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Opinión

Con derechos y sin hipocresías

Convendría recordar episodios tan bochornosos como el ofrecido ayer en el Congreso por una diputada de la extrema derecha para cuando se repita hasta la saciedad que la vida política en este país está muy polarizada. No estamos ante dos extremos políticos enfrentados que utilizan la violencia política. Esa violencia, tal como se advierte en ocasiones como estas, la siembra una derecha cada vez más asilvestrada, a juego con los medios de comunicación que la espolean.

Esa individua acusó a la ministra de Igualdad de defender a los violadores y excretó sobre Irene Montero el más deleznable y enfangado de los vómitos, incubado en los fangales del machismo más retrógrado, dejando bien clara la identidad de su partido respecto a la consideración que le merece la mujer como ciudadana y también quien desde su departamento está llevando adelante una de las mejores gestiones ministeriales en pro de sus derechos.

La enérgica réplica de Irene Montero, haciendo valer esos derechos para enfrentarse al fascismo, puso en pie los aplausos de todo el hemiciclo, salvo los de la parte ofensora y quienes desde el Partido Popular (PP) estarán siempre dispuestos a colaborar con ella para gobernar hacia atrás allá donde cuadre. El silencio de los diputados y diputadas del PP es equiparable en bochorno a la propia intervención de la diputada ultramontana, sobre todo si se lo compara con la actitud que cualquier partido conservador europeo tendría en una circunstancia similar.

Ese silencio me recuerda en cierto modo la reacción de ciertos columnistas y tertulianos integrados en lo que últimamente se ha venido en llamar progresía mediática, que si bien hoy critican la desvergüenza de la diputada de Vox, sostuvieron no hace mucho en algunos de sus artículos que a Irene Montero “la maneja el macho alfa” y se muestran muy tolerantes con el basural de inmundicias que desde el canal de Berlusconi supura el conocido programa matinal de una afamada presentadora.

Deberíamos confiar en que intervenciones tan aberrantes como la de esa diputada retrógrada contribuirán a incrementar el decaimiento de su partido en las encuestas, pero eso posiblemente no ocurra mientras la hipocresía campe entre la progresía mediática y la extrema derecha tenga manga ancha en los medios públicos de comunicación.

Solo se puede ser demócrata siendo antifascista, y en este país, incluso desde la dirección de la televisión pública estatal, se está muy lejos de esa filosofía, algo de todo punto ininteligible e imperdonable en la gestión del actual ejecutivo.

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