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Opinión

Cambiar Madrid

Jaime tiene 34 años. Hace poco ha sido papá de un pequeño precioso. Su mujer Beatriz ha tenido que dejar de trabajar para quedarse en casa a cuidar de él. No han conseguido una plaza en una escuela infantil pública. No me extraña, porque en Madrid sólo hay nueve escuelas infantiles públicas. Nueve. Jaime vive al lado de mi casa y nos conocemos desde hace varios años. Su mirada es de resignación, como la de Beatriz, de 28 años, que hasta hace nada era feliz en una empresa de transporte. Ha tenido que renunciar a su puesto. El modelo de familia que tanto defiende el Partido Popular. Menuda broma.

Juan trabaja en uno de los centros de atención a la Infancia que el Ayuntamiento ha privatizado. El fondo buitre que se ha hecho cargo de la gestión de este servicio tan fundamental en Madrid le ha rebajado el sueldo casi un 40% anual. Sigue en lucha. Yo le he acompañado en alguna manifestación. Cuánta dignidad junta. Contigo siempre. A Juan le conozco desde los años en el colegio. Su mujer, Isabel, trabaja de enfermera, y no hay día que me cuente lo mal que están en su hospital. El día que se enteró de mi candidatura me envió un mensaje que me removió por dentro: “Por favor, Rober, haz que esto cambie. Por favor”. Perdona Isabel por reproducirlo hoy, pero te prometo que haré todo lo que pueda. Te lo prometo.

José Cano supera los ochenta años. Es toda una institución en el madrileño barrio de Canillejas, y conocido por celebrar todos los años desde hace décadas la conocida Carrera Popular del barrio. Tiene una Agrupación deportiva en la calle Alcalá que gestiona su hija Adriana desde hace varios años. Más de 20.000 metros cuadrados destinados a ofrecer actividades deportivas a los chavales del barrio, castigado por las casas de apuestas que el Ayuntamiento de Madrid ha permitido durante la última década. El terreno es público, pero ahora el ayuntamiento quiere quitárselo para, imaginen, sacarlo a concurso público después de décadas de trabajo y dárselo probablemente a una empresa de gimnasios privados y acabar así con una forma de entender el deporte de barrio que tanto ha hecho por la integración en la zona. He prometido que si algún día llego a ser alcalde esto no se va a perder. Lo he prometido. Te lo prometo Jose.

Mi amigo Jorge es sastre, y trabajó conmigo en lo peor de la pandemia en un supermercado para dar servicio a los vecinos de Madrid. Turnos de 8 horas con un nivel de ansiedad tremendos mientras llegábamos a casa y veíamos en televisión que todos los días morían 1000 personas. Cuando conocimos la noticia de que dos comisionistas se llevaron 6 millones de euros a través del primo del alcalde, Jorge me escribió un mensaje: “Qué sinvergüenzas, tío, no hay derecho, con todo lo que hicimos”. Ayer me despedí de él en el trabajo y me pidió, expresamente, que si pudiera, hiciera justicia a tanta indecencia. Nunca olvidaré aquellas semanas de trabajo y dignidad que tanto nos unieron amigo mío, te hice una promesa y Madrid merece justicia.

Luis es panadero, mi panadero del barrio de siempre. Hijo de clase trabajadora de toda la vida. El miércoles pasado me pasé a verle. “El barrio está cada vez peor Rober, la gente joven se está marchando”. Tiene la mirada triste, está resignado. Pero las cosas se pueden cambiar Luis, no te des por vencido. Cuando sonríe recuerdo los años en los que jugábamos en las canchas del barrio de pequeños. Aquellas canchas que hoy han desaparecido, no existen. Los barrios están abandonados, me pregunto dónde jugarán ahora los niños y niñas del lugar.

Inma tiene un bar, siempre tomo café allí por las mañanas. “Mira cómo está la calle Rober, está repleta de mierda, aquí nunca vienen a limpiar!” lo cierto es que en esa calle llevan ya una semana sin llevarse la basura. Da vergüenza ajena. Algunas aceras están levantadas, los adoquines levantados. Parece mentira, es una imagen propia de los años setenta. No nos merecemos esto.

Sara trabaja en una asociación de ayuda solidaria en el barrio de Carabanchel. “Ni una subvención en lo peor de la pandemia, Rober, nunca lo olvidaré”. Yo tampoco Sara. Y nunca olvido el trabajo que desarrolláis para la gente más necesitada.

Resignación y tristeza. Barrios condenados por una gestión inhumana, impropia de quien tiene la obligación de cuidarnos. Sara, Juan, Jaime, José, Inma, Beatriz, Luis, Jorge, no bajéis la cabeza. No os resignéis. No sois los invisibles, sois lo más bonito de esta ciudad, porque Madrid sois también vosotros. Yo sueño con otro Madrid, y si yo lo imagino, vosotros también. Un Madrid abierto, justo, plural, con servicios públicos decentes, con sueldos dignos, con oportunidades para todos y para todas. Un Madrid para la gente, en donde nadie se quede atrás, sin desigualdades, sin comisionistas inmorales. No bajéis la cabeza, porque otro Madrid es posible. A vosotros os dedico este artículo, a vosotros os pido que no os resignéis nunca más, porque la peor lucha es la que no se hace. Porque cambiar Madrid es posible. Claro que lo es.

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