fbpx
Síguenos en

Búsqueda

LUH NOTICIAS

Inicio de sesión ¡Bienvenido/a de vuelta!

¿No tienes cuenta en LA ÚLTIMA HORA NOTICIAS? hazte socio/a ahora

Opinión

Las sombras del “Gran Centro”

“Gran Centro” es un término político inventado por el afamado periodista de La Vanguardia Enric Juliana en Febrero del año 2016, en plenas negociaciones (o más bien, presiones) entre los diferentes partidos para lograr que el acuerdo entre PSOE y Cs, conocido coloquialmente como “Pacto del abrazo”, sumara los apoyos necesarios para investir a Pedro Sánchez de Presidente y, esto se supo después, a Albert Rivera de Vicepresidente del Gobierno.

Juliana explicaba en aquel entonces de la siguiente manera las características que mejor definían tanto a los firmantes del acuerdo que él estaba definiendo como “Gran Centro”, como al tipo de proyecto político que se pretendía impulsar a través de : “Camisa blanca, buena planta, menos de cuarenta y cinco años, atrevimiento, lectura constante de las encuestas, gestión al minuto de las redes sociales, programas moldeables, empatía, buena relación con el empresariado y ninguna propuesta que Bruselas y Berlín no puedan acabar de digerir”.

En realidad, como es bien sabido, la firma de este acuerdo fue la fórmula que Pedro Sánchez encontró entonces, la primera de varias, para cerrarle las puertas a la propuesta de Gobierno de Coalición que poco antes le habían hecho llegar desde Podemos y sus 65 diputados/as.

Pese a que las urnas habían sido meridianamente claras y ya desde ese momento era posible convertir en fórmula de Gobierno y de dirección de estado lo que finalmente se llevó a la práctica tras las elecciones del 10 de Noviembre de 2019 (un Gobierno de PSOE y Podemos apoyado en otras fuerzas democráticas y progresistas de ámbito vasco y catalán), el PSOE prefirió pactar con Cs, primero, e ir a una primera repetición de elecciones, después, antes que cumplir con el mandato que los ciudadanos y ciudadanas habían emitido el 20-D de 2015.

El proyecto de “Gran Centro” que trataba de impulsar el PSOE de la mano de Cs, en esencia, hacia por tanto referencia a un movimiento político, con el que estaban de acuerdo los grandes poderes económicos y mediáticos del estado, que tenía por objeto impedir la llegada de Podemos al Gobierno del estado, manteniendo viva la cláusula de exclusión que desde la IIª República había mantenido fuera de cualquier Gobierno del estado a cualquier fuerza situada en eso que históricamente se ha definido como la izquierda a la izquierda del PSOE, así como el dirigir la acción de Gobierno hacia un proyecto de corte reformista capaz de impulsar un intento de cierre “por arriba” de la crisis de régimen puesta de manifiesto con la explosión del 15M en Mayo de 2011 y por todo el proceso político independentista/soberanista en Cataluña.

No era el primer intento de llevar a cabo algo similar, ni sería el último. De hecho, desde que Podemos irrumpiera con toda su fuerza impugnadora en las elecciones europeas de 2014, los movimientos e intentos de impulsar proyectos políticos de ese estilo han sido constantes.

Primero, con carácter previo al 20D, el intento de impulsar un proyecto de “Gran Coalición” que, al estilo alemán, uniera en un mismo Gobierno a los dos grandes actores del bipartidismo.

Posteriormente el mencionado proyecto de acuerdo entre PSOE y Cs (“Gran Centro”).

Más adelante, tras el golpe palaciego de Susana Díaz a Pedro Sánchez para forzar la investidura de Mariano Rajoy, lo que vino a llamarse como proyecto de “turnismo por abstención”. Es decir, una fórmula imaginativa y novedosa entre PSOE y PP por la cual hoy me abstengo yo para hacer Presidente a Rajoy, mañana te abstienes tú si se da la misma situación pero a la inversa, nos damos apoyo de Gobierno encubierto si fuese necesario para mantener la estabilidad, y así seguimos como siempre mientras nos necesitemos uno a otro para gobernar.

