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El sindiós de García-Gallardo

El pasado 15 de junio, en mitad de una tan asfixiante como prematura ola de calor, se anunció de forma oficial el nombre del nuevo enemigo interior al que debemos temer las personas decentes. Ese día, agentes de la Brigada Antiterrorista -qué nombre tan al pelo- detuvieron a 14 de los miembros de Rebelión Científica que participaron en la protesta frente al Congreso que tiñó de rojo remolacha la sede de la soberanía nacional.

A estos científicos activistas, dedicados a denunciar la inacción institucional contra el cambio climático, se les acusa de “delito de daños” al edificio, y de “delito de daños a las instituciones del Estado”. Daños que, por cierto, fueron calculados por la propia policía en poco más de tres mil euros. Suponemos que será más o menos el coste de pegar un buen manguerazo a la fachada del Congreso para eliminar el tinte de remolacha.

El caso es que esta operación supone mucho más que un aviso: significa el comienzo de una tendencia que en los últimos meses se han encargado de remarcar representantes político de la derecha y la ultraderecha y sus todólogos afines en diversos medios de comunicación. El mensaje es muy claro: los ecologistas son violentos que asaltan las instituciones y que además son responsables de muchos de los incendios de este verano por su visión extremista.

Por supuesto, los ecologistas llevan décadas gestionando las políticas forestales en este país. Sobre todo en comunidades como Castilla y León, ese conocido feudo de radicales veganos animalistas que impiden que se toque ni un ápice de la sagrada Pachamama. A pesar de que se trata de acusaciones ridículas, que se caen por su propio peso, siempre y cuando se haga ese fastidioso trabajo de preguntar a los propios ecologistas, hay riesgos reales de que este mensaje cale en buena parte de la sociedad. Como con tantos otros bulos.

Desde luego, no están escatimando medios para que así sea. A finales del pasado mes de julio, Maldito Clima, espacio dedicado a los bulos en materia climática dentro de Maldita Hemeroteca, publicó un interesante artículo sobre diversas desinformaciones que culpan a los ecologistas y a las leyes de protección ambiental de los incendios.

Se trata, por tanto, de una campaña muy bien orquestada y amplificada, como decíamos antes, por políticos de la derecha y ultraderecha y su periodistas y medios afines. En este sentido hay que enmarcar declaraciones como las realizadas por el vicepresidente de Castilla y León, Juan García-Gallardo, menospreciando a quienes sufren ecoansiedad.

Desde luego que García-Gallardo no parece ser el más hábil de nuestros gobernantes. Pero también es cierto que no son necesarias enormes capacidades para seguir el guion previamente marcado, que consiste en culpar a los ecologistas de toda tragedia ambiental, particularmente los incendios, y en convertir este doloroso asunto en otra guerra cultural más.

No cabe duda de que esta es la estrategia de fondo. Y puede salirles bien, si no fuera por un pequeño detalle: porque efectivamente sabemos que son ellos, y no los ecologistas, los que gestionan las políticas ambientales. Y porque es evidente que las consecuencias de la sobreexplotación de la naturaleza, como por ejemplo el cambio climático, los incendios, las sequías o la contaminación, van a ir cada vez a más. Y esto será así aunque consigan meter a todos los ecologistas en la cárcel.

Y si esto sucede, ¿a quién culparán entonces? Por compromiso patriótico, vamos a darle una escapatoria, queremos decir, un nuevo eje argumental, a Gallardo y sus chicos: la culpa es sin duda de la naturaleza. Hay que empezar a mostrarse firmes con esa caprichosa que no atiende a razones. ¿Descabellado? No tanto. En EEUU, son frecuentes los avisos de las autoridades pidiendo a la población que no dispare contra los huracanes. Suponemos que lo harán, quién sabe, también por eso de la ecoansiedad. El caso es que no parece buena idea.

Básicamente por el riesgo de que los fuertes vientos provoquen que las balas salgan despedidas del huracán en cualquier dirección posible.

Aquí en España todavía no sufrimos huracanes a los que disparar. Pero el progresivo calentamiento de nuestras aguas puede cambiar dramáticamente el panorama si no corregimos el rumbo. Algo que no parece fácil si siguen al frente de la cosa pública políticos como García-Gallardo. El cual está a dos carajillos de hacer como Saza al final de “Amanece que no es poco”. Nos referimos a la escena en la que el guardia civil interpretado por José Sazatornil comienza a disparar al sol al grito de “¡Esto es un sindiós, me cago en el misterio!” por su capricho de amanecer por el lado que no es.

Y es que ya sabemos que la naturaleza es veleidosa y casquivana, como toda hembra, que podría decir el vicepresidente regional copazo en mano. Al que muchos imaginamos antes disparando al sol vestido de guardia civil que ordenando que el operativo antiincendios funcione los doce meses del año y que además cuente con una plantilla de profesionales bien formados y con unas condiciones dignas de trabajo. Que es, por cierto, lo que demandan los ecologistas.

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