciudad por las tropas franquistas, uno de los episodios más sangrientos de la Guerra Civil.

El 18 de julio de 1955 Franco concedió, también a título póstumo, el Marquesado de Vigón a otro militar golpista: el teniente general Juan Vigón (1880-1955), que ya durante el franquismo fue procurador en las Cortes franquistas desde 1943 hasta su muerte el 25 de mayo de aquel 1955.

La última tacada de concesiones de títulos nobiliarios a militares golpistas por parte de Franco llegaría el 1 de octubre de 1960, cuando concedió al militar y ministro Juan Antonio Suanzes (1891-1977) el Marquesado de Suanzes, al teniente general Alfredo Kindelán (1879-1962) el Marquesado de Kindelán, al teniente general Joaquín García-Pallasar (1877-1960) el Condado de Pallasar, al almirante Juan Cervera (1870-1952) el Marquesado de Casa Cervera y al general de División Francisco Martín Moreno (1879-1941) el Condado de Martín Moreno, los tres últimos a título póstumo. El Marquesado de Suanzes lo estentaron él y su hijo y ahora lo ostenta su nieto; el Marquesado de Kindelán, él, su hijo, su nieto y ahora su bisnieta; el Condado de Pallasar, su hija y ahora su nieta; el Marquesado de Casa Cervera, su hijo, su nieto y ahora su bisnieto, y el Condado de Martín Moreno, su nieto y ahora su bisnieto.

Pero aún quedaba por condecorar otro militar golpista: el almirante Luis Carrero Blanco (1904-1973), que vivió pegado a Franco desde los albores del franquismo hasta su muerte, pues fue subsecretario de la Presidencia del Gobierno de 1941 a 1973, vicepresidente del Ejecutivo desde 1967 hasta junio de 1973 y presidente del Gobierno —en sustitución de Franco, que desde 1938 hasta entonces había compatibilizado los cargos de jefe del Estado y presidente del Ejecutivo— desde junio de 1973 hasta su muerte a manos de ETA en diciembre de aquel mismo año. Franco le concedió al día siguiente, a título póstumo, el Ducado de Carrero Blanco —con Grandeza de España—, que su hijo ostentó desde entonces hasta su muerte en 2019.

El único de todos los títulos nobiliarios concedidos por Franco a militares que protagonizaron junto a él el golpe de Estado del 18 de julio de 1936 que se encuentra vacante es precisamente el Ducado de Carrero Blanco, pues ningún descendiente del almirante lo ha reclamado desde la muerte de su hijo en 2019. Se encuentra vacante, pero formalmente sigue existiendo y seguirá; eso sí: hasta la próxima entrada en vigor de la Ley de Memoria, cuatro décadas y medio después de la entrada en vigor de la Constitución de 1978. Del franquismo en el régimen del 78 quedan aún muchos vestigios, pero este en concreto pasará pronto a la historia.

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1 Comentario

1 Comentario

  1. Lucía Draín

    21 de julio de 2022 11:21 at 11:21

    Vaya, … os veo emocionados con esta chorrada, ya es el segundo artículo dedicado a este «exitazo» de la nueva ley de memoria.

    Sin embargo, la Ley de Punto Final española de 1977 sigue sin derogarse, la impunidad sigue tan firme como siempre e incluso jueces y políticos se seguirán meando en las cunetas franquistas sin castigo. Menuda mierda de gobierno de coalición.

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