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Opinión

La impostura del periodismo

El sector del periodismo de los grandes medios de comunicación generalistas propiedad de los bancos, e incluso los públicos sobre los que ejercen gran presión, y con ellos, miles de periodistas a sueldo a su servicio, han confundido ya hace tiempo el periodismo con espectáculo, y con él, le quitan a la sociedad su derecho a la información.

Sus propietarios y directivos desdeñan el periodismo y los periodistas abrazan la fama o una estabilidad economico-laboral a cambio de renunciar al deber deontológico de su profesión. Lo argumentaré.

Hay que poner en valor que audiencia no es igual a buen periodismo, ni tan siquiera a periodismo. Sino que es igual a negocio.

Dudo que en las universidades de ciencias de la información formen a periodistas bajo el eidos (forma, verdad o principio) de; Negocio. Por la fuerte razón y fundamento que la información es un Derecho. Esto es, un bien público inalienable.

Un gran número de pseudoperiodistas que ocupan las primeras filas en pantallas y diales de los programas de mayor audiencia televisivos y radiofónicos, e incluso prensa de mayor tirada ya sea en papel o digital, se esfuerzan en explicar a la ciudadanía (audiencia) a la que cosifican y tratan como mercancía (número de espectadores transformados a beneficios económicos) que el periodismo consiste precisamente en esta lucha por las audiencias, (lucha por el negocio). Pero, claro, no lo explican así.

Para proteger éste su eidos oculto, y por tanto, impostura, apelan al periodismo legítimo que se imparte en las universidades y que deforman en los medios propiedad del poder. De hecho, en las universidades dejan bien claro en primero de carrera que su misión es de vigilancia al poder para denunciar sus arbitrariedades y ayudar a ejercer las fuerzas de contrapeso. Sin embargo, precisamente son a saber siervos de los Lobby financieros, en especial de la banca que son en la mayoría sus propietarios. De la impostura surge como no que ya no exista el verdadero periodismo de investigación, e incluso en otros países las mafias asesinen a los periodistas.

El discurso oficial en el que se amparan para justificar su falso periodismo para convencer que no es una impostura es que dan cabida a todas las opiniones sean o no fascistas, sean agradables o incómodas. E incluso hemos leído de Lucía Méndez Prada que “los periodistas no son lejía. No blanquean. Informan. Dan voz a los partidos legales representados en las instituciones por el voto de los españoles. Desde el 1 al 10 en la escala ideológica. Fascismo, comunismo, y demás ismos son cosa del activismo. No del periodismo”. Vamos a desmontar esta falacia.

En primer lugar hay que separar aquí un suceso fundamental, el fascismo español ha puesto sobre la mesa amenazas de muerte con bala a ministros electos democráticamente. Esto ya pasa a un “ismo” que de activismo no tiene nada, sino que es terrorismo, y por tanto, entra en el ámbito ético, democrático y del derecho penal. Por ende, blanquear el fascismo, ergo, terrorismo es ser su cómplice.

Para continuar, legitimar que el periodismo consiste precisamente en dar voz a todas las opiniones existentes en la sociedad, es sin lugar a duda otra de las falacias de las justificaciones que están empleando. Pues nunca dan voz ni invitan a las tertulias otra cosmovisión numerosa, el anarquismo, y un largo etcétera de posiciones sociopolíticas silenciadas. A esto contestarán que solo invitan a los que cuentan con representación institucional como acabamos de leer en palabras de Lucía Méndez Prada, y que por tanto se les otorga la relevancia y tiempo de dicha representación. Claro, por eso no dan voz al anarquismo pero si al negacionismo, que es otro lobby del neoconservadurismo.

La pluralidad de nuestro tiempo sigue siendo la de dar voz a los poderosos y silenciar a los pobres y las clases trabajadoras. Por esta razón entrevistan a Miguel Bosé y no a Alfonso Muñoz, un madrileño de Vallecas sobre el que el Estado ha encarnado la represión de nuestro tiempo contra la clase trabajadora, y por dicha razón se ha pasado un lustro en prisión por acudir a una huelga general, con un montaje policial como prueba en el juicio.

La sociedad está llena de los sin voz, de los explotados, de los represaliados a los que los medios del poder silencian y condenan al ostracismo. Las colas del hambre son manejadas a su antojo como mercancía pero tampoco les dan voz para que se expresen.

