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Opinión

La derecha antifascista

La derecha antifascista

No hay centro derecha en España. No es una reflexión sencilla, ni tampoco es una afirmación simplista. No se trata de una conclusión banal, sino una declaración basada en una serie de argumentos que ha hecho del Partido Popular un partido carente de un verdadero proyecto de país que sea alternativa seria de gobierno.

Con la aparición de Vox en la escena política española debido, principalmente, al papel que jugaron muchos medios y la propia Casa Real durante el 1O, y que abrió un camino libre de obstáculos a la extrema derecha para introducir sin complejos su discurso nacionalista (que fue comprado por parte de cierta izquierda) el Partido Popular se ha visto arrastrado por este empuje reaccionario. Lleva 5 años al rebufo de la extrema derecha, desdibujado, sin una alternativa real más allá de cuatro consignas neoliberales carentes de sentido. Una batalla sin cuartel por abanderar la alternativa contra las fuerzas de la izquierda que ha supuesto ser, de alguna manera, devorado ideológicamente por las fuerzas neofranquistas que lidera Santiago Abascal. El votante joven del PP se ha derechizado aún más y no van a recuperarlo tan fácilmente.

La estúpida idea de unirse a Vox en esa delirante batalla contra ese supuesto adoctrinamiento de una extrema izquierda que inculca valores marxistas en los colegios, supone la última oportunidad que han tenido los de  Nuñez Feijóo para desligarse definitivamente de la ultraderecha y conformarse de verdad como  alternativa de gobierno de centro derecha seria y razonable igualándose al resto de sus homólogos europeos. Craso error.

Si uno estudia con atención y detenimiento la historia del PP desde sus orígenes como Alianza Popular encontrará fácilmente los motivos. Creo que el PP está perdiendo una oportunidad de oro de dar un verdadero portazo al nacional-franquismo y erigirse en una fuerza política con su propia agenda política que, dicho sea de paso, sería también una magnífica noticia para la democracia de este país que está viendo como sus cimientos se tambalean con el creciente e imparable ascenso de la derecha radical populista que tanto daño está haciendo por la convivencia pacífica de este país. Porque pensar que abrazarse a Vox sea una mala noticia para el PP es un error: es una mala noticia para el país.

El discurso de Ayuso, redactado por Miguel Ángel Rodríguez y el resto de colaboradores que toman café con Marhuenda y desayunan con Eduardo Inda, insultando y menospreciando a las mujeres feministas con calificativos como “malcriadas que sólo aspiran a llegar a casa solas y borrachas”, es un calco actualizado de las proclamas que ya se hacían desde las revistas “Consigna” y “Medina” y que la Sección Femenina de Pilar Primo de Rivera publicaba desde los años 40. Recuerden que incluso Begoña Villacís, esa mujer que se supone encarna el partido de centro de este país Ciudadanos, mencionó a Mercedes Formica esta semana como referente de la lucha por los derechos de la mujer. Formica fue directora de “Medina” y falangista, camisa vieja y persona de confianza de Pilar Primo de Rivera. Las casualidades del discurso no existen. Primero se dice que el feminismo socava la familia tradicional y, por ende, la supervivencia de la propia nación, y después se considera que el feminismo es algo ajeno a la cultura nacional. Repasen titulares en los últimos meses. Entenderán lo que pretendo explicar.

La estrategia de subvencionar con dinero público a los medios de comunicación para tenerlos de su lado con la clara intención de adaptar la opinión pública hacia las posiciones del partido gobernante son otro claro ejemplo de esa herencia recibida de la escasa cultura democrática que tiene este país. Sin duda, nuestra gran lacra que arrastramos con pesadumbre y que somos incapaces de revertir.

La corrupción endémica que arrastran los populares desde hace décadas es también herencia directa (como ocurre también en el PSOE) de una cultura del clientelismo que tan bien refleja Joaquim Bosch en su libro “La patria en la cartera”. Porque “serán fascistas, pero saben gestionar”, que se le pregunten a los comisionistas mientras se nos moría la gente en sus casas, residencias u hospitales durante lo peor de la pandemia.

