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El silencio de la Iglesia: otra condena para las víctimas de sus abusos

Manuel Barbero, padre de un afectado, cuenta a LUH el infierno vivido por su hijo: “Es algo que nunca se llega a superar, solamente aprendes a vivir con ello”

“El silencio de la Iglesia: otra condena para las víctimas de sus abusos”

“Él nunca se arrepintió de lo sucedido, es más, siguió trabajando con niños, sin apartarse de la tentación”; el padre de uno de los miles de niños que sufrieron abusos sexuales en España durante su infancia, Manuel Barbero, relata a LUH el infierno vivido por su hijo y las consecuencias de este. 

Los abusos cometidos desde el año 2008 por el profesor de educación física del menor se perpetuaron durante dos años –de los 13 a los 15– y lo terrorífico de la situación incapacitó al niño a hablar de ello, escondiéndolo como un caso de bullying para poder así cambiar de colegio. La vergüenza y la culpabilidad sufrida por el afectado –una respuesta común en las víctimas de abusos– hicieron que no fuera hasta tres años más tarde cuando decidió denunciar lo sucedido ante sus padres, “le pidió a su madre que no se enfadara con él”, señalaba Manuel. 

Tras denunciar los hechos a las autoridades, el padre, decidió comenzar una campaña en contra del agresor tratando de buscar a aquellos, que como su hijo, hubieran sufrido los abusos de este “decidí imprimir desde la impresora del trabajo 500 carteles con las iniciales del profesor para colgarlos en farolas y paredes”. Estos carteles duraron solamente seis horas, pero estas fueron suficientes para que la campaña se viralizara en redes sociales y gracias a ello, cinco personas consiguieron contactar con él para comentar su experiencia. Dadas las edades de los denunciantes, confirmaron que el profesor llevaba más de 30 años cometiendo abusos en el seno del colegio.

Con el paso del tiempo, Joaquín Benitez acumuló más de 25 denuncias aunque únicamente tuvo que declarar por cuatro de ellas, por las que fue condenado a 21 años y 9 meses de prisión: la pena más alta recibida por un profesor condenado por abusos sexuales registrada en España.

Las consecuencias de los abusos

A pesar de las numerosas sesiones psicológicas y psiquiátricas a las que acudió el joven durante su proceso de reparación, ninguna de estas le fue útil para sobrellevar el trauma. Como consecuencia, desarrolló un rechazo a la terapia que le ha impedido buscar ayuda en este sector desde entonces. 

Las adicciones, los trastornos de sueño, los problemas con su sexualidad y el aislamiento son las secuelas con las que convive, “mi hijo lleva nueve años encerrado en una habitación”, lamentaba. 

“Es algo que nunca se llega a superar, solamente aprendes a vivir con ello”.

Manuel, que colabora desde entonces de manera activa con grupos parlamentarios catalanes y además contacta con víctimas de agresiones sexuales diariamente para acompañarlas en su recuperación, recomienda a los afectados que se apoyen en sus seres queridos y que denuncien aunque los hechos hayan prescrito “necesitamos que este dato se cuantifique, hacernos unas idea del número real de víctimas”. La presión social y política cumple un papel imprescindible a la hora de investigar estos horrores, porque tal y como él señala, “la herida nunca se cerrará sin la colaboración de la Iglesia”.

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