El periodista y presentador de la sexta, Iñaki López, ha publicado orgulloso en su cuenta de Twitter los datos de esta semana (en vísperas a las elecciones del 4 de mayo en la CAM) del programa de la sexta noche: 8,5% de cuota y una audiencia media de 958.000 espectadores según Barlovento Comunicación.

Pero aclaremos y bien saben que la audiencia alcanzada mostrada con tanto orgullo no ha sido debido al buen trabajo periodístico, sino a los candidatos invitados Pablo Iglesias y Mónica García de Unidas Podemos y al espectáculo de violencia y crispación que ofrecen en estos programas. Son, pues, también cómplices y artífices de la escalada de tensión, crispación y polarización social, debido a que ejercen de teatro para la catarsis de la violencia.

Los medios de comunicación y sobre todo en televisión llevan desinformando y manipulando a la población intencionalmente desde que se abrió y amplió el espectro televisivo a empresas privadas de un modo ya obceno. Es lamentable tener que decir que cuando solo existía la 1 y la 2 de RTVE, la televisión era más libre, plural y digna que ahora.

Los programas de embrutecimiento, violencia y pornografía que es de lo que viven los grandes medios privados de comunicación de nuestro país, lo han trasladado también a los espacios de la esfera social y política.

Llaman especialistas a sus todólogos pero bien se sabe que el cometido de estos asalariados que creen saber de todo y no saben de casi nada es crear ideología en la sociedad. Ideología de masas para alcanzar las mayorías en las urnas de los partidos que les paga y que defienden a la banca, dueños de los grandes medios de comunicación. Por tanto, bien sabe el periodismo que su intención es la de manipular a la audiencia. Y sacar beneficios del sucio y bajo espectáculo de la confrontación y la violencia y la pornografía.

El hipercapitalismo es descaradamente canibalismo y depravación. Ya no hay Mundo. Lo han fracturado todo. O eso es lo que pretenden, pero la sociedad no lo va a permitir, les va a plantar cara, a hacer frente para proteger la democracia y los derechos humanos y constitucionales. Las balas no podrán con nuestros corazones. Dar voz al fascismo ha quedado claramente representado en la imagen de las balas que es estar a favor del terrorismo. Esto es antidemocrático, anticonstitucional, inmoral e inhumano, y por su puesto, un delito.

O los periodistas no se enteran de qué están haciendo y con quién y para quién están colaborando y para qué, por tanto serían idiotas o mínimamente ingenuos. O lo saben muy bien pero prefieren abrazar al crimen en aras de la oportunidad que les brinda de fama y enriquecimiento económico personal a cambio de ser un lacayo que obedece al dedo que le ordena.

Si fuera cierto su discurso sobre que ellos se limitan a hacer periodismo dando visibilidad a las distintas voces de la sociedad, entonces nos trasladaríamos a otro escenario diferente tal como hemos explicado.

Si nos trasladamos a los tiempos de “La Clave”, programa de debate político español desarrollado, presentado y conducido por José Luis Balbín, que se emitió desde enero de 1976 hasta junio de 1993. Contaba con 4 horas de duración. La sexta noche dirigido por Eva Cabrero, y presentado por Iñaqui López tiene más o menos la misma duración. Sin embargo, la diferencia estriba en que en La Clave ciertamente se daba voz al amplio espectro de ideologías, inclusive el anarquismo, otro “ismo” silenciado en nuestro tiempo pero que los periodistas se llenan la boca dando voz al fascismo porque así de plural es el periodismo.

A La Clave acudían especialistas y no todólogos. Acudían también filósofos. Todo esto se ha diluido, desaparecido. ¿Dónde están hoy el resto de voces de la sociedad? ¿Dónde están los filósofos? ¿De qué nos temen? ¿A caso temen que desnudemos todas sus vergüenzas? Bien saben que lo haríamos. Por eso no nos invitan. Tanto nos teme el poder que nos tiene silenciados, e incluso ha intentado eliminar la filosofía de la educación para evitar que florezca una ciudadanía crítica que cuestione todas sus fechorías y malas conductas.

