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Opinión

El imprescindible paso de la reforma laboral

Soy hija de la indignación permanente. Creo, de hecho, que nací cabreada con el mundo. Con tener un padre y una madre que tenían que trabajar de sol a sol y eso les impedía hasta pasar las tardes en la playa conmigo, nunca, ni un solo día. Con estudiar una carrera que se quedó en papel mojado para el mercado laboral de mi país. Con estar sobre formada y verme cerca de los cuarenta años, de nuevo, en la casilla de salida, simplemente por el hecho de ser honesta y consecuente con lo que pienso y defiendo.

Cabreada con la injusticia social, con los desequilibrios territoriales, la despoblación, el abandono y el desprecio a mis orígenes culturales. Cabreada con el hecho de que las mujeres tengamos que demostrar siempre dos veces nuestra valía, justificar siempre el doble por qué tenemos carácter, pelear siempre al cuadrado por lograr que se nos tome en serio… Cada día, todos los días.

Por supuesto que vivo indignada. Y esa indignación siempre me ha hecho contestar a todo desde la defensiva. Es difícil ser propositiva cuando tu educación política, cuando tu propia evolución personal, nació ya en las mayorías absolutas del Partido Popular de José María Aznar.

Estos días no dejo de pensar precisamente en aquellos años. Aznar fue un tipo que nunca tuvo más proyecto para España que liquidarla y repartir las ganancias entre los mejores postores. Aceleró todas las liberalizaciones iniciadas por el PSOE de Felipe González y convirtió este país en el suelo ideal para la especulación. Eso por no hablar de la guerra ilegal a la que nos llevó, de la involución en derechos civiles, el desmantelamiento de la educación pública, y tantas otras perlas.

Vivíamos permanentemente cabreados. Como para no estarlo. Una indignación que no cesó con Zapatero, que a pesar de haberse planteado como una esperanza de transformación social para España, siguió la senda del retroceso en derechos laborales y, finalmente, cometió el peor de los errores: pactó con el PP, en agosto, con nocturnidad y alevosía el cambio del 135 de la Constitución anteponiendo el pago de la deuda al sostenimiento de los servicios públicos.

Como bien sabe cualquiera que me lea, este último gesto provocó que mucha gente que ya estábamos cabreada y otra que empezó a estarlo entonces saliéramos a la calle. No sirvió de mucho en primera instancia porque ganó de nuevo el Partido Popular. Y de aquellos polvos, tenemos estos lodos.

El empleo temporal es una de las principales características del modelo con el que hemos crecido muchas de las personas que hoy podemos votar. Tal vez, por eso, somos conscientes de lo que supone que un pequeño gesto pueda terminar con la inestabilidad. Y es que es la primera vez en 40 años que se aprueba un Decreto en cuestiones laborales que mejora las condiciones de los trabajadores.

En cuarenta años. Que se dice pronto. Que se trata de toda una vida (en este caso, la mía, que los cumplo en abril), pero también se trata de muchas oportunidades perdidas para varias generaciones. Durante largos años se negaron las aspiraciones de estabilidad y proyectos vitales a la juventud, de soñar simplemente con construir el hogar que queríamos donde nos diese la gana y con quién quisiéramos. Lo hemos vivido en nuestras carnes, algunas en primera persona. Por eso resulta difícil que se trate de explicar como una cuestión menor.

Puedo comprender que se den razones para la mejoría. De hecho, sería deseable hacerlo desde la lealtad y el compromiso. Incluso que se quiera marcar cierto perfil ideológico. Lo que no alcanzo a comprender es que se  vote en contra. Bueno sí, tan sólo se entiende desde posiciones electoralistas, claro. Pero con la que está cayendo una espera un poco más de altura de miras por parte de los representantes públicos.

Me he dado cuenta mientras escribía este texto de que estar indignada con el mundo he pasado a estar indignada con la propia indignación. Y la respeto como herramienta necesaria para transformar la realidad. Pero es que igual ya me siento agotada. Son demasiados años perdiendo. Demasiados años cabreados. Estamos cansadas de que ir a contracorriente sólo sirva para ni siquiera llegar a la orilla. Si nos cabreamos que sea, al menos, con la consciencia de que seremos capaces de alcanzar tierra.

Estamos poniendo los cimientos de un nuevo país en cada paso que se da y la aprobación de la Reforma Laboral era uno de esos que son imprescindibles. Sigamos levantando una fortaleza de derechos sociales que nos haga más libres mañana. Una fortaleza que no va a ser fácil de construir, que requerirá cesiones, que implicará madurez, pero que seguro demuestra que la vida de las personas mejora. Y, al final, se hace política para eso. Y si no, que se lo pregunten a Antonio Costa.

 

 

 

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2 Comentarios

2 Comments

  1. Lucía Draín

    5 de febrero de 2022 19:54 at 19:54

    Bienvenida la reformita laboral, todo avance es positivo; claro que sí. Pero esconde una importante incógnita que puede resolverse en el peor de los sentidos, incluso la extinción de Unidas Podemos.

    En el peor escenario, Yolanda Díaz y UP continuarían defendiendo los vetos de las patronales, ensalzando el contrato indefinido basura que resulta de la reformita. Si así actúan, caerán de pleno en la izquierda desclasada.

    La izquierda desclasada (PSOE y sus dos sindicatos) aprobaron en el 2010 el despido por causas arbitrarias, aumentaron a 67 años la edad de jubilación. Si Yolanda y UP apoyan por acción u omisión el contrato indefinido basura caerían en una espiral de extinción.

    El contrato indefinido basura que resulta de la reformita es altamente LESIVO. Mantiene el despido barato y por causas arbitrarias, mantiene el despido colectivo por capricho, la dilación judicial contra el trabajador, la movilidad o bajada de sueldos arbitraria. Es más que urgente que Yolanda y UP inicien sin demora la reforma del despido. Estamos en tiempo de descuento.

  2. Ander

    6 de febrero de 2022 13:02 at 13:02

    Un saludo para tí Estefanía, te sigo en otros sitios y me caes estupendamente, para mí formas parte de la mejor gente de Podemos, pero no coincido con tu optimismo sobre la aprobación de la Reforma Laboral. El patético resultado de la votación (teniendo que negociar incluso con UPN, formación facha) debería hacernos abrir los ojos un poco sobre lo pobre del contenido de la reforma. Coincido básicamente con el análisis de Lucía Draín y no me voy a repetir. No creo que se vayan a dar los resultados de acabar con la contratación temporal, quiero recordar que a fecha de 31.12.2021 la inmensa mayoría de los contratos temporales eran hechos en fraude de Ley y no pasaba nada, así que seguiremos igual. Se han aceptado las condiciones impuestas por CEOE y por Europa y así nos irá. En un año lo podremos comprobar.
    Por último y dirigido a LUH, el día de la votación de la reformita hubo una concentración en el Congreso para protestar por el contenido de la misma y se omitió informar sobre ello. Me parece un error de bulto, aunque no se comparta el objeto de la concentración. Eso es lo que hace el resto de la prensa, no se informa de lo que no interesa?

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