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Opinión

Lo de Évole sobre Ferreras

Con el recomendable sosiego que exige toda digestión, he dejado pasar una semana antes de acometer un ejercicio de análisis del texto publicado por Jordi Évole en La Vanguardia el pasado 17 de julio. Dedicaba Évole su artículo, titulado “Lo de Ferreras”, a la polémica grabación realizada por el ubicuo comisario Villarejo, y dada a conocer por Crónica Libre, en la que el presentador de Al Rojo Vivo reconocía saber que era falsa una información sobre la financiación de Podemos que La Sexta a pesar de ello difundió un mes antes de las elecciones generales de 2016.

La estructura del análisis será la siguiente: Primero reproduciré una frase del artículo de Évole y a continuación haré mi comentario.

Voy allá:

J.E. Hace tiempo que no aspiro a ser héroe de nada, ni el Robin Hood de las causas justas, ni el más valiente por alzar la voz donde otros no la alzan.

J.T.: Uy, uy, uy, este preámbulo…

J.E. Este artículo no va de eso. No quiero dar lecciones a nadie. Todos tenemos nuestros muertos en el armario y ese titular a cinco columnas que podría arruinar nuestra carrera.

J.T. ¿Todos, todos? Pues a lo mejor resulta que no.

J.E. Trabajo desde hace 16 años en La Sexta, del grupo Atresmedia. Alguien me dijo que las televisiones eran como un hotel: tienen tantas habitaciones que es imposible que te gusten todas, pero tienes que aspirar a decorar la tuya como quieres.

J.T. Ya va largo el preámbulo y cuesta entender la comparación con los hoteles, a menos que estemos hablando de un tipo de hoteles muy especialito.

J.E. En algunas ocasiones, la dirección del grupo ha sentido orgullo por lo que hacemos. Otras, la línea editorial de mis programas no ha coincidido con la de los jefes y no por eso han dejado de emitirlo, aunque hayamos discutido hasta el infinito y más allá.

J.T. Ha habido programas memorables, es verdad, pero seguro que también hubo algún “memorable” que se quedó sin hacer, por mucho que se discutiera “hasta el infinito y más allá”.

J.E. Hay algo de matrimonio de conveniencia: nosotros hacemos programas incómodos para los de arriba, pero como el programa lo ve mucha gente, los ingresos publicitarios y la repercusión que genera satisfacen a los mismos a los que les causa incomodidad.

J.T. Incomodidad que no suele aguantar dos asaltos, es decir, una segunda entrega del “programa incómodo”. A la primera llamada del anunciante de turno al despacho adecuado “sugiriendo” que mejor no vuelva a repetirse… no vuelve a repetirse.

J.E. A la vez, es un lujo trabajar con unos presupuestos que nos permiten tener los medios y las plantillas necesarias, y además emitirlo por una cadena con mucho más público que otros canales alternativos.

J.T. Esa cadena con “mucho más publico” ha jugado a ser de izquierdas sin serlo para así colar con mayor eficacia mensajes contundentes, en ocasiones falsos, contra los partidos de izquierda.

J.E. No creo en las organizaciones monolíticas. Es bueno que en las empresas haya debate, autocrítica, y exponerla si es necesario. Creo que ahora es un buen momento para hacerlo.

J.T. Ahora y siempre.

J.E. Tengo una muy buena relación personal con Antonio García Ferreras.

J.T. ¡No me digas que también anda diciendo por ahí que eres “como su hermano”!

J.E. Podemos hablar y discrepar de todo, menos del Real Madrid.

J.T. ¡Menos mal!

J.E. Ferreras, para quien lo haya olvidado esta semana, era el jefe de informativos de la Ser cuando esa cadena informó a sus oyentes de que el atentado del 11-M no había sido obra de ETA, tal como mantenía el gobierno, a tres días de unas elecciones generales. Ferreras, al frente ya de La Sexta, ha defendido contenidos comprometidos y ha remado a nuestro favor en momentos complicados.

J.T. Cuando se aborda este párrafo, el lector ya sabe que el articulista está preparando el terreno para lo que vendrá a continuación. ¿No hubiera sido mejor ir al grano desde el principio sin tanta subordinada previa? ¿Es preciso que el halago conste por escrito?

J.E. He participado en sus programas siempre que me lo ha solicitado. Los dos tenemos muy claro que ni él me debe nada a mí ni yo a él.

J.T. ¿Seguro?

J.E. Nos respetamos y nos apreciamos. Y discrepamos. A mí me gusta la tele reposada y a él la frenética, donde constantemente pasan cosas aunque no pasen. Él dice que soy el finolis del Rincón del Gourmet y yo le replico que su fast food no tiene por qué indigestar.

