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Opinión

Cuatro apuntes rápidos sobre las elecciones en Brasil

  1. Lula da Silva, pese a todo el proceso de persecución política, mediática y judicial, no sólo ha conseguido sobrevivir, sino que ha vuelto para quedarse y convertirse a día de hoy en la única alternativa capaz de derrotar al bolsonarismo, con todo lo que ello supone para el conjunto de la región latinoamericana. Sin embargo, el nuevo contexto invita a actuar con prudencia y audacia. La movilización va a ser un elemento clave.
  2. Pese a que las encuestas auguraban una posible victoria en primera vuelta, los resultados de anoche evidencian que el bolsonarismo tiene una base social sólida caracterizada por un marcado autoritarismo social (no es verdad que solo le voten los ricos o personas que se identifiquen con posturas fascistas). Por tanto, el elemento sociológico nos invita a pensar que se trata de una base social transversal que ha conseguido conectar con el factor “moral”, un factor muy movilizador. Es importante detenerse aquí, porque ello explica –junto a otras variables– el fracaso del lulismo en la última década. Un ejemplo de esto se explica por el hecho de que cuando se le preguntaba a la gente en la calle cómo había conseguido salir de la pobreza en Brasil, muchos no lo asociaban al plan “bolsa da familia” puesto en marcha por Lula y que consiguió sacar de la pobreza a millones de brasileños. La respuesta de muchos era: “conseguí salir de la pobreza gracias a Dios” o “conseguí salir de la pobreza gracias a mi esfuerzo”. Esto es así en tanto en cuanto los pobres y las clases trabajadoras son dos entes diferentes, tal y como explica el sociólogo y portavoz del primer gobierno de Lula, André Singer. Los pobres forman parte de la clase trabajadora, pero son una fracción (el denominado subproletariado). Este sector es el más vulnerable de todos y carece de “ciudadanía laboral”, por tanto no se ven interpelados por la cuestión de ampliación de derechos sociales o laborales ya que viven de un mercado informal y no se reconocen en la tradición “lucha de clases”. Son un colectivo fuertemente anclado a una visión moral de la sociedad. Así pues, el factor moral y cómo se autopercibe el denominado subproletariado explica (en parte) el hecho de no haber conseguido afianzar socialmente los logros del gobierno de Lula, pero también tiene que ver con el papel que han jugado los medios de comunicación en desgastar, golpear y apoyar el proceso de persecución que sufrió Lula y que le llevó a estar condenado y encerrado durante más de 500 días en la cárcel de Curitiba. A día de hoy, nadie ha pedido perdón por ello.
  3. Sobre el lawfare, no sólo nadie ha pedido perdón, sino que el principal actor de esa operación, el exjuez que lideró la persecución política, mediática y judicial contra Lula, fue ministro de Justicia con Bolsonaro en enero de 2019. Hoy ha sido elegido senador por el estado de Paraná.
  4. Mientras en nuestro querido país, concretamente en la tele pública, nos intentan convencer de que Lula y Bolsonaro son los candidatos del odio en un país con mucha polarización, lo cierto es que el papel blanqueador de los medios ha sido determinante para descafeinar y blanquear el discurso y las políticas de odio puestas en marcha por Bolsonaro. Políticas reales de recorte en derechos apoyadas en nuevas formas de “agit-prop” difundidas a través de las redes sociales y las plataformas con el objetivo de crear una conciencia basada en el miedo y el odio. En este sentido, ayer mismo la candidata trans Duda Salabert tuvo que ir a votar con un chaleco antibalas después de haber recibido 9 amenazas de muerte durante la campaña. Nada sorprendente, puesto que también asistimos por desgracia a la muerte de dos simpatizantes del PT en plena campaña. Con todo ello, la segunda vuelta que se prolonga hasta el 30 de octubre estará marcada por el intento por parte del bolsonarismo de seguir agitando las calles con su ya tradicional discurso de odio, con el miedo como agente movilizador, y quizás se llegue incluso a la posibilidad de impugnar el proceso. ¿Será capaz el lulismo de ampliar su propia base social movilizando a un electorado que tiempo atrás consiguió salir de la pobreza y que hoy, precisamente por culpa de Bolsonaro, ha vuelto a los márgenes de la sociedad? ¿Ganará la democracia al lawfare? ¿Se sentirán las clases trabajadoras brasileñas interpeladas por este proyecto de justicia social con más derechos y libertades liderado por Lula?
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2 Comentarios

2 Comments

  1. Century

    3 de octubre de 2022 12:38 at 12:38

    Lula se ha quedado a muy poquito de ese 50% necesario para no ir a una segunda vuelta… tal ver por eso estemos de bajón, pero vamos por delante y vamos a ganar a finales de mes.

  2. mariano tomas Fuentes Alvaro

    3 de octubre de 2022 13:04 at 13:04

    No era fácil, pese a las encuestas, que Lula se hiciera con el gobierno y lo mismo ocurre para la segunda vuelta.Un 30% de evangelistas, mayormente pobres e incultos y adoctrinados por la derechona más muchos, demasiados,milicos ultras y ciudadanos de alto nivel econömico que temen que les toquen el bolsillo y unos medios de comunicación parecidos a los de aqui y sin olvidar la influencia del gran vecino de «arriba», los USA. Todo ello no va a poner fácil lo de que Lula salga ganador. Ojalá no sea así.

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