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Política

¿Alguna vez no ha incitado Vox al odio?

Son las propias acciones de Vox las que delatan la existencia —o no— de un vínculo entre su discurso y la incitación al odio

El pasado 8 de septiembre, Iván Espinosa de los Monteros advertía en su comparecencia semanal desde el Congreso de los Diputados que Vox llevaría a los tribunales “a cualquiera que pretenda vincular al partido con actos violentos, desde el tuitero más anónimo hasta el activista político disfrazado de periodista más famoso”. “Esto se va a acabar. Buscaremos los recursos que necesitemos para llevar a los tribunales a cualquiera que pretenda vincular a Vox con actos violentos”, añadía, negando la relación de cualquier tipo de violencia o incitación al odio con su formación.

Dicha amenaza llegaba después de que, tras hacerse notable el repunte de las agresiones contra el colectivo LGTBI+ por varios casos sucedidos en una misma semana, el partido fuera acusado de promover, con su discurso, el auge de los delitos de odio. Sin embargo, las declaraciones emitidas por el portavoz de Vox en el parlamento quedan en entredicho por los hechos vinculados a su partido. Sin ir más lejos, el líder de Vox, Santiago Abascal, aseguraba el pasado viernes que el presidente electo de la Generalitat de Cataluña, Pere Aragonès, debería ser “abofeteado en público y en directo” en una entrevista en el programa radiofónico de Federico Jiménez Losantos.

El colectivo LGTBI+ es, de hecho, una de las principales víctimas del discurso de Vox. “El problema es que en España hemos pasado de un extremo a otro. De pegar palizas a los homosexuales a que ahora esos colectivos impongan su ley”, llegó a afirmar nada más y nada menos que Espinosa de los Monteros. Otro ejemplo es el de Juan E. Pflüger, el responsable nacional de prensa de Vox que la formación fichó en 2019. “¿Por qué los gays celebran San Valentín si lo suyo no es amor, es solo vicio?”, es uno de sus tuits más polémicos. Además, en sus redes sociales abundan los ataques hacia feministas —a quienes llama feminazis— y contra la migración. “Si mi hijo es homosexual, preferiría no tener nietos”, son declaraciones de Gádor Joya, diputada del partido en Madrid.

Además de mediante declaraciones LGTBIfóbicas, Vox —desde donde Macarena Olona defendía la existencia de terapias para “curar” la homosexualidad durante una comisión— también daña al colectivo con sus pretensiones políticas. En la Comunidad de Madrid, Rocío Monasterio establecía derogar las leyes LGTBI+ como una condición para respaldar al Partido Popular de Isabel Díaz Ayuso. “Son leyes de género propias de la izquierda más radical”, decía sobre la ley de Identidad y Expresión de Género e Igualdad Social y no Discriminación y la ley de protección Integral contra la LGTBIfobia; dos leyes garantistas de cara a los derechos humanos de las personas del colectivo.

Otra víctima del discurso de Vox son las personas migrantes. La formación ha tratado de criminalizar a los niños extranjeros en más de una ocasión, siendo el cartel electoral sobre menores migrantes no acompañados que colgaron en la estación de metro de Puerta del Sol el ejemplo más polémico. La propaganda para las elecciones autonómicas del 4 de mayo utilizaba un bulo para atacar a los menores de edad que incluso fue denunciado por la Fiscalía de Madrid por un posible delito de odio. Las polémicas racistas en las que Vox se ha visto envuelto han llevado a que Abascal fuera declarado como “persona non grata” en Ceuta y a que el partido se topara con la valiente reacción y condena de Serigne Mbayé, diputado de Unidas Podemos en la Asamblea de Madrid: “El racismo no cabe en esta Cámara y tampoco cabe en España”.

Gráficamente, Vox delató ya en 2019 su postura cuando publicó una imagen con connotaciones bélicas en la que señalaba como “enemigos de España” —ilustrándolos con logos representativos junto al lema “¡Qué comience la batalla! Por España”— al colectivo LGTBI+, el feminismo, formaciones nacionalistas y grupos de otras ideologías políticas vinculadas a la defensa de la clase trabajadora, entre otros. Hechos —siendo los mencionados tan solo una mínima parte— que desmontarían el relato, ahora victimista, de la formación de Abascal. Siendo las propias acciones de Vox las que delatan la existencia —o no— de un vínculo entre su discurso y la incitación al odio, presuntamente relacionada con el repunte de los delitos de esta índole.

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