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El Megáfono

Cowboys con toga

Que Estados Unidos no es ejemplo para prácticamente nada en las últimas décadas creo que es un hecho palmario para muchas y muchos que no necesita demasiada explicación. Su indefendible política internacional imperialista que nos ha arrastrado a guerras como la de Irak o como a la actual guerra de Ucrania; su capitalismo salvaje y corporativo que ha financiarizado la economía global en beneficio de unos de las élites norteamericanas con el beneplácito y la complicidad de las élites europeas; su nula voluntad de afrontar el cambio climático pese a ser uno de los estados más contaminantes del planeta; su nula protección social; su racismo institucional homicida... A éstas y otras manifestaciones de sus profundos desequilibrios ahora hemos de sumarle un sistema judicial, y su máximo intérprete el Tribunal Supremo, como un descarado agente al servicio de la ultraderecha más rancia y reaccionaria.

El sistema judicial del país de la Estatua de la Libertad le ha arrebatado el derecho al aborto a las mujeres porque el cuerpo de las mujeres no les pertenece a ellas sino a todos y especialmente a los jueces; permiten la vuelta de legislaciones de tiempos remotos para que se puedan portar armas en público como irracional medida para conseguir erradicar la violencia y los tiroteos; la policía, con la complicidad de los jueces, institucionalizan el racismo, la persecución racial y hasta el asesinato; y lo último ha sido un golpe judicial a la Agencia de Protección Medioambiental estableciendo que no tiene autoridad para limitar la emisión de gases pese a ser una medida que juzgan como razonable.

Esta justicia responde a un modelo en el que triunfan las tesis de la ultraderecha y de esa parte del país, los EEUU profundos, que se ha sentido derrotada por las últimas décadas de neoliberalismo pero que sin más análisis crítico se ha arrojado a las fauces de tipos como Trump. Y este sistema, sobre todo por lo brutal y reaccionario del movimiento, es un buen ejemplo de que el poder judicial es un poder político y de que debe tener control político, ya sea parlamentario, ciudadano o de ambos tipos.

Y es que la definición clásica de la separación de poderes, de aquellos poderes políticos que ostentaban los monarcas absolutos y ostentan los dictadores, nos remite a tres poderes: legislativo, ejecutivo y judicial. Esta sencilla distinción nos dice ya que lo judicial es política, que los jueces al dictar sentencia hacen política y que, aunque se declare independiente el sistema judicial éste siempre responde a un criterio político general y, por desgracia para el pueblo, no suele ser a nuestro favor. Aquí hemos podido comprobar como el sistema judicial y algunos de sus operadores han puesto trabas a la investigación de la corrupción o han dictado sentencias en favor de las entidades de crédito pese a la flagrante contradicción del criterio judicial europeo: somos de la UE hasta que tocan a nuestros poderosos. Por contra, se han hecho famosas sentencias que condenan duramente a una madre que compró pañales con una tarjeta encontrada u otras que condenan a activistas por patear policías...

En fin, que debemos mantener la guardia alta frente al poder mediático y judicial especialmente cuando se declaran neutrales o independientes porque, como sabemos, ni lo mediático es neutro ni lo judicial es apolítico, es más, totalmente al contrario, lo mediático así como lo judicial es tanto o más político que lo legislativo. Es bien sabido que el PP ha hecho y deshecho lo que le ha dado la gana con los tribunales y con la fiscalía (esto la fiscalía nos lo afina, decía el ex-Ministro del Interior Fernández Díaz del gobierno de Rajoy).

Aquí, el PP se niegan a renovar los órganos del poder judicial como exige la Constitución que tanto dicen defender (y no defienden).Para mantener viva la democracia debemos poder controlar que funciona adecuadamente el poder político judicial, que se ajusta a la voluntad popular y a la Constitución para que no pase como en EEUU y los tribunales nos roben los derechos que la sociedad exige y que tanto esfuerzo nos han costado conseguir.

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