Vox está atravesando el país como un tsunami con un discurso identitario repleto de falacias como es la inmigración o la seguridad. España no tiene un problema con la inmigración y sus índices de criminalidad están más bajos que nunca, y sin embargo los medios sirven de altavoz para poner sobre la mesa unos problemas que son inexistentes. El Partido Popular forma parte de este altavoz y está colaborando en ello en busca de votos perdidos.

El antifeminismo, el odio hacia los movimientos sociales e izquierdistas son el eje principal de la campaña ultra que, curiosamente, comparte también el Partido Popular. Escuchar a Ayuso es escuchar a Olona.

Las políticas ultra neoliberales que el PP defiende, las está poniendo en práctica en ese gran centro de operaciones que es Madrid, guiadas como no podía ser de otra manera por Vox con Monasterio vigilante. El tono belicista de sus diputados y diputadas difiere cada vez menos de los que hacen los diputados ultras. Si a uno le taparan los ojos con una venda y escuchara uno de sus discursos le costaría diferenciar quién representa a quién. Escuchen a Álvarez de Toledo.

Desde hace tiempo el PP se ha abrazado también a la estratagema de las “fakes news”, que tan buenos resultados electorales le dio a Trump de la mano de Steve Bannon y su Breitbart News. Es lo que hace Vox constantemente y ya son varias las veces que el PP ha usado titulares falsos para arremeter contra la izquierda. Contribuye a la contaminación informativa que atenta contra el derecho que tenemos los ciudadanos y ciudadanas a recibir una información veraz. Los lazos con OkDiario, El Mundo y el PP de Ayuso son evidentes. Las subvenciones lo certifican.

Poco a poco el discurso de la extrema derecha ha ido copando los platós de TV y las tertulias en radio, y como consecuencia ha llegado a la calle. Los vecinos hablan de okupación como si fuera un problema real en España. Pero no lo es. Escuchar a Ayuso es escuchar a Monasterio. Socialismo o propaganda.

El silencio del PP cuando Vox expone abiertamente en la sede de la soberanía nacional las monstruosas técnicas de reconversión sexual es otra manera de ser arrastrado por su discurso. El uso torticero y el apoderamiento de los símbolos de todos y todas no es nuevo y no debería sorprendernos a nadie, porque la ultraderecha lleva haciéndolo durante décadas. Pero usar a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado como arma arrojadiza contra el Gobierno es muy preocupante, porque supone traspasar la fina línea delgada entre situarse dentro de los márgenes constitucionales o situarse fuera calificando al Gobierno de ilegítimo, justo como hace Vox. El poso de odio y el uso de un lenguaje guerracivilista tiene sus consecuencias en la sociedad y creo que este daño no se ha calculado. Lo que ha pasado a las puertas de la casa de Pablo Iglesias e Irene Montero durante un año es una aberración democrática de la que el PP ha formado parte con su silencio. El PP podría haber puesto mesura y haberse distanciado de la extrema derecha, pero una vez más ha decidido ponerse del lado de la locura. Es muy frecuente escuchar la palabra “enemigo” a los portavoces del PP. Escuchar a Martínez-Almeida es escuchar a Ortega Smith.

El racismo imperante en la retórica de la extrema derecha es algo a lo que estamos acostumbrados. Equiparan inmigración con delincuencia mientras el PP mira para otro lado: por ejemplo en Madrid Ayuso habla de que la región está abierta a todo aquel que venga a visitarla. Eso sí, siempre y cuando lleve camisa y corbata, sea blanco o tenga ojos claros. Si eres negro y pobre la cosa es más bien distinta. El racismo institucional sigue vigente porque el PP forma parte de todo ello. No encuentro las diferencias con Vox. Qué lejos quedaba Merkel de la derecha española. 45 años de dictadura y adoctrinamiento nacional-católico no se van de la noche a la mañana.

El clasismo latente y característico en la extrema derecha también es otra seña de identidad del PP. Mientras Ayuso niega la existencia de clases sociales y desigualdad en Madrid, Feijóo mira para otro lado y guarda silencio ante semejante patraña, Abascal se frota las manos y los medios comprados a base de subvenciones blanquean su mensaje a todas horas repitiendo como un mantra en televisiones, radios y RRSS. Se llama fascismo sociológico, el de camisa y corbata y las buenas maneras.

