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Análisis

Negacionismo y ultraderecha, una alianza inquietante

Los discursos ultraderechistas entroncan con los de grupúsculos negacionistas apoyados en corrientes pseudocientíficas apoyadas a su vez en mentiras y medias verdades sobre el COVID y las vacunas.

Negacionismo y ultraderecha, una alianza inquietante

Este año 2021 que ahora acaba empezó con una tropa de conspiranoicos y ultraderechistas asaltando el Capitolio para dar un golpe de Estado que revirtiera el resultado de las presidenciales de noviembre del pasado año 2020, es decir la derrota de Donald Trump. Esas imágenes de miembros de la alt-right [derecha alternativa] de la “incorrección política”, confederados próximos al Ku Klux Klan y ultras de todo pelaje –incluidos neonazis– campando a sus anchas por la sede del Congreso de Estados Unidos pasarán a la historia de este 2021.

Una nueva marcha contra el denominado pasaporte COVID y la vacunación infantil recorría este domingo las calles del centro de València a los gritos de “no es una pandemia, es un genocidio”, “libertad” o “no al pasaporte judío” y entre pancartas de “¿cuándo vais a contar la verdad?”, “vacunas de la muerte” o “Resines: a todo cerdo le llega su San Martín”, en referencia al actor Antonio Resines, que está ingresado en la UCI. Unión Activa Valencia, una de las organizaciones convocantes de la manifestación, aseguró que en la marcha –la mayoría de cuyos participantes realizó el recorrido sin la preceptiva mascarilla, según diversos medios– hubo “gente de todas las edades, religiones, sexos, ideologías y razas” porque “somos apolíticos”, pero diversas fuentes han denunciado que miembros partido ultraderechista España 2000 participaron activamente en la misma. El presidente de Vox, Santiago Abascal, cargaba también este domingo contra el Gobierno de coalición por “pretender imponer” para hacer “vida normal” un “pasaporte apartheid” –en referencia al pasaporte COVID–, criticaba la “complicidad” de los ejecutivos autonómicos por apoyar al Gobierno y adelantaba que Vox apoyará “las manifestaciones contra este despropósito”.

Este mismo lunes se ha publicado que un policía local negacionista de Alacant –que ya había sido suspendido de empleo y sueldo por negarse a llevar mascarilla durante su jornada laboral– ha amenazado al presidente de la Generalitat Valenciana, Ximo Puig, con “darle dos hostias” por imponer el pasaporte COVID para realizar ciertas actividades en la comunidad autónoma. “Esta impunidad que tienen hay que quitársela a hostias”, ha dicho el policía local sobre Puig y otros presidentes autonómicos de diversos partidos en un vídeo que circula por las redes sociales.

El Índice Global de Terrorismo 2020, publicado por el Instituto para la Economía y la Paz, constataba el mayor repunte de atentados ultraderechistas del último medio siglo en Occidente y advertía de que abordar el fenómeno sólo en términos de «organizaciones terroristas» constituye “un marco demasiado estrecho”, pues las tendencias reflejadas por el propio índice y “confirmadas por la movilización extremista durante el COVID” muestran “la necesidad de comprender las manifestaciones y los principios organizativos” del fenómeno, que “cambian rápidamente”. Así, instaba a tener en cuenta, junto a las «organizaciones terroristas» formales, “los ecosistemas más amplios, las formaciones ideológicas y las subculturas online de las que emanan cada vez más estas amenazas”.

Los discursos ultraderechistas entroncan así con los de grupúsculos negacionistas apoyados en corrientes pseudocientíficas apoyadas a su vez en mentiras y medias verdades sobre el COVID y las vacunas –los denominados antivacunas no constituyen un fenómeno precisamente nuevo, aunque han proliferado durante la pandemia–, que han encendido todas las luces de alarma en sociedades médico-científicas como la de Medicina Interna (SEMI), la de Medicina de Familia y Comunitaria (SEMFYC), la de Médicos de Atención Primaria (SEMERGEN) o la de Médicos Generales y de Familia (SEMG).

Dos conceptos importantes

Al hilo de esta inquietante alianza entre negacionismo y ultraderecha –que si por libre ya preocupan, más lo hacen aliados– “hay dos conceptos importantes”, destaca la coordinadora de Política Sanitaria de Podemos, Amparo Botejara. Uno, que del desprecio por la ciencia –plasmado en este caso en la negación de la evidencia de que las vacunas hacen disminuir el número de muertes por COVID– a quemar libros “sólo hay un paso”; el otro, la paradoja de que grupos de ultraderecha se llenen la boca de libertad, “cuando su fórmula social es la intolerancia y el autoritarismo”, destaca la también médico de Familia, consultada por LUH.

