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Opinión

Pensar en grande

Mi amigo Rafa ha votado a Izquierda Unida toda su vida. Hemos compartido espacios políticos en multitud de ocasiones. Antes de la llegada de Podemos a nuestras vidas ya compartíamos proyecto. Con Podemos en el nuevo escenario político, comencé a militar en la formación morada. Rafa se mantuvo en IU, pero eso no fue motivo para separarnos. De hecho, en la confluencia como Unidas Podemos hemos podido compartir mítines, mesas y actividades. Yo me sentía a gusto en su espacio y él en el mío. A Rafa no le dolía votar a UP en las elecciones porque siempre ha entendido la disyuntiva en la que hoy nos encontramos. Unidas es menos difícil.

Mi amigo Pedro también es votante de IU. De toda la vida. Él proviene como muchos de nosotros de las Juventudes Comunistas. Sin embargo, a diferencia de Rafa, Pedro sólo votó a UP en una ocasión. Nunca entendió la confluencia y desde que yo empecé a militar en Podemos la relación se ha deteriorado. Nos hemos distanciado. Nunca ha querido ir a ninguno de los actos que hemos organizado y a los que siempre ha sido invitado. No participa en nada en donde tenga que ver Podemos. Su animadversión hacia la formación morada ha crecido hasta el punto de que Pedro casi no responde a mis invitaciones de la campaña #QueNoJueguenContigo contra los locales de apuestas que puse en marcha el pasado mes de Octubre.

Cuando nos juntamos y se abre el debate político, que es siempre, Pedro se ha vuelto muy intransigente. Ha virado hacia un discurso más autoritario. Cree que la confluencia de UP ha hecho mucho daño a la izquierda (aunque hayamos obtenido los mejores resultados electorales de toda la historia de la democracia en el Congreso de los Diputados). Culpa a Podemos de imponer siempre las condiciones: muestra sentimiento de humillación. Considera que hemos llevado a IU a una posición de “doblegado”. Cuando escucho a Pedro, estoy escuchando a alguien con rabia y resentimiento. Para él, el verdadero culpable de todo es Podemos. A Rafa esto le indigna.
El discurso repetido como un mantra desde los medios de la derecha ha calado más allá de sus propios seguidores.
Pedro forma parte del sector de IU que considera que hay que sacar a Podemos de la ecuación. Estaría dispuesto a llegar a acuerdos con Más País con tal de acabar con la confluencia con Podemos. A Rafa esto le desespera, no lo entiende. No entiende por qué hay que sacar a Podemos de todo esto. No entiende su incapacidad de tener un análisis concreto de la situación política después de tantos años militando. Considera que a Pedro le ciega su rencor. Quizás haya que arremangarse para poner más de nuestra parte y acercar posiciones entre todos. Yo también opino lo mismo. Pero Pedro no. No está dispuesto a torcer el brazo, no cambia su postura ni un ápice. Todo lo que suene a “Unidas” le sobrepasa. Un “Unidas Por Andalucía” seguro que le hubiera puesto de los nervios. Es un no por respuesta. Pedro considera que hay que volver a lo anterior porque Podemos es el causante de todos los males. Unidas Podemos es, según Pedro, un proyecto fracasado. No cuenta con nosotros si decide organizar algo en el barrio, y si tiene que hacerlo como UP será ninguneándonos. A Rafa le hace a veces la vida imposible. Si fuera por él, le echaría del partido.

Sonia es la pareja de Rafa. Siempre votó a Podemos desde sus inicios, pero en las últimas elecciones de Madrid, votó a Más Madrid. Desde entonces no ha vuelto a venir a ninguno de nuestros encuentros políticos como Unidas Podemos organizados por Rafa o por mí. Cuando Pedro aplica como un rodillo su discurso tengo la sensación de que Sonia se encuentra cómoda en él. Podríamos decir que disfruta viendo cómo se nos lleva al rincón del discurso político. Mientras Pedro es más vehemente en sus afirmaciones, ella es más sutil, pero evidencia un claro desencuentro con Rafa y conmigo. No nos quiere en su ecuación, sencillamente.

Ayer nos volvimos a juntar después de unas semanas sin vernos. El Covid también nos ha separado, pero a fin de cuentas es un virus. Saqué el tema de Andalucía. Curiosamente Pedro no lo hizo. Sonia tampoco. Rafa estaba indignado e hizo una reflexión con la que yo también coincidía: se hicieron mal las cosas desde el principio. Pedro no hizo ni la más mínima autocrítica. Su propia bilis se lo impedía. Hasta en esto es incapaz de ver la tozuda realidad. Sonia pidió otra cerveza, consideraba que las cosas cambiarían pero no dijo cómo ni de qué forma. Tampoco hubo autocrítica.
Rafa y yo nos mirábamos y bebíamos. Podíamos leernos la mente: hay gente que creció jugando a la chica y sigue creyendo que las partidas se pueden ganar jugando a la chica.

Rafa también ha dedicado tiempo de su vida a ser deportista de alto nivel. En el deporte, como en la vida, cuando preparas algo con visión de perdedor, lo más probable es que pierdas. A nosotros nos enseñaron que para ganar hay que pensar en grande. Siempre. Y he aquí, la gran y, por ahora, insalvable diferencia entre nosotros.

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1 Comentario

1 Comentario

  1. Oscar Guisado Bravo

    22 de junio de 2022 17:48 at 17:48

    Un artículo muy bueno Roberto, demuestra cómo afecta en las amistades si te posicionas políticamente. Pero el caso de tus amigos lo triste es que tienen una venda en los ojos que no quieren o no pueden quitarse, esto es lo que destruye a la izquierda, esta separación, cosa que en la derecha nunca ocurre. Bravo por tu articulo compañero.

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