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El Megáfono

Desde Roma, discursos contra la mujer

La segunda guerra púnica sumió a Roma en una grave crisis económica. Hambre en el pueblo y extracción de la riqueza popular para dedicarla a la guerra. Todo un clásico. En el año 215 a.C. Roma instauró la Ley Opia prohibiendo a las mujeres (matronas especialmente) exhibir sus joyas y ponerse vestidos coloridos. Las joyas y el color, símbolo de riqueza, podían enervar a un pueblo exprimido. Pobres y mujeres, pobres y ricas, sufriendo los estragos de la guerra de los hombres.
Pues bien, esta ley, de espíritu temporal y excepcional, se tornó en tradición y se perpetuó más allá del fin de la guerra (201 aC.). Las matronas, cansadas ya de estas restricciones de vestimenta y adorno, comenzaron unas protestas en una de las primeras manifestaciones de mujeres registradas históricamente (195 a.C.). Podría decirse que hicieron el primer escrache a un político, a Catón.

Ser un catón, según la RAE, es ser un censor severo. Esta es la fama que el político romano forjó y que llega hasta nuestros días. Pues bien, he aquí la respuesta de Catón ante las manifestaciones de las matronas:

"Si cada uno de nosotros, ciudadanos, hubiese aprendido a mantener su derecho y dignidad de marido frente a la esposa en su propia casa, tendríamos menos problemas con todas las mujeres..." (Como las mujeres no eran interlocutoras válidas, este antiguo señoro se dirige a sus maridos, a esos pichascortas incapaces de someter a sus mujeres). Y sigue: "Ahora nuestra libertad (la masculina claro) vencida en casa por la insubordinación de la mujer, es pisoteada y despreciada incluso aquí en el foro..." (Ahora es la malévola Ministra de Igualdad Irene Montero, o Yolanda Diaz, o Ione Belarra o Ada Colau, las insubordinadas que han asaltado los foros y parlamentos con mensajes de protesta y propuesta) "...y puesto que no pudimos controlarlas individualmente, nos aterrorizan todas juntas". (Entonces aún no habían existido los nazis y no habían podido inventarse el término feminazi, pero en esencia es lo mismo, aterrorizaban a los hombres con su incipiente propuesta feminista).

Después Catón continúa diciendo que los antepasados (muy machos) no querían que las mujeres se gobernaran en sus asuntos privados, siendo siempre tuteladas por padres, maridos o hermanos, y que habían llegado ahora al indecente punto de intervenir hasta en los asuntos públicos. ¡Qué locura, hasta ahí podíamos llegar! ¡Y que decidieran ellas que ropa ponerse! Hoy juzgan a las mujeres violadas o acosadas sexualmente por la longitud de su falda o lo pronunciado de su escote... Y acababa preguntándose "si las mujeres consiguen esto (derogar la Ley Opia) ¿Qué no intentarán?... Desde el momento que empiecen a ser iguales, serán superiores."

Como podemos ver, han pasado 2200 años pero el discurso de los catones, de los hombres censores, de los que se creen dueños de las mujeres, de machirulos, machitos y machistas, no ha cambiado mucho, si acaso han modernizado algún termino. Podemos ver ya ese miedo a perder privilegios, ese miedo a tratar con mujeres libres e iguales, esa falacia de que las oprimidas se convertirán en opresoras.

Contra un discurso que lleva toda nuestra historia "civilizada" luchan nuestras compañeras, luchamos. Contra ese viejo discurso del hombre debemos luchar también los propios hombres, contra todas esas veces que sin darnos cuenta caemos en un mantra, costumbre, topicazo o cuando cae otro hombre ante nosotros o cuando otros ríen gracias machirulas. Porque tergiversando un poco las palabras de Catón, "desde el momento en que seamos iguales" tod@s seremos mejores.

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