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Opinión

Otro 8 de septiembre con Asturias en el fondo del abismo

Estamos un año más ante el 8 de septiembre, día de Asturias, fecha de festejos y actos políticos institucionales alejados de la realidad que hoy vive nuestra Comunidad Autónoma. Actos en los que el presidente Barbón y su gobierno con la colaboración del arzobispo Jesús Sanz Montes, desde el santuario de Covadonga pretenderán hacernos ver esa Asturias que en realidad a todos/as asturianos/as nos gustaría, pero que nada tiene que ver con el mensaje engañoso al que ya estamos acostumbrados a escuchar cada año en los actos organizados por el Gobierno Autonómico.

Por mucho que insistan en decirnos todos los años que Asturias va bien, por mucho que insistan en querer crear una ilusión ficticia en el conjunto de la ciudadanía asturiana diciéndonos que el turismo y el mejor clima del mundo es nuestra tabla de salvación, porque este año hubo saturación total de hoteles y campings, que en Asturias no llueve casi nunca, que tenemos garantía de sol y los turistas que vienen a visitarnos se van encantados con nuestro clima, nuestra gastronomía, con el verde natural de esta hermosa tierra, que dejan encargadas reservas en los hoteles para el resto del año. Por mucho que insistan en decirnos repetidamente de forma cansina que se va a recuperar el tejido industrial perdido, o que el desempleo se reduce en 300 personas como nos venden siempre al final de cada verano, etc.

Lo cierto es que en realidad lo que se está produciendo es desconfianza, incredulidad y desilusión ante tanta mentira, tanta hipocresía política y un rechazo creciente cada vez más en toda la sociedad asturiana ante la aplicación de duras políticas que se vienen desarrollando por parte de los sucesivos gobiernos PSOE, PP, y que para Asturias están teniendo consecuencias muy traumáticas.

Los últimos años de recortes continuos en Asturias y la aplicación de recetas impuestas a través de este mundo globalizado que hoy nos toca vivir, porque así lo determinan los que tienen la facultad de gobernar, han servido para que Asturias viva en la actualidad la crisis económica, social y cultural más grave de su historia, y no nos sirve ahora que se utilice como argumento, ni la pandemia, ni la guerra en Ucrania, esto pude influir en que la situación sea peor aún, pero la caída por la pendiente de la incapacidad política viene produciéndose desde principios de los años 80.

Asturias se encuentra en una situación muy difícil y cada año peor, lejos de abrir horizontes que nos orienten al camino de la recuperación, nos proyecta una perdida constante de nuestra capacidad económica y nos aleja cada vez más de nuestro entorno nacional y europeo. Todo está condicionado a la grave crisis económica que nos atenaza, de la cual no somos los responsables, aunque nos estén haciendo pagarla muy duramente.

No hay ni un solo día que no se produzca un conflicto social o laboral en Asturias, la relación sería interminable, el ultimo por citar lo más reciente, aunque eterno en el tiempo, es el que actualmente están viviendo las trabajadoras de ayuda a domicilio, cuatro semanas de huelga indefinida y más de treinta años de lucha por sus derechos, su dignidad y la de los usuarios a los que prestan su servicio. No estaría de más, aunque soy consciente que no lo harán que el gobierno de Asturias, ayuntamientos y empresarios en estos días de celebraciones institucionales y religiosas para ellos, anunciaran la creación de una mesa de negociación con el fin de que este servicio sea público y de calidad, habida cuenta de que se paga con nuestros impuestos ,de los cuales los más beneficiados, no son las trabajadoras ni los usuarios ,son los empresarios a los que se adjudica este servicio.

Los efectos de esta situación económica, política y cultural se hacen sentir también negativamente en la vida cotidiana. La vida personal se convierte en una lucha continua por el trabajo y el consumo. Se limitan y empobrecen las relaciones familiares sometidas a una fuerte presión. Las relaciones sociales se convierten en una dura y permanente competencia, tanto en el trabajo como fuera de él, dejando atrás la camaradería, la solidaridad y la amistad.

Se asiste a un clima de frustración colectiva e incluso a brotes de violencia muchas veces gratuita, imponiéndose en última instancia el desarraigo en las personas que las empobrece cultural y socialmente, las aísla y la distancia de cualquier intento de salir de esta situación. En una mayoría de la sociedad asturiana se puede observar la angustia que surge desde la insatisfacción generalizada con este tipo de vida y este modelo de sociedad.

Ante los problemas e insatisfacciones que causa este sistema, es necesario que las/los asturianos/as superemos la pasividad que se nos quiere imponer, que impulsemos una reflexión crítica por el camino que nos quiere llevar el tren diseñado por este Gobierno, con el único objetivo de llegar a su destino final con una Asturias que en este largo trayecto no solo ha perdido industria, empleo y población, también ha perdido sus señas de identidad como pueblo.

Ante esta situación hemos de saber que cada pueblo ha de elaborar sus alternativas sociales y políticas frente a la concepción del pensamiento único que a marchas forzadas nos quieren imponer. Bajo la mentira del fin de las ideologías se nos propone la sumisión y la apatía tratando de convencernos de que no existen otras alternativas. Y si desde el punto de vista de los que tienen todo el poder la globalización económica es inevitable y que para Asturias está teniendo consecuencias muy negativas, debemos de exigir que se globalice también las políticas de desarrollo humano y social de manera integral.

Los/las asturianas/os, no podemos esperar del Gobierno y la patronal que por voluntad propia adopten medidas que nos devuelvan a épocas pasadas, que frenen el empeoramiento de las condiciones de vida de las clases trabajadoras y de los sectores sociales marginados caso de jóvenes, mujeres, inmigrantes etc., porque han demostrado durante demasiado tiempo su incapacidad para hacerlo.

Hay que impulsar iniciativas que paren tanta agresión contra los intereses de Asturias. No podemos olvidar que el paro y la inseguridad laboral favorece que miles de jóvenes tengan que abandonar Asturias para buscar supervivencia lejos de nuestra tierra. Los datos en este sentido son también estremecedores si tenemos en cuenta que en los últimos quince años más de cuarenta mil personas han abandonado Asturias. La falta de opciones retrae los niveles de conciencia y de lucha por cualquier tipo de reivindicación, lo que aprovechan descaradamente tanto patronal como Gobierno para aumentar la explotación y la perdida de todo tipo de derechos.

Hoy más que nunca se hace necesario redoblar esfuerzos por defender nuestra identidad cultural y derechos nacionales, a favor de las mujeres, de la juventud, del mundo estudiantil, de los parados/as, marginados/as sociales, por la defensa de a nosa fala, de la industria, pesca, campo, de nuestro medio ambiente y de un desarrollo sostenible.

En este 8 de septiembre los/las asturianos/as no podemos aceptar la resignación en el refugio complaciente de la formalidad institucional. Asturias demanda un horizonte de futuro que solo es posible desde la elaboración y puesta en marcha de un auténtico desarrollo económico, industrial y social que se fundamente y responda a las necesidades de crisis y declive. El presidente Barbón y su gobierno deben de saber que esto no se resuelve solo con asistir a la misa del arzobispo en la cueva de la santina.

La sociedad asturiana debemos abandonar el conformismo habitual que nos caracteriza y sustituirlo por una exigencia clara y decidida en la búsqueda de soluciones a una grave situación, que aún puede ser peor si no somos capaces de reaccionar ante este panorama angustioso y desolador. Hoy día de Asturias, muy poco que celebrar, mucho que pensar y exigir para evitar la caída definitiva en el precipicio más profundo.

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