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Opinión

Llave feminista

Violencia machista, violencia patriarcal, violencia psicológica, violencia física, violencia sexual, violencia económica, violencia institucional, violencia política, violencia vicaria, violencia sanitaria, violencia invisibilizada y me falta el aire para seguir, con los dientes apretados, enumerando más tipologías de violencia que en definitiva siempre se ceban en mayor medida contra las mujeres. Contra las mujeres que viven bajo un sistema constituido desde la visión masculinizada, cis, heterosexual y siguen, como consecuencia, sufriendo eso: la maldita violencia. Y no, no todos los hombres son machistas, pero sí todos los agresores son hombres. Pero no, hoy no vengo a elaborar un debate sobre dónde han de estar los aliados feministas hombres o cómo plantamos cara con datos a alguien que nos hable de los porcentajes irrisorios sobre que hay mujeres que también ejercen violencia. Hoy vengo a hablar de este 25N y del Día Internacional de la Eliminación de la Violencia Contra las Mujeres.

Y es que, maldita violencia que quiebra las mentes, las democracias, el avance y el presente de tantas. Hay un dato aterrador: 1 de cada 2 mujeres ha sufrido algún tipo de violencia machista a lo largo de su vida, pero siempre me pregunto de forma más temerosa qué ocurre con ese 50 %, una mitad que seguramente no haya percibido la violencia, la haya obviado, la haya normalizado, la haya eliminado de la realidad. No hay peor remedio a la violencia que volverla habitual, hacerla cotidiana, dejarla fluir como si no hubiera un problema, minimizarla, silenciarla y entonces dejar de percibirla. Es todavía más aterrador sospechar que 1 de cada 2 mujeres ha sufrido algún tipo de violencia machista a lo largo de su vida y la otra mitad no ha sabido identificarla o la va a vivir o la está permitiendo y la ejerce. ¡Qué se yo - me digo entre mis pensamientos - si de lo que no se habla no existe y si no se habla volvemos a dejarlo en casa, a no percibir el problema, a decir que son inocentes tradiciones!

Vuelve otro 25N con sus minutos de silencio por aquellas que no están, para que ninguna más sea asesinada, violada, vejada, invisibilizada, ninguneada, y un horroroso largo etcétera. Un 25N donde los medios se solidarizarán, todos los partidos políticos se harán la foto. Hasta esos medios y partidos que habitualmente ladran quitándole hierro y volviendo de nuevo a dejar en insignificante las cuestiones más serias de la sociedad. Incluso estos que ejercen la violencia desde la normalidad vestirán con los lazos de color morado en la chaqueta, y cuando la solapa todavía muestre alguna muesca de haber estado deshilachada por el roce del alfiler, habrá quien sin concienciación posible seguirá en su rumbo de ejercer, sostener o invisibilizar la violencia sin reflexión alguna.

Un 25N más volvemos a rechazar la violencia donde la mujer ocupa un puesto de vulnerabilidad. Un 25N donde es más que nunca necesario para reflexionar. Gracias al movimiento feminista, no solo en la última década sino en todos los siglos de lucha, debemos y tenemos que seguir luchando en contra de ese largo apellido de la violencia que se ejerce sobre las mujeres. La brecha salarial, los suelos pegajosos, los techos de cristal, los malabares de la conciliación, los gritos desde las ventanas o el acoso en un bar hasta cualquier tipo de brutal abuso, violación o asesinato son aspectos cada vez más conscientes para la sociedad y por ello con una mayor unanimidad para su rechazo. Pero su rechazo ha de ser rotundo, diario y por lo tanto volverlo cotidiano.

Cuando vemos los ataques a la ministra Irene Montero, ejemplo claro de violencia política, apreciamos una eterna carrera, como se dice en mi tierra aragonesa de a ver quién la echa más gorda. Ataque a una persona que se traduce en ataques destinados a todo el Ministerio de Igualdad del Gobierno de España extrapolable a la democracia, a todas las feministas y, en definitiva, a todas aquellas personas que no piensan como ellos, como los que atacan e intentan mermar el resultado de la voluntad del pueblo. La ministra Montero está dando un ejemplo, no de resistencia individual, ella no tendría por qué aguantar tales golpes, sino de visión y sentido común, de un análisis colectivo y de protección hacia una línea de tolerancia hacia la diversidad, hacia la mediación y hacia el entendimiento del que tanto nos ha enseñado el movimiento 8M durante años frente a aquellos, en definitiva, carcas que ejercen de forma desmedida tales actitudes y comentarios violentos.

Hemos de seguir trabajando en contra de las violencias, desde las calles, desde esa guía que son los movimientos sociales y vecinales y desde leyes competentes como la Ley solo sí es sí, una legislación del Ministerio de Igualdad defendida por las juristas feministas que es garantía de protección de las mujeres con centros de crisis 24 horas, atención integral y que equipara derechos para las mujeres víctimas de violencias sexuales que hasta ahora no tenían. Porque, por todo ello: la conquista de derechos es claramente un ejemplo de lucha antifascista.

Para quienes activan sus políticas de odio, para quienes cargan contra migrantes, prostitutas, madres, lesbianas, trans o bisexuales, por poner solo algunos ejemplos, más que nunca: aquí estamos las feministas. Porque, como decía Virginia Woolf: no habrá cerraduras ni cerrojos que pueda imponer la libertad de nuestra mente. Y ante tanto cerrojo: llaves, llaves que abren y brindan derechos.

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