En la misma línea, las sociedades médico-científicas vienen recordando que “el conocimiento médico basado en la evidencia científica es la única vía para hacer frente con garantías a una de las mayores pandemias de nuestra historia reciente”, y apelando por ello a “la responsabilidad colectiva” para “no dar difusión ni otorgar veracidad o credibilidad a teorías acientíficas, conspiratorias y oscurantistas que nos retrotraen a épocas pretéritas felizmente superadas”. En este sentido, denuncian “la desinformación y los bulos” sobre el COVID –difundidos sobre todo “a través de internet y las redes sociales”– y calificado de “vital” hacerles frente, pues “suponen un riesgo cierto para la salud poblacional”, y han llegado a tildar a los grupúsculos negacionistas y corrientes pseudocientíficas de “evidente amenaza social” por alentar “de manera irresponsable” la desobediencia a “medidas contrastadamente eficaces para luchar contra la pandemia”.

El del negacionismo del COVID no es un movimiento homogéneo –de hecho, sus tentáculos no alcanzan sólo a la ultraderecha, ni mucho menos–, sino una marabunta de grupúsculos que van desde los que sostienen que esa enfermedad infecciosa –causada por el virus SARS-CoV-2– y su pandemia mundial –reconocida por la Organización Mundial de la Salud en marzo del pasado año 2020– son una simple gripe hasta los que aseguran que ni siquiera existen. Otros sí reconocen la existencia del COVID e incluso su impacto real, pero se niegan a adoptar medidas como la utilización correcta de mascarillas, la higiene de manos o el mantenimiento de una distancia social adecuada, y optan por remedios de cuyos peligros advierte la OMS. “Añadir pimiento picante a la sopa u otras comidas no previene ni cura el COVID”, “pulverizar lejía u otros desinfectantes sobre el cuerpo o introducirlos en el organismo no protege contra el COVID y puede ser peligroso”, “beber metanol, etanol o lejía no previene ni cura el COVID y puede ser extremadamente peligroso”, “beber alcohol no lo protegerá del COVID y podría ser peligroso”, “no deben utilizarse lámparas de luz ultravioleta para desinfectar las manos u otras zonas de la piel”… Son algunos de los “consejos para la población” que la propia OMS ha tenido que dar –precedidos del término “demostrado”– ante los “rumores” sobre la enfermedad infecciosa.

Mientras tanto, siguen los despidos de médicos y otros sanitarios, los retrasos de las citas médicas y los colapsos en los centros de salud, probable antesala de nuevos colapsos en las UCIs. En palabras de Pablo Iglesias, la principal lección de esta pandemia debe ser la necesidad de reforzar la sanidad pública y liberar las patentes de las vacunas contra el COVID, y es que en el fondo todo esto no va sino de una lucha contra los enemigos de lo público. Enemigos de lo público entre los que por supuesto que se encuentran las multinacionales tanto de la industria farmacéutica como de la sanidad privada, pero también grupos de ultraderecha como los que hace casi un año asaltaron el Capitolio reivindicando a Trump o como los que este domingo han recorrido las calles de València a golpe de conspiranoia.

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1 Comentario

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  1. Pintaius .

    28 de diciembre de 2021 13:45 at 13:45

    No estoy vacunado porque cuando me llamaron para administrarme la primera dosis, 1) ya había pasado la covid, y 2) soy alérgico; ¿Sabías, Javier, que esos dos grupos de personas fueron excluidos en las fases de estudio de las farmacéuticas? ¿Conocías ese dato? ¿Era segura la vacuna para mí? ¿De verdad lo era?

    Si todo el mundo se vacunara pararíamos la pandemia. Frase de la cual es fácil deducir que si estoy vacunado no me voy a contagiar y por lo tanto no voy a contagiar a nadie. El hecho de que si estoy vacunado tenga acceso libre a viajar, a entrar en discotecas, bares, restaurantes y demás, y no así los que están sin vacunar, refuerza esa deducción. Pero no, las vacunas contra la covid fueron diseñadas, exitosamente, para evitar la enfermedad en su forma más grave, NO para evitar la transmisión del virus; cualquiera que se moleste en leer los propios documentos de la mismísima Pfizer lo puede comprobar. ¿Los has leído, Javier?.

    Y así nos va. Los jugadores del Real Madrid tanto de fútbol como de baloncesto, por poner un ejemplo notorio, el día antes de conocer que eran positivos tenían libre acceso a donde quisieran para contagiar a quienes se acercaran lo suficiente. Acojonante, ¿eh?.

    Supongo que decir esto ya me convierte en un antivacunas, terraplanista y de ultraderecha; y como ya he leído en otros artículos, en un despojo humano al que no deberían de atender en el Sistema de Salud en caso de que enfermara de covid, por zoquete y malvado.

    Y ya, lo de poner a los niños una vacuna que no necesitan y que no evita, ni tan siquiera minimiza, la transmisión del virus, creo que nos convierte en una sociedad profundamente enferma con virus o sin él.

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