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Opinión

El consentimiento es democracia

La tentación de caer en la trampa autoritaria es algo inevitable en este sistema que nos gobierna. Lo es, aunque no sea aceptable. Tomar el voto como un pretexto para gobernar, en lugar de entenderlo como un mandato, es la esencia del autoritarismo franquista predominante en los políticos del statu quo de la Transición. Un sector no menor del gabinete socialista, que administra importantes áreas de la gestión ministerial actual, encaja en este perfil.

Debería promoverse la discusión política sobre la legitimidad de la autoridad y los derechos que ésta reclama sobre los ciudadanos, en particular cuando no respeta los compromisos asumidos. En particular, por las decisiones extraparlamentarias en relación a la implicación en el conflicto de Ucrania y el abandono de la defensa del derecho del pueblo saharaui. Ambos, son dos claros casos de la ausencia del consentimiento parlamentario. Ello, en razón de que las Cortes son la fuente de la legitimidad del sistema democrático español. Al menos, eso se pensaba.

Respetar el contrato social que se establece durante la campaña electoral y se asume con la investidura es, según el jefe de gobierno, un ejercicio infantil sólo aceptado por ingenuos. Esto supone por parte de la institución política el priorizar los intereses de los poderosos grupos minoritarios, aún a costa de lesionar el interés de las mayorías. Eso, como principio, es un quiebre del consentimiento adquirido durante las investiduras.

El consentimiento, como referencia, es un concepto jurídico que hace mención a la exteriorización de la voluntad entre dos o varias personas para aceptar derechos y obligaciones. Del equilibrio entre ambos surge la esencia de la democracia. En la ética de la práctica política, esa interacción debe respetarse. Por tanto, puede tomarse como referencia que el principal marco de actuación sea el Derecho Civil y, en especial, el Derecho de Obligaciones y de Contratos. Allí, el consentimiento desempeña un papel fundamental en el marco de la autonomía de la voluntad.

Por ello, el consentimiento será la voluntad acorde de las partes. El libre ejercicio del voto ciudadano supone un mandato hacia los representantes elegidos. Actuar como lo hizo el jefe del Estado Juan Carlos de Borbón, por mandato del dictador, en ocasión de la Marcha Verde marroquí, es un nuevo agravio a la democracia y una mancha en la calidad democrática del gobierno Sánchez.

De aquí que este concepto sea básico para gobernar con un nivel de legitimidad aceptable en democracia. El consentimiento es indispensable para llenar de contenido la noción de obligación política y para fundar la legitimidad del estado.

La manifestación de la voluntad de los ciudadanos como antecedente para la formación y justificación de las decisiones institucionales, destaca la importancia del consentimiento como fundamento de la autoridad. Su importancia radica en que, cuando las personas, a través de sus representantes, prestan su consentimiento, la autoridad y sus decisiones pueden ser asumidas como compromisos comunes y, por ello, son legítimas. Los regímenes autoritarios actúan contra el consentimiento ciudadano.

Es decir que, actuar con ligereza en esta materia, es abrir las puertas al autoritarismo y a la discrecionalidad. Dicho de otra forma, es inocular a la estructura institucional con el virus de la corrupción política, económica y social. Males abundantes en la vida institucional española.
No debe tomarse a la ligera. El consentimiento es piedra angular de la acción política.
Este gobierno lo ha incumplido.

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