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Internacional

El Brasil de la esperanza

A espera de que vayan llegando los resultados electorales de Brasil (habrá ampliación de esta nota) dejamos algunos apuntes sobre el momento político que vive el país de la mano de Lula

El Brasil de la esperanza
Fotografía: Ricardo Stuckert

Este domingo 2 de octubre se convertirá, a partir de ahora, en un día histórico para Brasil, donde 156 millones de brasileños tuvieron entre sus manos el poder de expulsar a la extrema derecha de sus instituciones a través de la votación y colocar en su lugar al obrero del metal, sindicalista y político Luiz Inácio Lula da Silva, el candidato del Partido de los Trabajadores (PT) como nuevo presidente del país.

La victoria de Lula se ha mantenido a lo largo del tiempo como uno de los resultados previsiblemente más claros, según han ido revelando las encuestas que desde hace meses no han cuestionado la victoria del expresidente. Y es que la realidad ha demostrado que desde que el líder del PT recuperó sus derechos políticos en 2021 -después de que la Corte Suprema anulara los cuatro juicios que cursaban contra él- no ha habido sondeo que no le haya puesto nuevamente en la presidencia del país doce años después. Por este mismo motivo, estas elecciones han estado fuertemente marcadas por la polarización, la desinformación y la manipulación mediática, centrando la campaña prácticamente al completo de Jair Bolsonaro, en cuestionar el sistema electoral brasileño y en recordar a la población el pasado con la Justicia de su rival. 

El lawfare contra Lula marcó un antes y un después en el país. Tal y como él explicaba:  “Tuve 13 horas diarias, solamente en el canal de televisión más importante, hablando mal de mí, y 59 portadas de las principales revistas brasileñas y más de 680 primeras páginas de periódicos hablando mal de mí”. Así, hacía también hincapié en que el fin de esa persecución consistía en crear las condiciones para que la sociedad se posicionara, para facilitar el trabajo del juez, “porque cuando la cuando la opinión pública condena, es muy fácil que el juez dé el veredicto”. Gracias a ello, Bolsonaro, logró hacerse con el poder del país en 2018 y ahora, esperaba que la estrategia le funcionara de nuevo,  insinuando que si el expresidente regresaba al poder iba a dar comienzo a una  persecución de líderes religiosos y el cierre de iglesias, llevando el bulo hasta la Asamblea General de las Naciones Unidas, celebrada recientemente en Nueva York, donde se mostró dispuesto a acoger a los religiosos católicos perseguidos allí. 

No obstante, y a pesar de haber amenazado en varias ocasiones que no reconocerá los resultados -como ya hizo Donald Trump en Estados Unidos tras perder las elecciones generales contra Joe Biden, impulsando un ataque de grupos radicales al Capitolio- los Soldados del Ejército ya han asegurado que darán las votaciones por válidas, alegando que no hay razón para no creer en el resultado de las máquinas de votación electrónica, “mientras no se demuestre lo contrario, son seguras y el resultado es confiable”, aseguraban, tranquilizando a la población y contribuyendo a descomprimir un ambiente electoral tenso.

En este caso, la historia juega a favor de Lula y es que Brasil vivió uno de sus periodos más prósperos coincidiendo con su gobierno entre 2003 y 2010, cuando consiguió sacar de la pobreza a 30 millones de personas y llevó a cabo políticas sociales que generaron empleo, redujeron las desigualdades y mejoraron la calidad de vida de una gran parte de la ciudadanía. Durante esta nueva etapa política, ha prometido combatir la crisis económica y el estallido de la inflación con políticas de impulso del consumo y una nueva reforma fiscal que permita un impuesto a las grandes fortunas. La nacionalización completa de la eléctrica Eletrobras; la creación de un plan de obras públicas para generar empleo; así como las políticas de protección ambiental, salud, educación y defensa de la selva amazónica; la posibilidad de implementar una renta básica para todos los ciudadanos, sin importar ingresos ni si tiene o no empleo; y la detención de la minería ilegal en las reservas indígenas, además del reconocimiento de sus reclamos territoriales: “Nadie hizo más por los pueblos indígenas que el Partido de los Trabajadores, y ahora todo ha sido desmantelado por este gobierno sin escrúpulos”.

En palabras del politólogo y jurista Daniel Zovatto: “Es mucho lo que está en juego en estas elecciones. No se trata solo de renovar los mandatos populares sino también reafirmar la confianza en el proceso electoral -como la única vía legítima de acceder al poder- y del propio régimen democrático”.

 

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