Más tarde, tras el fracaso de lo anterior por la victoria de Pedro Sánchez en las primarias del PSOE y cuando el PP entró en plena decadencia como consecuencia de sus innumerables escándalos de corrupción y el castigo electoral era ya imposible de evitar por ello, el intento de llevar a Albert Rivera a la Moncloa con apoyo masivo (“Rivera Presidente”), que llegó a situar a Cs a la cabeza de las encuestas para las elecciones que debían celebrarse en el año 2020.

Luego, tras la moción de censura que llevó a Pedro Sánchez al Gobierno por primera vez y especialmente tras las elecciones de abril de 2019, el intento de dejar gobernar al PSOE en solitario, haciendo acuerdos puntuales a izquierda y derecha, conocido como “Geometría variable”, y por supuesto, finalmente, el intento, rechazado por un Rivera que ya se veía a sí mismo como Presidente del Gobierno, de reeditar el acuerdo de 2016 para que PSOE y Cs formaran un Gobierno de mayoría absoluta tras el fracaso de la negociaciones entre PSOE y UP para formar Gobierno de Coalición y la constatación de que la “geometría variable” no daba.

En todos los casos, como se ve, además de ser fórmulas que pasarían por la implementación de un Gobierno que Juliana definiría como con “buena relación con el empresariado y ninguna propuesta que Bruselas y Berlín no puedan acabar de digerir”, se nos remite también a una misma constante: impedir la llegada de Unidas Podemos al Gobierno del estado e, igualmente, frenar de manera preventiva la construcción de un posible bloque de gobernabilidad y dirección de estado que, amparado en una mayoría progresista y plurinacional, pudiera aspirar a impulsar reformas profundas en las estructuras económicas e institucionales del estado, marcando un camino diferente al que durante décadas ha sido impulsado por los partidos del régimen, los poderes fácticos y los acuerdos de estado nacidos en la “transición”.

Hay también, obviamente, otra constante en el intento de impulsar todas estas fórmulas a lo largo de los últimos 6 años: todas ellas fracasaron.

Lo hicieron principalmente, además de por la realidad de crisis de régimen existente y sus diferentes derivadas electorales y parlamentarias, como consecuencia de diferentes decisiones que los distintos actores políticos tomaron de forma radicalmente autónoma y en defensa de lo que entendían eran sus intereses de partido o directamente los de alguno/s de sus líderes.

El PSOE no quiso sumarse a la “Gran Coalición” en 2015 porque eso hubiera supuesto dejar todo el espacio de la izquierda a Podemos en un momento en el que el partido morado estaba en pleno crecimiento social y demoscópico.

Rajoy no quiso permitir, con su abstención, el Gobierno de Sánchez y Rivera en 2016 porque eso hubiera supuesto renunciar al Gobierno del estado, y con ello el quedar al descubierto frente a su corrupción sistémica en un momento en el que hubiera sido muy tentador para los poderes económicos entregar al PP como cabeza de turco en el altar de la regeneración, y reemplazarlo por Ciudadanos como partido alfa de la derecha.

El turnismo por abstención no cuajó porque las bases del PSOE, históricamente mucho más de izquierdas que su dirigencia, prefirieron apoyar el proyecto político, “Podemizado” durante la campaña, de Pedro Sánchez, y se negaron a dejar a su histórico partido en manos de quienes habían entregado el Gobierno a M. Rajoy y querían hacer, de hecho ya los estaban haciendo de forma encubierta durante la dirección de la “gestora”encabezada por Javier Fernández y el trabajo de su Grupo Parlamentario en el Congreso, una Gran Coalición por otra vía.

Rivera no llegó a consolidar su liderazgo en las encuestas porque por medio el PSOE, con el apoyo fundamental en la construcción de los apoyos de Unidas Podemos, presentó una moción de censura, la primera y única exitosa en la historia de la democracia española, que echó a Mariano Rajoy de la Moncloa y dio un giro al estado de ánimo político del estado.

Pedro Sánchez no pudo reeditar su pacto con Cs en 2019 porque, precisamente, Rivera fue incapaz de recuperase de los efectos anímicos ocasionados por ese giro tras la moción de censura a Rajoy y, creyendo que en una repetición electoral podría superar al PP como primera fuerza de la derecha e incluso desbancar a Sánchez como Presidente del Gobierno, se negó.

