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Aviso a navegantes: no te metas en política

Aviso a navegantes: no te metas en política

Hace algo más de siete años, recogiendo el espíritu del 15M desplegado en las calles, un grupo de universitarios impulsados por más de un millón de personas se atrevieron a dar un paso al frente y desafiar al Régimen del 78, que comenzaba su lenta descomposición. “Si queréis cambiar las cosas, meteos en política”. Y así fue. En mayo de 2014, Podemos sacó cinco eurodiputados y más de un millón de votos. Era el inicio de una carrera de fondo que acabaría apenas unos años después, con la coalición de Unidas Podemos sentada en el Consejo de Ministros. Años de trabajo y pelea –Izquierda Unida y sobre todo el PCE acumulaban décadas de lucha– contra unas élites que torpedeaban –hasta hoy– el camino hacia una España al servicio de sus ciudadanos en lugar de profundizar en la degradación de la propia Democracia. Por el camino, entre otras cosas se quedaba uno de los ideólogos de aquel movimiento, Pablo Iglesias, que mientras anunciaba su retirada tras no conseguir los objetivos marcados para las elecciones autonómicas de Madrid, daba paso a una renovación de la Ejecutiva protagonizada principalmente por mujeres.

Para entender esta transición que hoy se está llevando a cabo en el seno de la organización morada, es necesario echar la vista atrás y señalar algunas de las estrategias de acoso y derribo que han sufrido a lo largo de estos años, ellos y buena parte de la izquierda de este país.

Es evidente que ha llovido mucho. Sería ingenuo pensar que hasta la entrada de Podemos en la vida política de nuestro país el régimen no se defendía. Lo saben bien en Catalunya, y también en Euskadi. Lo saben bien los movimientos sociales, incansables luchadores en las calles, artífices de la actual democracia. Abuelos y abuelas, que hoy peinan canas, que pusieron por delante incluso su propia vida para traer las conquistas que hoy disfrutamos. Lo saben bien quienes llevan tiempo peleando por el reconocimiento de la memoria democrática de nuestro país. Prueba de ello son las fosas comunes, que por desgracia simbolizan aún a día de hoy algunas de las heridas que siguen abiertas.

La frase “no te metas en política”, popularizada en tiempos del franquismo, vuelve a sonar con fuerza en esta última década. Un aviso a navegantes por parte de un régimen que cada día ataca con más virulencia y a cara descubierta. Acoso personal, difamación, fabricación de pruebas falsas para tumbar al adversario, y en última instancia ataques frontales a través de la famosa estrategia del lawfare. Intereses económicos confluyen con los intereses políticos, y entre ambos unos medios de comunicación que juegan un papel clave: moldear la opinión pública a su favor, manipulando la información, creando y/o difundiendo noticias falsas con el objetivo de influir en la sociedad. No obstante, hay un aliado igual de importante para conseguir satisfactoriamente estos objetivos: una parte del poder judicial impulsado por el dominio de la derecha. No es casual que el máximo órgano del poder judicial siga aferrándose a su sillón, desprestigiando un pilar clave de la democracia. Todo ello con el apoyo explícito del Partido Popular y de Vox.

La judicialización de la política tiene como consecuencia directa el señalamiento y acoso hacia determinadas personas por el mero hecho de defender unas ideas. El poder judicial no sólo decide sobre el poder político, sino que se sirve de él para alcanzar unos determinados fines. Esto se traduce básicamente en que la fuerza de todo el régimen cae con todo su peso contra ti y los tuyos. Acosan a tu familia –incluyendo a menores– a las puertas de tu casa; te espían con el programa Pegasus que sólo posee el Estado, como en el caso de Catalunya; se inventan causas para protegerse de otras causas criminales como la operación Tándem que vincula a Villarejo y a algunos medios de comunicación –y de paso hacer caer a un vicepresidente–; usan fondos reservados para poner en marcha operaciones de cloaca; te juzgan de forma dudosa sin pruebas objetivas y te condenan, como en el caso de Isa Serra y Alberto Rodríguez, con el fin de criminalizar la protesta. La historia se repite, primero como tragedia y después como farsa.

¿Van ganando? De momento sí. Es más, lo hacen pese a que hoy tenemos el gobierno más progresista de los últimos ochenta años. No digo nada nuevo al recordar que gobernar no significa ostentar el poder. En España quienes mandan son los que se sientan en los consejos de administración de las principales empresas de nuestro país, en connivencia con el poder político y mediático. Tocar, cuestionar o denunciar sus privilegios es causa suficiente para ser señalado. Isa Serra, Alberto Rodríguez, Irene Montero, Teresa Arévalo… por ser de Podemos. Y muchos otros, incluyendo a esta servidora y pasando por actores y actrices como Sara Sálamo, Anabel Alonso o Carlos Bardem, músicos como Ismael Serrano o Zahara Pop, deportistas como Ana Peleteiro, Alberto Ginés o Ray Zapata, periodistas como Cristina Fallarás, Ana Pardo de Vera y un largo etcétera cuyo único pecado es defender unas ideas de izquierda.

Los ataques por parte de los portavoces de la ultraderecha ideológica en medios y en redes sociales son buena prueba de ello. Javier Negre, Alvise Pérez, Eduardo Inda, Toni Cantó, Marcos de Quinto, Macarena Olona, Rafael Hernando o Teodoro García Egea comparten un mismo objetivo: silenciar a todo aquel que cuestione su statu quo: más privilegios para una minoría y menos derechos y libertades para la mayoría. No es un fenómeno marca España, sino que forma parte de un movimiento a nivel global. La oleada reaccionaria forma parte de ese neoliberalismo autoritario cuyo principal exponente era Trump, pero que ha dejado por el camino numerosos fieles como Bolsonaro, Macri, Orban, Le Pen o Abascal.

De lo que se olvidan quienes pretenden vencer promoviendo el odio y el miedo es que a nosotros nos mueven sentimientos mucho más profundos. Nos mueve la esperanza, el amor, la ternura. Y lo más importante es que detrás de esos sentimientos hay muchas mentes y corazones que cada día están más convencidos de que si un día cambia la correlación de fuerzas, el Régimen del 78 tendrá los días contados.

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3 Comentarios

3 Comments

  1. Luis Felipe Sellera Ramos

    8 de octubre de 2021 12:16 at 12:16

    En este claroscuro en el que parecemos habitar es absolutamente necesario no perder pie y ser conscientes de que la Historia no es lineal y preconcebida. Mientras tanto, cualquier persona que desee la transformación social tiene que salir de su zona de confort, organizarse y formarse. No hay otro camino.

  2. mekong --

    8 de octubre de 2021 13:39 at 13:39

    Gracias,Dina!

    Pero me temo que ese día en el que cambie la correlación de fuerzas tardará un par de generaciones, dado el extremo «panzismo» de la minoría ciudadana tan dada al ruído, al odio y la envidia, pero que ostentan tanto poder… ¡Ojalá me equivoque!

  3. Diego

    13 de octubre de 2021 22:25 at 22:25

    ojala esa correlaciónde fuerzas, viniera pronto, pero yo, problemente, no lo vere, aunque me gustaría

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