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Opinión

De una venta “ganga” a los sobornos del caso ODEBRECHT: la historia negra de REPSOL en el Perú

El derrame de seis mil barriles de petróleo sobre el mar peruano producto de una mala operación de descarga de combustible en La Refinería de La Pampilla, en el distrito de Ventanilla, al norte de Lima, ha ocasionado daños no solamente ambientales y ecológicos, sino también, ha acabado por “tirarse al suelo” la poca credibilidad y reputación de la empresa española REPSOL.

No solo por lo desafortunado de las primeras reacciones, como reportar ante la fiscalía que la mancha de petróleo ocupaba 2,5 metros cuadrados y que se habían derramado siete galones de crudo”, afirmación que al cabo de unas horas, se comprobaron que eran falsas y que lo único que buscaban era el de tratar de ocultar la magnitud del daño ocasionado.

Pero esto es solo la cereza del pastel, ya que este tipo de conductas “irregulares” y prácticas empresariales corruptas de REPSOL en el Perú, se remontan al año de 1996, en el gobierno de Alberto Fujimori, y se extienden hasta el presente, ahora con la hija del ex dictador peruano Keiko Fujimori. Veamos

El remate de La Pampilla

Petro Perú era una de las empresas más importantes del país y que producía utilidades anuales, no había razón para que el Estado se desprendiera de uno de sus principales activos. Comprendía a La Refinería La Pampilla, el Lote 92, La Refinería de Talara, la red de distribución como grifos e infraestructura y unidades de soporte.

En 1994, la empresa arrojó utilidades de 250 millones de dólares, era la empresa más rentable del Perú y los precios eran mucho menores a los actuales sin estar subsidiados” dijo Daniel Saba, ex integrante del primer Comité para la Privatización de Petroperú según  refiere el diario La República.

El festín neoliberal acabo descuartizando la principal empresa estatal de petróleos, que fue vendida a pedazos a capitales chilenos Lipigas-Codigas y españoles como REPSOL. En ambos casos, asociados a capitales peruanos como el grupo Graña  y Montero y el Grupo Wiesse.

Parel Ing. Gonzalo García, ex director del Banco Central de Reserva, y conocedor del tema de la privatización de las empresas estatales, La Refinería de La Pampilla que opera REPSOL la vendieron a  un precio subvaluado, una “ganga” , casi un regalo si se tiene en cuenta el nivel de ingresos generado ulteriormente por el consorcio comprador.

“Descuartizaron Petroperú para luego vender la refinería La Pampilla al consorcio formado por REPSOL España, YPF Argentina, el fondo privatizador (Privatisation Fund) y sus socios peruanos, que ya en propiedad de la empresa, a su vez, luego revenden su participación al grupo español. ¡Todo un negociazo!”.

La participación de los grupos peruanos también ha servido para acercar y ofrecer el patrimonio del Estado al capital privado internacional, a los negocios que se han hecho a partir de tener “operadores” dentro del aparato estatal, o lo que algunos llaman la “puerta giratoria” del modo comisiones de privatización, para pasar negocios desde la empresa privada al sector público y viceversa, según los intereses a los que se defienda.

El caso ODEBRECHT y REPSOL

Finalmente, está lo declarado a la fiscalía anticorrupción peruana por el ex hombre fuerte de ODEBRECHT en Perú, Jorge Barata, sobre la participación e injerencia de la empresa española REPSOL en las elecciones presidenciales del año 2011.

Barata declaró que REPSOL participó en una reunión organizada por los directivos de la Confederación Nacional de Instituciones Empresariales Privadas (CONFIEP), entre ellos su presidente Ricardo Briceño, donde se acordó otorgar dos millones de dólares no declarados para apoyar la candidatura de Keiko Fujimori.

“La idea era impedir que un gobierno de izquierda ganara las elecciones en Perú, lo que sería perjudicial para el sector empresarial” señaló Barata a la fiscalía peruana, y que acabó involucrando también a la empresa española Telefónica.

Estas actuaciones y comportamientos empresariales aún están en investigación en la justicia peruana, pero es innegable que las afirmaciones de Barata son manchas negras tan trágicas como las que ahora mismo recorren el mar peruano.

 

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