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Opinión

La guerra sólo es un grado de derrota

Es conocido que Von Clausewitz sentenció que la guerra es la continuación de la política por otros medios. La confrontación bélica en alguna de sus manifestaciones, por tanto, es una fase posible en el proceso del conflicto. En cualquier caso, es un grado de derrota. De fracaso de la política. Lo es para todas las partes. Para la civilización. Excepto, claro, para los mercaderes de armas. Para los traficantes de la muerte.

Los conflictos por el control mundial siguen latentes, aunque sus actores han cambiado. Los intereses en juego también. De hecho, la aventura de Ucrania, sus antecedentes históricos, no se informan adecuadamente a la opinión pública occidental. Así, la opinión publicada, sólo responde a la acción psicológica que se ha puesto en marcha para justificar el desencadenamiento de las operaciones militares.

Viendo el tablero mundial y regional, la audacia de EE.UU. y Rusia nos puede retrotraer al siglo X, en cuanto a las condiciones de los habitantes de Europa. Porque no se trataría de una confrontación convencional. Estaríamos hablando de una guerra nuclear que pulverizaría el desarrollo humano de los últimos diez siglos.

Luego de las grandes guerras del Siglo XIX y XX, los actores hegemónicos consensuaron derechos sobre áreas geográficas de influencia. Esto debe conocerse. Es la base de la cuestión. Los límites geográficos no son fruto de casualidades sino de procesos históricos. Por ello, banalizar esta crisis, resulta una manifestación de pobreza de criterio que demuestra la escasa estatura de nuestros gestores. No estamos frente al caso de Perejil.

Sería recomendable informar a la ministra de defensa que su decisión de enviar una fragata española al potencial teatro de operaciones no sólo es temerario. Además, nos convierte en objetivo nuclear. Estamos hablando de que la próxima guerra, si es nuclear, será la definitiva. Luego de las experiencias nucleares en territorio japonés en 1945 debió quedar claro.

De todas maneras, de las guerras suele conocerse como comienzan, pero no como terminan. Tomemos como ejemplo a los italianos de las primeras décadas del siglo XVI. Ellos experimentaron directamente las consecuencias de la guerra con la incursión del rey francés Carlos VIII en 1494, cuando se iniciaron las llamadas guerras italianas. Así, sus consecuencias más definitorias fueron que, a raíz de ellas, la mayor parte de los Estados italianos perdieron su independencia. A partir de este suceso las potencias europeas, principalmente España y Francia, se repartieron porciones importantes de su territorio. Eran otros tiempos. Hacer la guerra era un ejercicio del poder absolutista de las monarquías. Sin demasiados riesgos para sus vidas dinásticas.

También debemos tener en cuenta que los EE.UU. han perdido en todos los conflictos en los que se han involucrado luego de la Segunda Guerra. Por tanto, se requiere más valor y fortaleza para evitar la guerra que para iniciarla. Los débiles han quedado en evidencia.

No a la guerra.

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