J.T. Relación versallesca donde las haya, vive dios!

J.E. Pero para eso hay que evitar los alimentos tóxicos, y si tú incluyes entre tus ingredientes habituales la especia Inda, es fácil que te intoxiques.

  1. T. Acabáramos, es decir, que todo se reduce a Inda. Vale, vale, ya me voy enterando.

J.E. Seguro que yo tampoco saldría bien parado de una grabación robada con Villarejo.

J.T. Está bien eso de curarse en salud, que nunca se sabe.

J.E. Alguna de mis frases y el tono de colegueo que él practica me sacarían los colores, como creo que en el fondo sonrojan a Ferreras, quien, por cierto, también dice frases en esa conversación que le dejan en buen lugar, como destacaba en Twitter el periodista Carlos Hernández.

J.T. Menos mal.

J.E. Pero creo que a Ferreras le ha faltado autocrítica.

J.T. ¡Por fin la oración principal! Ha costado, ¿eh? En el último párrafo casi.

J.E. Su audiencia la hubiese entendido mejor que su huida hacia delante, su cierre de filas.

J.T. Lo de “cierre de filas” igual no resulta la expresión más afortunada, ¿no? Se presta a interpretaciones perversas y hay mucho malvado por ahí suelto.

J.E. Algo estamos haciendo mal. Y sería bueno que lo corrigiésemos. Hemos dado demasiadas lecciones de periodismo, de objetividad, y ahora se nos exige lo que hemos exigido a los demás.

J.T. Igual estoy viciado, pero como me ha tocado redactar muchos comunicados en mi vida, estas últimas líneas me suenan a frase consensuada, pero seguro que me equivoco.

J.E. La Sexta ha llegado a donde ha llegado gracias a profesionales como Ferreras. Lo que ha costado tanto ganarnos lo podemos perder rápidamente.

J.T. Y tanto, pero no me digas que de eso te has dado cuenta solo tras escuchar los dichosos audios.

J.E. No confundamos el informar con el influir, por más que esa sea una de las debilidades del oficio. Ejerzamos nuestro poder, con honestidad, sin histrionismos, sin linchamientos. Y recordemos que no somos ni el primero, ni el segundo, ni el tercero. Somos el cuarto poder. Que no es poco.

J.T. Se me escapa a quién va dirigido este desiderátum con efluvios jesuíticos, ¿a Ferreras? ¿a los jefes de la empresa? ¿a ti mismo? ¿a todos? Como remate rechina y como reflexión final se me queda corta.

 

Algunas observaciones para cerrar

- ¿Dónde está la alusión a los audios de Ferreras, diciendo “estos bolivarianos”, o “sufren de cojones”, o “matamos a Monedero”, o “le di la oportunidad a Pablo…”

- Ferreras e Iglesias… ¿cómo se pueden tener dos amores a la vez y no estar loco, que cantaba Machín?

- Parafraseando a Wittgestein en el párrafo final de su célebre Tractatus, hay charcos en los que es mejor no meterse, verdad?

- No se puede estar al mismo tiempo en misa y repicando.

- Lo escrito, escrito queda y a veces suele volverse contra quien lo firma sobre todo si el resultado es, como en este caso, un complicado ejercicio de equilibrismo imposible. Esperemos que no sea el caso.

 

Consideración final

El trabajo periodístico de Jordi Évole cuenta con piezas memorables que dignifican la profesión. Sobre algunas de ellas he hablado en conferencias y cursos de los que imparto por esos mundos. Las he contado, las he proyectado, las he analizado y las he admirado. Con esa misma actitud, con esa misma mirada, es con la que me he permitido hacer este análisis de su artículo en La Vanguardia sobre Ferreras. O al menos lo he intentado.

 

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2 Comentarios

2 Comments

  1. mariano tomas Fuentes Alvaro

    24 de julio de 2022 10:56 at 10:56

    Me ha gustado el análisis y creo que muestra lo dificil que es ser un paladin de la verdad habitando en medio de un «charco de ranas», como diria la señora Espe.
    Y una vez más se muestra, tambien, lo dificil que es nadar y guardar la ropa, más aún si nadamos en aguas contaminadas por lo del pesebre mediático.

  2. Ander

    24 de julio de 2022 13:40 at 13:40

    Jordi Évole lleva ya una temporada con «flojera de remos», podíamos decir. Un tipo digno (salvo que grabaciones de Villarejo nos destapen algún asunto turbio) y me cae bien, pero el artículo de La Vanguardia sobre los audios Villarejo-Ferreras es infumable. Querido Évole, no encuentro otra explicación que no sea tu enfermedad. Rectifica en cuanto puedas.

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