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Opinión

Ese marrón llamado emérito

Si, según afirmó en su día uno de ellos, los expresidentes de Gobierno son jarrones chinos que nadie sabe muy bien dónde colocar, ¿Qué podríamos decir del ínclito emérito que nos tocó en suerte como monarca en 1975? ¡Menudo marrón, que diga jarrón!

Desde que, seis años después de su obligada abdicación, salió huyendo con el rabo entre las piernas el verano de 2020, nos estamos enterando por fin del verdadero carácter de este campechano profesional famoso por su habilidad para encantar serpientes y serpientas. Su falta de educación y sus cabreos las perpetraba fuera de foco, no como el pobre novato Carlos de Inglaterra, a quien hemos visto perder la compostura a las primeras de cambio por culpa de los tinteros y las plumas, ¡qué barbaridad, qué carácter!

Acostumbrado a hacer lo que le salía de sus reales narices sin que nadie osara nunca rechistarle, el ahora llamado rey emérito sigue montado en el machito disfrutando de su privilegiada vida, de su real realidad, que nada tiene que ver con la realidad real. Convirtió su visita a Sanxenxo el pasado mes de mayo en todo un desafío. Saltaron chispas y según parece su hijo se cabreó mucho. A Juan Carlos le dio igual porque lo cierto es que le da todo igual desde muy chiquito dada su habilidad para seducir mintiendo sin parar, disimulando y traicionando todo lo que le pareció necesario traicionar con tal de seguir viviendo como sus ricachones amigos del Golfo, a quienes sableaba y sablea sin pudor llegando incluso a instalar allí su domicilio fiscal para escapar de la Agencia Tributaria de su país, el muy patriota.

El documental sobre su vida que desde el 9 de septiembre incluye en su oferta la plataforma HBO deja al descubierto el descaro y el desahogo del verdadero Juan Carlos de Borbón, aunque rechine con estrépito que muchos de quienes ahora lo ponen a parir en esa emisión sean los mismos que durante decenios le hicieron la pelota sin parar con el mayor de los descaros y fueron cómplices, con su silencio, de las fechorías que ahora le afean. Lo peor es que muchos de ellos son periodistas y reconocen sin vergüenza alguna haber ocultado a conciencia la desahogada conducta de quien de nuevo parece que le va a buscar un problema más tanto al Gobierno de España como a la casa Real con su asistencia al funeral por la reina de Inglaterra. Otro marrón.

Como nadie había tenido hasta ahora la deferencia de montarle unas regatas en el Támesis para así contar con una excusa y poder plantarse en Londres a provocar, la muerte de su anciana prima Isabel y la invitación a su funeral le han venido de perlas para hacer gala una vez más de su indómita chulería y de paso sembrar la discordia un poquito más.

El balón estaba en su tejado y podía haber declinado la oferta recurriendo por ejemplo a sus, parece que evidentes, problemas de movilidad pero como le va la marcha tela, ha decidido aprovechar la ocasión para confirmar una vez más que se la suda todo convirtiendo su presencia en un desafío en toda regla a su hijo, a la institución que él mismo representó durante casi cuarenta años, al gobierno de su todavía país y hasta a la justicia británica, donde tiene causa abierta por la denuncia de acoso promovida por una de sus aristocráticas amantes que tiene residencia en Londres.

Mientras él se lo pasa pipa montando pollos, algunas y algunos deben estar sudando tinta para ver cómo salen de esta sin que se rompa nada. Me he comprado varias bolsas de palomitas porque no pienso perderme ni un detalle de la retransmisión.

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