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Opinión

Europa como responsabilidad: el tiempo aprieta

La muerte repentina de David Sassoli, socialista luchador por la democracia y el antifascismo, provocó el nombramiento de su sucesora al frente de la presidencia del Parlamento Europeo esta semana: Roberta Mentsola, reconocida antiabortista de ultraderecha, quien tendrá un papel clave en una de las instituciones más importantes de la Unión Europea.

Observando el recorrido de la historia de Europa lo más lógico es que cualquiera se pregunte por qué se ha decidido este perfil y no otro. Como siempre, han pesado más las tácticas de quienes ostentan y defienden el poder establecido que la mirada más valiente y lejana puesta en la amenaza cernida sobre buena parte ya del continente europeo.

Un acuerdo a puerta cerrada entre ultraconservadores, socialistas y liberales ha convertido el legado de Simone Veil, referente de la lucha por los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres, en una auténtica involución democrática. ¿Cómo es posible?, ¿Cómo se puede tener tan poca responsabilidad histórica? Hay que ser miope o profundamente egoísta para haber cometido tal error.

Un compañero militante del círculo de Podemos Xixón, Victor Luis Álvarez, me recordaba estos días la figura de Jean Jaurès. Este hombre fue un destacado pacifista socialista que se opuso con vehemencia a la Primera Guerra Mundial, pagándolo con su propia vida. Fue ejecutado pocos días después del estallido del conflicto armado, en el centro de París, a manos de un ultraderechista. Jean Jaurès también había luchado por la unificación del socialismo en Francia.

El compañero Victor Luis me comentaba que es curioso como, finalmente, la cobardía de la socialdemocracia arrojó al pueblo a un conflicto armado en el que las víctimas fueron, de nuevo, quienes no tenían otra salida que ir a la guerra y, también ,aquellos que más habían defendido la paz.

Hoy las guerras se hacen por otros medios, pero son totales. No entienden de fronteras en lo que a destrozar vidas se refiere. Es más, las desdibujan en forma de pateras y seres humanos perdiéndose en la inmensidad de un mar que ya se ha convertido hace mucho en una inmensa fosa común.

Vivimos, además, en una amenaza constante por el ritmo depravado de este sistema económico que nos devora, que utiliza los recursos naturales por encima de las posibilidades del planeta, amenazando con calentarlo a un ritmo tan acelerado que es probable que a la vuelta de una década los desastres naturales sean el pan nuestro de cada día. Si las guerras provocan desplazamientos, los cambios del clima lo harán, muy probablemente, en cifras que no van a ser comparables con lo conocido.

En este contexto, la ultraderecha niega el cambio climático, los conservadores sólo admiten cierto maquillaje, y la contundencia de los socialistas directamente brilla por su ausencia. Porque la lucha contra el cambio climático es la lucha contra el sistema.  Y eso nunca lo plantean. Ni siquiera ante un atisbo mínimo de debate sobre el modelo productivo. Pero no hay subterfugios, no hay atajos, no existen campañas mediáticas que vayan a solucionarlo. Sólo políticas efectivas.

Pero hace mucho tiempo ya que la socialdemocracia europea vive atrapada en lógicas electoralistas y análisis demoscópicos sin atreverse a analizar si quiera la posibilidad de salirse de un margen preconcebido y restringido únicamente a la comunicación política, poniendo en muchos casos en peligro el uso de la palabra como vehículo para defender la verdad. Un inmovilismo que sólo produce equivocaciones y que, como siempre, pagarán los mismos.

Frente a este panorama que es desolador, sólo nos queda continuar peleando por la implementación de programas políticos que realmente transformen la realidad. Esto sólo se logrará con poder político. Estando en las instituciones donde se toman las grandes decisiones y siendo relevantes. Estando también en los medios y en la sociedad. No podemos regalarles los espacios de decisión ni de debate. Cuanto más margen cedemos nosotros desde el terreno de la impugnación, más oxígeno le damos a la bestia que niega el cambio climático, los derechos humanos y la democracia.

Por supuesto que debemos señalar lo que está mal hecho, indignarse hasta la extenuación frente a la injusticia, porque a esa vinimos a combatir, pero es preciso lograrlo asumiendo que nos mancharemos las manos y que va a ser muy complicado. Ningún lugar es pequeño para esta tarea: desde un centro de trabajo hasta una asociación de vecinos o un Ayuntamiento.

La cuestión es que hay que entrar hasta la cocina porque no nos quieren allí. La prueba de ello es que el acuerdo para el nombramiento de la nueva Presidenta del Parlamento Europeo fue mediante un debate secreto. Dejan fuera a verdes y a la izquierda europea. Los únicos que no niegan la realidad climática y que son contundentes en la defensa de los derechos humanos. Los únicos que tienen, en buena medida, un programa distinto para otra Europa posible.

Si la socialdemocracia permanece inmóvil, nosotros no lo haremos. Que cada palo aguante su vela. Seamos conscientes de que el planeta y la vida nos esperan y mañana sólo querremos preguntarnos cuánto nos implicamos, desde la generosidad, la humildad y la empatía, desde la convicción cotidiana por transformar la realidad. La responsabilidad en nuestros hombros como sociedades que aspiran a gobernarse a sí mismas es infinita... Y el tiempo, como diría Saramago, aprieta.

 

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