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Opinión

La maternidad es una condena

Crisis de natalidad han llamado al extraño fenómeno que sacude el estado español los últimos años, los nacimientos bajan dramáticamente. El futuro se apaga poco a poco y se buscan culpables. Según el INE, en el primer semestre de este año, solo han nacido 159.705 bebés. Las mujeres ya tienen una media de 1,19 bebés. Curiosas son las comparativas del dato, la tasa de natalidad no es tan baja desde el año 1941, en plena posguerra y en uno de los años más duros de la hambruna que asoló el país. Hambruna convenientemente silenciada pero que ocupa podio en una digna posición junto a otras como el Holodomor.  Curiosa fecha, 1941, donde como hecho obvio la tasa de natalidad descendió debido a la hambruna, los historiadores calculan que entre 200.000 y 600.000 personas murieron de hambre en los primeros años de esta década maldita silenciada por el régimen franquista. Pero, si hoy en día no hay tal nivel de hambruna ¿a qué se debe esta caída del índice de natalidad?

Según expertos, que en lo que a nuestros partos se refiere todo lo saben, la crisis de natalidad es debida a la crisis sanitaria en la pandemia y la posterior crisis económica. Aunque teniendo en cuenta que estas crisis sanitarias y económicas no están acarreando el mismo número de muertos que en la hambruna del 41, no parece una teoría muy sólida. Se obvian a sabiendas otros factores que hacen que las mujeres no queramos traer bebés al mundo.

No vamos a especular sobre las razones personales de las mujeres para traer criaturas a un mundo híper masificado y sin recursos porque es algo que a nadie atañe, repito, a nadie. Pero sí vamos a poner sobre la mesa los factores sociales, económicos y sicológicos que hacen que rechacemos la maternidad como forma de autoprotección. Las condiciones económicas actuales de las mujeres, teniendo en cuenta que lideramos las listas del paro, del hambre y somos las perjudicadas de la brecha salarial y las peores condiciones laborales, hacen inasumible el coste de tener un hijo. La falta de ayudas fiscales y sociales del gobierno y la falta de medidas de conciliación en el trabajo   a las mujeres embarazadas, hace que tengamos que asumir en exclusividad la labor de criar. La falta de implicación de los padres en la crianza de sus hijos que, aunque ha mejorado mucho todavía sigue siendo absolutamente deficiente, hace que la crianza en el hogar recaiga en la madre, limitando su vida personal, laboral, social y familiar. La falta de protección jurídica y del sistema hace que nuestros hijos sean utilizados como arma contra nosotras en casos de maltrato machista, bien por parte de los hombres o de la justicia, somos castigadas y controladas mediante nuestros hijos. La infantilización y patologización a la que somos sometidas las mujeres durante el embarazo y la crianza, nos anula como personas funcionales. La falta de una red sanitaria y ayudas a la educación, empobrece a las mujeres con hijos que en un vano intento de mejorar las condiciones materiales de su prole, condena a estos hijos a la enfermedad y la ignorancia. El eterno debate sobre el derecho de las mujeres al aborto, nos condena a parir queramos o no, o nos amenaza con hacerlo, es la forma de control patriarcal más evidente y brutal, obligarnos a parir.

Todos estos factores hacen que la maternidad sea una forma de control patriarcal en el momento en el que nos empobrece, nos aísla socialmente, recorta nuestros derechos, nos hace vulnerables ante cualquier agresión machista, coarta nuestro desarrollo personal y laboral. No parece apetecible traer bebés a este mundo de hombres, cuando van a ser utilizados para el control de sus madres y como mano de obra barata del sistema capitalista.

No estamos ante una crisis de natalidad, estamos ante una crisis de derechos para la mujer y la lógica respuesta de esas mujeres es renunciar a la maternidad.

El sistema capitalista y patriarcal ha convertido la sagrada maternidad en una condena para las mujeres y desaparecidos los yugos ideológicos, religiosos y familiares que nos obligaban a parir, las mujeres nos negamos a tener hijos huyendo de esa condena y del control económico, social y sicológico que supone para nosotras ser madres. Han convertido la maternidad en una forma de control hacia las mujeres y nosotras nos resistimos a ella. No time for love… and babies.

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