Los propietarios de los grandes medios de comunicación y los periodistas que trabajan en ellos, bien saben que lo que despliegan no es periodismo, sino espectáculo. El eidos, fundamento del periodismo es, a saber, velar por el derecho a la información y no velar por la desinformación, confusión y embrutecimiento de la sociedad. Menos aún apelar a la violencia del terrorismo y desestabilización social porque se lo manden los propietarios o les genere audiencia y sea sus fines ulteriores.

El periodismo, no consiste, pues, en transformar la información en espectáculo para conseguir audiencia y mucho menos romper la democracia y enfrentar a un país, en finalidad última de defender su negocio, aquí está la impostura. La información es un Derecho. No un negocio. La ciudadanía tiene derecho a ser informada, y el periodismo debe velar por ese derecho, sea público o privado el medio en cuestión en el que se ejerza periodismo, bien como trabajador o como propietario indistintamente. La información es un derecho inalienable.

Que el periodismo acepte las reglas de juego implantadas por el poder al nivel alcanzado, es de ponerse a su servicio en lugar de vigilantes tal como dice el deber deontológico de las ciencias de la información como ya hemos explicado. Pero además con el agravante de que romper esta premisa es aceptar la banalización del mal que estudió y denunció Hannah Arendt y que explica de modo claro y pormenorizado en su obra Eichmann en Jerusalén. Un estudio sobre la banalidad del mal.

¿Qué ha significado entonces el juicio de Eichmann? ¿Una comedia? ¿No hemos aprendido nada? ¿Esto es lo que aprendemos de la pandemia, abrazar la banalidad del mal? Hace poco me preguntaron en una radio digital; ¿es tiempo de filosofía de pandemia? Algunos compañeros decían que era tiempo de científicos. Claro, para hacer vacunas, pero por supuesto que sigue siendo siempre tiempo de filosofía, más aún en tiempos de crisis, porque de la banalidad del mal, no nos protege la ciencia.

¿Dónde queremos llegar? ¿Dónde queremos ir? ¿A caso queremos repetir la historia? Entrar en un bucle deformado del eterno retorno nietzscheano, porque vamos hacia ello si no apretamos el botón de freno de emergencia.

Podemos hacer una analogía del la justificación que está dando el periodismo a sus actos con la justificación que dio Eichmann para justificar los suyos, y por lo que Arendt concluyó que Eichmann sufría de idiotez moral.

El argumento del genocida nazi que asesinó en el holocausto a millones de judíos, comunistas, anarquistas, gitanos, gays, deficientes y tullidos, fue el siguiente: “solo cumplía con mi deber” de cumplir las ordenes. Esto es, idiotez moral.

En esto se ha convertido el periodismo español de nuestros días. En el despliegue de un ejercicio de impostura, relativismo y banalización del mal representado y conducido por un ejercito de idiotas morales que dicen que solo cumplen con su deber renunciando precisamente su a su deber deontológico. Pero no solo confunden el concepto del periodismo, el eidos fundamento de su propia profesión. Sino que también confunden el concepto del “deber”. Por encima del deber de cumplir órdenes está el deber deontológico profesional y el deber moral. La orden no está por encima del deontologismo, ni por encima de los derechos humanos, ni por encima de los derechos constitucionales, y por tanto tampoco por encima del derecho a la información. Esto es una impostura. Un atropello y un atentado contra la democracia, la sociedad y la humanidad.

 

 

 

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2 Comentarios

2 Comments

  1. antonio bellido

    27 de abril de 2021 23:54 at 23:54

    otro buenísimo articulo, enhorabuena, las cosas claras y el chocolate espeso

  2. mariano tomas Fuentes Alvaro

    28 de abril de 2021 10:21 at 10:21

    Un fiel retrato de como se mueven la mayoria de los periodistas, acertado, muy acertado, y solo disiento en una cosa: me creo poco que les mueva la fama cuando la realidad es que les mueve el tener un lugar en el pesebre metiendo ruido. Lo que se sembró en la Escuela Oficial de Periodismo de la calle Capitán Haya , en los años del corporativismo periodistico franquista, ha dejado huella y los Pedros Jotas,Cebrianes,Ferreras, Anas Rosas, Vicentes,Indas, etc,etc, son una muestra de ello y aquel ministro de la (DES)Información Traga Iribarne, democrata organico, estaria hoy contento de ver como aquella escuela ha dejado huella.

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