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El Islam y la ruta del hambre

Cuando por la mano de un inconsciente cómo George Bush Jr, EE. UU. invadió Afganistán, a modo de respuesta por el autoatentado del 9-11, los labriegos y sin ninguna pertenencia política contaban con sembradíos de opio que no superaban las tres mil hectáreas en cultivos de ese potente y codiciado alcaloide.

Ahora y después del retiro de los otros invasores, la superficie se encuentra expandida a más de doscientas cincuenta mil.

Si se pretende decodificar las causas de esta estrepitosa y rauda huida del líder occidental, no se debe ver en otro vértice diferente a la mengua y casi en inexistencia de la demanda por parte de los laboratorios de aquí para el fraccionamiento de analgésicos opiáceos.

Y que, pese a su altísima demanda, fronteras dentro de esta Unión, ha sido descontinuada por el elevadísimo índice de suicidios por sobredosis de esos auténticos barbitúricos, a la sazón, enmascarados como medicamentos.

No existen, salvo en la febril imaginación de la inmensa mayoría de analistas sin formación académica, otras causas exógenas que la enorme presión de la opinión pública norteamericana para que se elimine la venta de esos venenos.

En otras palabras, con cientos de técnicos en agricultura de precisión y otros tantos bioquímicos, lo que desembarcó en los albores de 2002 en Kabul fue una task force agrícolo-farmacéutica, para apropiarse de toda esa mega producción de enervantes, porque el formidable y archimillonario negocio lo ameritaba.

Eso de exterminar al terrorismo fue, como tantos otros, un cliché promocionado por los carteles armamentistas y laboratoristas.

Y pese a la presencia de algo tan evidente y primario, vemos azorados, la cantidad de aficionados en procura del encuentro de otras causas ajenas a una simple ecuación económico-financiera.

Por cuánto en esencia, nada perdió el Tío Sam en estas dos décadas de invasión, ya que recaudó impuestos a los laboratorios por dos o tres veces el billón de dólares que dicen -los ignorantes-, se dilapidaron en esa furtiva y veinteañera incursión.

Sin embargo, no menos cierto es que, más de cincuenta mil millones en pertrechos bélicos quedaron a merced de esos beduinos medievales y que, distribuirán proporcionalmente con sus asociados de al Qaeda, Boko Haram y el Daesh, para arremeter contra lo que resta de Siria y fundamentalmente, Israel, para borrarlo del mapa.

Y cuando dichos eventos se presenten, estos craneotecas del Pentágono se solazan con la idea de acudir en rescate del Pueblo Hebreo.

Pese a que, la abrumadora ignorancia de estos ¿especialistas?, no les advierte que, para cuando dicho escenario se encuentre de toda fertilidad, el aluvión islamita se habrá apoderado ya de todo el Occidente, ese que hasta hace poco presumía de ser Cristiano.

Toda vez que, basta con ver la realidad en los epicentros de mayor fanatismo religioso, a saber, Yemen, Iraq, Irán, Marruecos, Argelia, Libia, Palestina, Etiopía, Líbano, Mauritania, Eritrea, Indonesia y en general en todo ese arco afro-asiático, cuanto allí predomina es el explosivo cóctel de hambrunas y analfabetismo.

Y cuando comunidades que alcanzarían, de nuclearse en torno a tan seductor estandarte, los casi un mil millones de fieles, no alcanzará todo el arsenal nuclear para de ellos deshacerse.
Que por otra parte, sería inviable como contramedida cierta, por lo inmanejable de los vientos radiactivos y demás secuelas de los devastadores efectos termonucleares, imposibles de controlar o siquiera ralentizar.

Hasta esta suerte de hito, nacido y acrisolado al calor de la presurosa retirada yankee, el Islam en sí mismo, nunca se incorporó como una hipótesis de magnitud, y que, por una razón u otra, Norteamérica siempre se las ingenió para que, sunitas y chiitas se masacraran entre sí.

No les fue mal, en el episodio entre Hussein y Jomeini a principios de los noventa, y con sus más y con sus menos, pudieron implementar algo similar en territorio sirio hasta unos meses atrás, mientras el aparato militar industrial gozó de buena salud.

Pero en esta contemporaneidad -en un principio con las tímidas balsas pateras- que, arribaron sin sobresaltos a las costas italiana y española, el pressing hoy, se puede considerar insostenible, porque se lo debe de anudar a la colosal crisis alimentaria en progreso que la UE, ya no puede seguir disfrazando como inexistente o lejana entre los suyos.

Y la consigna del Corán establece que sus súbditos se encuentran plenamente legitimados para hacerse de alimentos, allí dónde se procesen y distribuyen.

Siendo Europa, una suerte de Meca para de ella satisfacerse; y con un agravante que transita por el derrumbe del oro negro como el más formidable de los comodities que, ya no le permite a los emiratos del golfo, sobornar a sus líderes, tal y como fue el status conferido a Bin Laden y otros no tan renombrados.

Por todo lo cual, el nuevo mapamundi dentro de unos meses vista, deberá contemplarse en un todo concordante con...

EL ISLAM Y LA RUTA DEL HAMBRE.

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