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Opinión

No a la Guerra: la proclama más necesaria de estos tiempos

No a la guerra

Tiene delito que a una la llamen “radical” por defender el uso de la diplomacia para la resolución de los conflictos. Aunque lo cierto es que no se aclaran porque de radical pasan a llamarte “ingenua” con la misma facilidad con la que olvidan que en todas las guerras pierden los mismos: los pobres ponen los muertos, los ricos ponen las armas.

Y el Estado español, mal que nos pese, ha decidido que aquí va a contribuir del lado de los ricos, de los que ponen las armas. Como si eso fuera a salvar las vidas de la población civil, como si eso fuera a derrotar a Rusia y acabar con el conflicto… Como si no implicase, al contrario, que se alargase el enfrentamiento en el tiempo, aumentando el número de bajas y también el grado de sufrimiento.

En esta sociedad tan presa de la tiranía del presente, que no se da un segundo para el aliento, caemos con facilidad en el uso de las consignas por encima de nuestras posibilidades. Lo hacemos todos, en mayor o menor medida, a lo largo del día. Pero esa prisa no justifica, en ningún caso, que a un movimiento tan poderoso, noble y esperanzador para el futuro de la humanidad, como es el antibelicista, se le tache de caduco o de ingenuo.

Fue el movimiento pacifista el que salió a la calle masivamente en 2003 bajo el lema “No a la Guerra”. Ese mismo movimiento no se creyó el argumento de las armas de destrucción masiva entonces y una marea humana de millones de personas nos movilizamos en todo el mundo.

Lo teníamos claro y lo dijimos por todos los medios posibles. Y no. No paramos la guerra. Hubo consecuencias económicas durísimas, desplazamientos, muertes injustas y, de nuevo, mucho sufrimiento. También hubo quienes se enriquecieron y aquí nos llegó, tiempo después, el 11M. Porque las consecuencias de las decisiones en caliente las paga siempre la población civil inocente, que no ha tomado parte alguna en las negociaciones, ni ha sido escuchada en modo alguno.

Veinte años después, estoy segura de que ninguna de las personas que entonces salimos a la calle con rotundidad y vehemencia nos arrepentimos ni un solo día de aquella lucha. Como seguro que tampoco se arrepienten los dirigentes del PSOE que la apoyaron, ni los medios de comunicación cercanos al partido que mantuvieron esa postura. Entonces el PSOE, es verdad, no era Gobierno, era oposición.

Dice el Ministro José Manuel Albares que no se puede comparar la guerra de Irak con el actual conflicto de Rusia y Ucrania. Lo dice por el contexto, por la violación al derecho internacional de Rusia, que es quien no quiere la paz. Y estamos de acuerdo en que Rusia no quiere la paz. Parece evidente cuando lo que ha hecho es invadir el territorio de otro país. Pero es que tampoco parece quererla la OTAN, que ha provocado hasta límites insospechados la posición rusa.

Pensemos algo. EEUU tiene especial facilidad para los conflictos bélicos que nunca se juegan en su territorio, siempre en el de los demás. Para muestra sólo un pequeño botón: en los últimos días, la empresa armamentística estadounidense Lockheed Martin, subió un 11% en bolsa, lo que suponen alrededor de 10.000 millones de dólares más.

Pero volvamos al antibelicismo. No hay nada más democrático que defender la paz. Y ni la democracia ni la paz son gratuitas. Costaron el esfuerzo de generaciones y varias décadas. Ninguna de las dos, a la vista está, es completamente sólida. De lo contrario, no estaríamos en estas. Cada dos por tres nos sorprenden las noticias de corrupción política que manchan la política y ayer mismo nos enterábamos del archivo de la Fiscalía por las causas de blanqueo y cohecho del rey emérito. Por si fuera poco, ahora la nueva Guerra Fría llama a nuestras puertas.

En este panorama, la única posición también posible y necesaria, tan necesaria como la defensa de la propia vida, es la de mantenerse firme en las convicciones que sustentan un proyecto de país democrático, sostenible y de futuro. Y el antibelicismo es un ingrediente fundamental en aquel.

Pacifismo y democracia se dan la mano de forma incontestable. Implican renuncias y entendimiento, arrojo para dejar de ahondar en la senda del enfrentamiento y cesiones. De hecho, si hay algo en democracia irrenunciable es que seamos capaces de abrir los debates que tenemos pendientes como sociedad.

Precisamente, el mayor desafío al que se enfrenta la humanidad es el climático. Por eso, tener energías en manos de los pueblos y ser independientes de potencias extranjeras y oligarcas se hace fundamental. Ojalá se estuvieran aprovechando estos días para hablar de esta necesidad tan enorme. Pero, como siempre, las prisas mandan y el ruido, que todo lo pervierte y desenfoca, nos está metiendo de nuevo en la encrucijada.

Parémonos a pensar sin renunciar a lo que somos. Y el “No a la Guerra” forma parte indisoluble de eso que somos. Es una proclama cargada de contenido: de derechos humanos, de justicia social y de paz. Es una proclama que se viralizó en el pasado pero que sigue teniendo una rabiosa actualidad y que, aquí y ahora, es más necesaria y tiene más futuro que nunca. Sintamos orgullo de ella y digámoslo una vez más. No en nuestro nombre. No a la Guerra.
Estefanía Torres

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2 Comentarios

2 Comments

  1. Mohicano mohicano

    4 de marzo de 2022 09:41 at 09:41

    » …. los pobres ponen los muertos, los ricos ponen las armas.»
    Te falta uno: los bancos ponen las zarpas.

  2. Topo Gigio

    5 de marzo de 2022 22:08 at 22:08

    Dice el Ministro José Manuel Albares que no se puede comparar la guerra de Irak con el actual conflicto de Rusia y Ucrania. Lo dice por el contexto, por la violación al derecho internacional de Rusia, que es quien no quiere la paz.
    Desde luego, que es incomparable: USA se fue a invadir un país a más de 11.000 kms. de sus fronteras para hacerse con el petróleo y Rusia está defendiendo, equivocadamente o no, su seguridad frente a una organización que tenía que haber desaparecido cuando se desintegró la URSS. ¿Que lo está pagando injustamente Ucrania? los ucranianos no tienen la culpa pero sus gobernantes son cómplices de la situación que ha llevado al imperialista zarista Putin a lo que ha llegado.
    Desde luego, como dice el ministro, nada que ver y tan violación del derecho internacional fué lo de Iraq como es lo de Ucrania.

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