Y obviamente ni el acuerdo PSOE-Cs en 2016 ni los intentos de Sánchez en 2019 por gobernar en solitario con la fórmula de la “geometría variable” pudieron salir adelante porque Podemos, primero, y Unidas Podemos, después, se negaron en rotundo a legitimar cualquier gobierno que pudiera dar pie a hacer políticas de derechas e impulsar un proyecto gatopardiano como los mencionados. Además de porque en ningún momento se prestaron a renunciar a estar presentes, con la fuerza que les correspondía en cada momento, en el Gobierno del estado y a impulsar desde allí lo que las urnas venían dictaminando y reclamando desde el 20D de 2015.

Les expongo todo esto porque creo que seríamos muy ingenuos si pensáramos que el régimen, sus medios, sus poderes económicos y sus partidos, han renunciado a impulsar un proyecto de “Gran Centro” en cualquier versión que le sea posible configurar según el contexto histórico.

De hecho, el giro dado por el PSOE en su último Congreso parece bastante elocuente al respecto. La presencia de Unidas Podemos en el Gobierno y la participación de partidos como EH Bildu, ERC, etc., en la gobernabilidad del estado, es un sapo que al PSOE no le ha quedado más remedio que tragarse dadas las circunstancias históricas que todos conocemos, pero del que continuamente da muestras de querer escapar para volver a otro tipo de escenario más del estilo como el que hubiera querido impulsar en 2016 o en 2019 antes del 10-N.

Obviamente nada de eso será posible mientras Podemos y UP estén fuertes electoralmente y a su vez sigan conservando la radical autonomía política que les ha caracterizado. Ni mientras las urnas sigan dictaminando que quieren Gobiernos de izquierdas y capaces de llegar a acuerdos con las fuerzas democráticas y progresistas de la plurinacionalidad constitutiva del estado, y Unidas Podemos sea consecuente con ese mandato y ese proyecto de dirección de estado. Ni mientras las grandes decisiones de estado se tomen en el Parlamento y en éste exista una mayoría progresista y plurinacional, que se haga valer e impulse en esa misma dirección la política española en los principales temas, como la que viene existiendo desde 2015.

Cualquier otra fórmula, incluidas aquellas que impliquen, en las grandes cuestiones estructurales o de estado, anteponer decisiones tomadas por fuera del Congreso a las negociaciones con los partidos de izquierdas votados en las urnas para estar presentes en las cámaras defendiendo sus programas electorales, o aquellas que impliquen romper el bloque de dirección de estado actualmente en desarrollo en aras de aceptar como buena la “geometría variable” del PSOE porque así nos pueda interesar en un determinado momento, tal vez pueda dar un rédito inmediato en alguna votación concreta, pero podría estar abriendo la puerta a algo muy peligroso de cara al futuro que está por venir en los próximos años y su debates relacionados. Entre otras cuestiones porque los argumentos que vinculen la aprobación de determinadas políticas de una u otra manera, con un contenido u otro, con la recepción o no de los fondos europeos, irán en aumento.

Juliana, tal vez, lo llamaría la “Gran Concertación”. A los artículos que viene realizando desde abril de 2020 en relación a los “Pactos de la Moncloa” y la Gobernabilidad del estado, me remito. Ya saben: “buena relación con el empresariado y ninguna propuesta que Bruselas y Berlín no puedan acabar de digerir”. Si fuera con UP dentro, sería la victoria final.

Comparte esta noticia

TE NECESITAMOS PARA SEGUIR CONTANDO LO QUE OTROS NO CUENTAN

Si piensas que hace falta un diario como este, ayúdanos a seguir.

HAZTE SOCIO por 5 euros al mes

Click para comentar

¿QUIERES AÑADIR UN COMENTARIO?

HAZTE SOCIO/A AHORA o para poder comentar todas nuestras noticias

TE NECESITAMOS PARA SEGUIR CONTANDO LO QUE OTROS NO CUENTAN

Si piensas que hace falta un diario como este, ayúdanos a seguir.

HAZTE SOCIO por 5 euros al mes