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El Megáfono

La violencia como última ratio

Por Marcos Ferrero

Como ya exponía el filósofo español Ortega y Gasset, ninguna clase o grupo social es tan violento como la burguesía.

Ni siquiera el movimiento obrerista tan señalado y demonizado por las derechas del orbe alcanzó ni por asomo una violencia como la que desplegó el fascismo, capaz de llevar a cabo genocidios y holocausto. Ortega, que no es precisamente sospechoso de progresista, tildó el fascismo de fauna invasora, y a ambos de movimientos de masas. Eso sí, no olvidemos que de diferente raíz, derechos frente a privilegios. La cuestión, es, cómo es posible que la masa trabajadora se divida en dos y una parte se niegue así misma y se pegue con sus iguales en favor de los privilegios de la clase que le explota y niega sus derechos. Veremos. No obstante, ningún colectivo ha generado en la historia la violencia que desplegó esta fauna salvaje. A saber, el fascismo, no es otra cosa que el brazo armado de la burguesía, que lo despliega a golpe de talonario cuando se le escapa a su control la democracia. Es decir, derecha y extrema derecha son una sola y misma cosa perteneciente al lobby burgués, el cual decide una u otra estrategia sofista o de acción directa según su interés particular en cada momento político, creyéndose históricamente con derecho a mandar por imperativo categórico.

Para las derechas que no simpatizan mucho con las democracias, la mejor forma de evitar un golpe de estado es precisamente imponiendo una dictadura a través de la acción directa, y culparán como causante de ello a la izquierda, aunque tienen una segunda opción que lo evite como decíamos al comienzo, tener ellos el control absoluto o el mayor posible en una simulación democrática. Esto es, que puedan coexistir en ella las izquierdas pero que nunca gobiernen. Si esto último ocurre, activan el mecanismo reaccionario con el que se aplicará la violencia como última ratio. En este término, la izquierda ni siquiera puede existir, para ellos, debe ser aniquilada. Según esta lógica histórica burguesa ultraconservadora y derechista, las izquierdas solo tienen dos opciones; ver, oír y callar en imposturas democráticas. O morir.

En el devenir histórico se constata como sistemáticamente las élites económicas aplican el ultraconservadurismo en forma de movimientos reaccionarios violentos y contrarreformas para evitar los avances de las reformas, revoluciones sociales y científicas que logran cambiar el Mundo, de ahí la lentitud con la que la humanidad avanza en su propia historiografía. Costó duras tragedias el poder pasar del mito al logos en el mundo griego que dio a luz el Parlamento, y por ende, la Democracia. O superar el geocentrismo en tiempos de Galileo con la inquisición. Veinticinco siglos le ha costado a la comunidad científica poder retomar el atomismo del presocrático Demócrito. Dos mil quinientos años a la sociedad occidental alcanzar el sufragio universal y los mismos en salir de las garras de la religión en la academia, la cual por el contrario sigue gozando de buena salud en el vulgo. Y es que, al contrario de lo que nos anunció Nietzsche, Dios solo ha muerto en el mundo científico, en el resto de esferas sigue muy presente tal y como podemos observar con el auge del negacionismo y conspiranoia. Se retoman las teorías de Dios y conspiraciones satánicas para señalar a comunistas y masonería, sindicalismos, feminismos y LGTBI, se añaden teorías de extraterrestres, recuperación de términos de guerra santa, terraplanismo, chips y mutaciones genéticas tras el covid, negación del cambio climático y un largo etc., de delirios y sandeces que nos encuadra nuevamente en el ámbito del mito y la disolución del logos, una regresión a lo antropomórfico y una renuncia a lo humano.

La mitología es ese lugar del que las derechas nunca quisieron salir y hacen lo posible por regresar, porque es el lugar en el que se pueden conservar los privilegios y los esclavos. Que siga calando el dogmatismo es debido a que el proceso de secularización en la población sigue muy estancado, más aún en un tiempo en el que vivimos de espaldas a las humanidades, de ahí la deshumanización y regresión que estamos experimentando y el caldo de cultivo que se ha generado nuevamente para el fanatismo reaccionario. Por esta razón sigue calando tan sorprendentemente en el siglo XXI los discursos neototalitarios y neofascistas. Prueba de ello es el asalto al congreso en Brasil, que es un corta y pega del asalto al capitolio de los EE. UU., el intento de golpe fallido en Alemania o las balas sobre la mesa al anterior Vicepresidente de Gobierno de España, como decimos, no son más que burdas mutaciones y mímesis de la cultura de la violencia de mismo linaje que encontramos a lo largo y ancho de la historia repleta de ultraconservadurismo reaccionario. Asimismo, sin ir más lejos, podemos recordar el violento pasado siglo XX con los casos de fascismo en España, Italia o Alemania que nos condujeron a la máxima violencia en forma de guerras civiles y I y II guerra mundial. La violencia como última ratio.

Para cumplir sus objetivos necesitan interrumpir y si puede ser destruir el funcionamiento de los parlamentos e instituciones democráticas empleando históricamente el mismo patrón; introducen en la opinión pública el bulo y la mentira, la manipulación de los hechos presentes e históricos, la polémica, la exaltación y crispación política, los sofistas, la parasitación e inutilización y colapso de lo público, la infamia y la calumnia, el conflicto, la provocación, el odio y la deshumanización, las escaramuzas, el terrorismo y el golpismo. En definitiva, instalar la confusión, el desorden y el caos para poder dar paso a lo que buscan, introducir la violencia como última ratio, y con ella, proyectar sus ansiados deseos de imponer sus apetitos.

Podríamos concluir, pues, que la burguesía es la clase especializada en el empleo del particularismo y la violencia. Históricamente tiene bajo su control; los mercados, los ejércitos, las fuerzas de seguridad, la justicia, las industrias y los medios de comunicación de todos los espectros, inclusive internet y redes sociales... A nivel político cuenta con una sola y misma herramienta, derecha y extrema derecha según la exigencia que requieran. Por esta razón no le importa simular respetar la democracia a su favor cuando les convenga. Para ellos, imponerse, es, por tanto, un imperativo categórico, es su único objetivo y finalidad particular sin necesidad de respetar ni contar con la pluralidad, y para lograrlo, si le es necesario recurren histórica y sistemáticamente tal y como hemos explicado y podemos volver a observar en nuestro tiempo, a su máxima y más provechosa especialidad, introducir la violencia como última ratio.

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