Ese “nosotros” que ha conseguido calar entre parte de la juventud española como manera de formar parte de un único sentimiento alrededor de la patria y la familia, mientras se desmantela la sanidad y la educación pública allí donde gobiernan.

Al PP tampoco le gustan los sindicatos. Escuchar a Ayuso es escuchar a Espinosa de los Monteros,  porque la destrucción de la sindicación obrera y la completa desmovilización es la hoja de ruta de ambas formaciones. No hay diferencias. Cambian las siglas, cambian los logos, pero el contenido es el mismo. Se habla de ‘chiringuitos’ para generar la idea entre la población de que los sindicatos son innecesarios mientras eso sí, se aumenta el número de altos cargos como ha ocurrido en CyL y se inventan cosas tan bizarras como la Oficina del Español de Toni Cantó o los Institutos de los que ha estado viviendo (muy bien pagado, por cierto) Santiago Abascal.

Maniobras que siguen vigentes después de 80 años de oscura historia nacional.

Cuando Vox habla de ilegalizar partidos políticos, el PP calla. Cuando se habla de enemigos de la patria, el PP menciona a ETA para azuzar a la izquierda y echar más leña al fuego. Si Vox es negacionista del cambio climático, nunca hay nadie en el PP que les lleve la contraria posicionándose del lado de la ciencia. Nunca pone sensatez. Nunca pone en su sitio a la extrema derecha. Siempre a rebufo. Han perdido la iniciativa.

Nos encaminamos hacia un escenario oscuro, macabro y en blanco y negro. Un país de neón y luces de Brodway que esconde una vuelta a los infiernos con todo lo que eso conlleva. Un retroceso social sin precedentes en España. Cuarenta y cinco años de dictadura y otra vez tenemos que afrontar los miedos de antaño, eso sí, con la complicidad de un PP incapaz de reaccionar. Años treinta, se repite la historia. Un Partido Popular incapaz de reconstruirse en un partido conservador, liberal, que ponga coherencia en el tablero político por parte de la derecha y que (re)dirija y ayude a devolver la sensatez a una sociedad envenenada de odio e intolerancia, que deje de ser una “derechita cobarde”, para transformarse en un centro derecha serio, con rigor, y sobre todo, antifascista.

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2 Comentarios

2 Comments

  1. AbuJavi

    5 de junio de 2022 22:00 at 22:00

    Sí que hay centro-derecha en España, se llama P$O€

  2. Century

    8 de junio de 2022 04:24 at 04:24

    Tal y como lo veo, el PP, antes llamado Alianza Popular, aglutinó a los políticos más duros del Franquismo, muchos ministros de Franco, incluido Arias Navarro, que dijo eso de «Españoles, Franco a muerto…»

    Los políticos franquistas más pragmáticos fueron a parar a la UCD del jefe de la Falange, y antes de RTVE, Adolfo Suárez.

    Mientras Isidoro, que era falangista, hizo su partidos con los retales más moderados del Franquismo, algún viejo sindicalista, y unos pocos idealistas.

    Esto fue el Régimen del 78, una continuación del Franquismo, con apariencia democrática, que Franco pactó con los americanos en los llamados Pactos de Madrid de 1953, que es cuando se inicia la verdadera transición.

    Por tanto no nos extrañemos de ver como del PP salen Franquistas y nazis y fundan un nuevo partido… se llame VOX, Cs o como se llame, y que a este lo apoyen Jusapol, los jueces conservadores o Federico J. Losantos… porque forman parte de una misma élite Franquista, que lucha por subsistir.

    Y desde dentro del PP lo mismo, Ayuso según su entorno era falangista, como lo fue José María Aznar o M. Rajoy. El que destrocen monumentos a los cientos de miles de republicanos muertos, como hizo Almeida en La Almudena, el que pataleen porque sacan a su caudillo Franco del Valle de los Caidos, cosa que hizo VOX, el PP y Cs, el que se nieguen a cambiar calles en honor de Franquistas, el que subvencionen a organizaciones Franquistas, Nazis y Fascistas… nada de esto nos debe de extrañar.

    Es lo que combatimos, el fascismo.

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