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Opinión

Borrell y la hipocresía

Marta Flich, la colaboradora “progre” del show de bajezas humanas que es “Todo es Mentira”, retwitteaba el otro día un video de Josep Borrell en campaña electoral para las europeas. Se trataba de una pieza publicada por Adrián Barbón, actual Presidente del Gobierno de Asturias. El gesto de Barbón y el eco de Marta Flich dan cuenta de qué es lo que están queriendo vendernos, cuál es el proyecto que defienden y presentan desde las redes y en los medios.

Y es que Josep Borrell ha soltado varias perlas estas semanas en el Parlamento Europeo. Una de ellas, de corte formal, suele repetirla en todas sus intervenciones en la Eurocámara: invariablemente utiliza el inglés. No es necesario hacerlo, porque hay traductores en la sala sobradamente cualificados para que las intervenciones de los ponentes sean en castellano, pero nuestro mandatario no utiliza esta opción y en esto recuerda mucho a Miguel Arias Cañete: comparten el grandonismo acomplejado de los que mucho presumen y también carecen.

La segunda perla fue cambiar de idioma en el momento en que se refirió a la manipulación mediática. Entonces, usó el castellano para hacer alusión a Sputnik y dejó para otra ocasión las manipulaciones torticeras de aquellos medios de comunicación que, en España, sientan a tertulianos de extrema derecha dándoles hasta el privilegio de la duda razonable y difunden bulos descaradamente, bien lo sabe precisamente Marta Flich.

Pero la mayor de las perlas que soltó Borrell esta semana fue, sin duda, la de vender consejos a los europeos y europeas que para sí no tiene. Todo hay que decirlo: gratuitos. Porque es efectivamente gratuito decirle a la ciudadanía que apague la calefacción y no dependa del gas ruso. Sobre todo cuando lo dice alguien que no ha tenido muchos problemas para pagar las facturas de la luz o el gas.

En España, ya lo comentó Rubén Sánchez, no tenemos dependencia del gas ruso porque importamos esta fuente de energía principalmente de Argelia. Y eso sí, mientras Sánchez Galán, el presidente de Iberdrola, ha llegado a tener beneficios de hasta 36.000 euros al día, a Josep Borrell no se le ha ocurrido en ningún momento decir que eso era, cuanto menos, una sinvergonzonería y un atraco a los bolsillos de la gente común. Al contrario, a escurrir el bulto como buen servidor de la oligarquía. No en vano, estamos hablando del político que iba para director de banca. Que la memoria es imprescindible para todo, mucho más en política.

Y es que Josep Borrell es Alto Representante de la Unión para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad desde diciembre de 2019, pero antes ocupó sendos cargos públicos. Cuando yo nací, Borrell ya era secretario general de Presupuesto en el Ministerio de Economía y Hacienda bajo la presidencia de Felipe González. A mis dos años de edad, Borrell ya había sido nombrado Secretario de Estado de Hacienda y, antes de yo cumpliese diez años, él ya formaba parte del Consejo de Ministros dirigiendo la cartera de Fomento y Transportes.

Quedaban tres días para mi 16 cumpleaños cuando Josep Borrell ganó las elecciones internas del PSOE para ser candidato a las generales del 2000. Lo recuerdo perfectamente porque mi padre todavía militaba entonces en el partido y aún conserva el carnet. Un carnet con el rojo descolorido que  suma muchos años. En él reza que la aspiración del Partido Socialista Obrero “es la transformación de la propiedad individual o corporativa de los instrumentos de trabajo en propiedad colectiva, social o común”. Sí. Da para unas risas.

Josep Borrell es el tipo que sonríe a la extrema derecha en aras de la institucionalidad y habla con grandilocuencia del bipartidismo como necesidad consustancial a la gobernabilidad y al Estado de derecho. Es el tipo capaz de blanquear la corrupción política saliendo por peteneras cuando sus excolaboradores son investigados por Anticorrupción pintando la fuga como si de un mártir por la revolución de la regeneración política se tratara.

Definitivamente, es el tipo que sobrevive a los escándalos porque el cinismo lo lleva en el cuajo. Y es que sólo los cínicos son capaces de estar 50 años saltando de cargo en cargo público, surfeando las olas de los principios gracias a la máxima de: estos son los míos y, si no le gustan… ya los voy cambiando sobre la marcha. Que una cosa es el materialismo dialéctico y otra la caradura. ¡Ay, si Pablo Iglesias levantara la cabeza y viera en qué han dejado estos petulantes su legado…!

Pero lo que resulta más lamentable de todo es que después de medio siglo en política las únicas recetas del super diplomático del PSOE hayan sido: sanciones a Rusia, que pagará el pueblo ruso y el europeo; armar a la población civil ucraniana, que sólo alargará el sufrimiento y el dolor de esta guerra; y el consejito de marras de cortar el gas y bajar el consumo de electricidad. Que es una desfachatez. Sin ambages. Al menos, antes le quedaba algo de brillo a su discurso. Ahora ya, ni eso.

Necesitamos dirigentes capaces de tomar las medidas oportunas en los momentos decisivos. Toca llamar a las cosas por su nombre pero, especialmente, toca cortar el grifo de los beneficios de las grandes eléctricas. Pero claro, eso no lo va a hacer Borrell que lleva cincuenta años como superviviente en política y a quien sólo se le ocurre ir dejando pasar los días conforme el sol caliente, o no. Porque cuando venga la oscuridad o el frío, Borrell es de los que piensan que mientras él esté caliente ya el pueblo, si eso, que apague la luz, que pase frío y que se contente con la hipocresía de los que, como él, llevan en el chollo toda la vida.

Estefanía Torres
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1 Comentario

1 Comentario

  1. jkgijktuj

    12 de marzo de 2022 13:56 at 13:56

    Borrell hace y dice lo que le manda el Imperio, si no lo echan y dejaría de cobrar el sueldazo oficial (el no oficial, no se) de 30.000 euros al mes, desvergonzado, no sé cómo tienen cara de salir diciendo tonterías, con la miseria que hay en España y usted gana 30.000 euros al mes por decir mentiras!!

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