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Política

¿Por qué las derechas españolas no pueden ni ver al Papa?

Pablo Iglesias destaca que al proyecto reaccionario que existe en España, comparado con los del pasado siglo XX, le falta la Iglesia católica, e insiste en que eso es “por Bergoglio”.

¿Por qué las derechas españolas no pueden ni ver al Papa?
Jorge Bergoglio, el Papa Francisco

¿Por qué las derechas españolas odian, y odian tanto, al actual Papa de la Iglesia católica, el argentino Jorge Bergoglio? ¿Por qué se atreven a criticar abiertamente, y ya sin complejos ni matices, nada menos que al jefe de una institución tan jerarquizada como lo es la Iglesia? Que los fachas españoles odien a un Papa y carguen contra él no es tan novedoso; ya pasó con el italiano Giovanni Montini –Pablo VI (Papa desde 1963 hasta 1978)–, pero la inquina contra Bergoglio va aún más allá. ¿Por qué?

Lo ha explicado Pablo Iglesias este miércoles en Guadalajara, durante su diálogo con el teólogo Juan José Tamayo, titulado ‘Política y religión. Un contencioso histórico’ y enmarcado en el ciclo ‘Conversaciones en Siglo Futuro. Pensamiento, Sociedad, Ética y Política’, organizado por el foro Fundación Siglo Futuro.

Bergoglio –el Papa Francisco– no es un Papa cualquiera. Para empezar, porque es el primer Papa no europeo desde el sirio Gregorio III (731-741), es decir en casi 1.300 años de historia. Pero hay más: Bergoglio –destaca Iglesias– “critica el belicismo de Estados Unidos, critica la política migratoria de Donald Trump, defiende abiertamente el diálogo en Venezuela entre oficialismo y oposición, critica las políticas de austeridad en el sur de Europa…”, es decir que la política exterior del Vaticano de Bergoglio es diametralmente opuesta a las del Vaticano del polaco Karol Wojtyla –Juan Pablo II (1978-2005)– y el alemán Joseph Ratzinger –Benedicto XVI (2005-2013)–, que no eran precisamente odiados por las derechas españolas.

“Mientras las ganancias de unos pocos crecen exponencialmente, las de la mayoría se quedan cada vez más lejos del bienestar de esa minoría feliz. Este desequilibrio proviene de ideologías que defienden la autonomía absoluta de los mercados y la especulación financiera. De ahí que nieguen el derecho de control de los Estados, encargados de velar por el bien común. Se instaura una nueva tiranía invisible, a veces virtual, que impone, de forma unilateral e implacable, sus leyes y sus reglas”, sostiene el Papa Francisco en su exhortación apostólica ‘Evangelii gaudium’.

“Esto es impresionante que lo diga el Papa; no lo está diciendo el secretario general del Partido Comunista ni la secretaria general de Podemos, lo está diciendo el Papa”, destaca Iglesias, que insiste en que Bergoglio “se atreve a decir específicamente que la economía dominante, el capitalismo, mata, y que tras esa economía –cito literal– «se esconde el rechazo de la ética y el rechazo de Dios»”. “Esto lo dice el Papa, que además reivindica el ecologismo político, en una encíclica, ‘Laudato si’’, en la que habla abiertamente de ecología”, añade. ¿Cómo no van a odiarlo los fachas?

Defiende el diálogo en Catalunya

Por si fuera poco, en lo que respecta al Estado español, el Papa Francisco –recuerda Iglesias– “defiende el diálogo en Catalunya, dice que quizás hay heridas históricas de los españoles del siglo XX no cerradas y para colmo hace pocos días pide perdón por la colonización y por el papel de la Iglesia en la conquista de México”.

Recuerda Iglesias la reunión que Bergoglio mantuvo con el presidente del Gobierno de coalición, Pedro Sánchez, la semana en la que el partido ultraderechista Vox presentó su moción de censura contra el Ejecutivo de PSOE y Unidas Podemos. “Demostró una sutileza enorme a la hora de entender la situación que está viviendo España”, pues le habló “de la República de Weimar”, cuya “gran lección” es que “los nazis llegaron al poder gracias a que les abrió las puertas la derecha alemana”. Von Papen o Von Hindenburg fueron “condición de posibilidad de Hitler”, como “los monárquicos italianos” lo fueron de Mussolini o “buena parte de la Iglesia católica en España” lo fue de Franco. Recuerda Iglesias que, en aquella reunión, el Papa Francisco llegó a recomendar a Sánchez la lectura del libro ‘Síndrome 1933’, escrito por el historiador y periodista italiano Siegmund Ginzberg  y publicado en 2019. “El autor al que cita Bergoglio para hablar a Pedro Sánchez de la situación de España” –recuerda Iglesias– aborda en su libro el “síndrome de Weimar” y muestra su preocupación por “la situación actual de algunos países europeos en los que prevé que podría haber alguna regresión autoritaria”. A la luz de estos datos se entiende aún mejor que las derechas españolas odien al Papa Francisco.

Como recuerda Iglesias, el proyecto reaccionario que existe en España –proyecto reaccionario que califica abiertamente de “gobierno ilegítimo” al Gobierno de coalición– tiene brazo político, pero también judicial, militar –“esperemos que solamente en la reserva”, confía–, guardiacivilesco y por supuesto mediático, relacionado con las “redes que mueven los grandes grupos de comunicación en España, que controlan lo que ve, lee y escucha el 80% de la población”. Pero –comparada esta situación con la de los proyectos reaccionarios del pasado siglo XX en España– falta un actor –“y no por falta de ganas de algunos obispos españoles”, destaca Iglesias–, “y ese actor es la Iglesia católica”. ¿Por qué? Sin ninguna duda, “por Bergoglio”.

Por Bergoglio –jefe de una institución tan jerarquizada como lo es la Iglesia católica–, el presidente de la Conferencia Episcopal Española es el cardenal Omella –como por Pablo VI lo fue el cardenal Tarancón– y no el Rouco Varela de turno; por Bergoglio, el arzobispo de Madrid es el cardenal Osoro y no el Rouco Varela de turno. Por esto la Iglesia no deja de ser lo que es, pero “esto no es menor para entender cuáles son las fuerzas y cuáles son los efectivos de ese movimiento reaccionario que está dispuesto a todo para hacer caer al Gobierno elegido por las urnas a partir de las mayorías parlamentarias”, advierte Iglesias, convencido de que esto es lo que mejor explica “el odio indisimulado de la derecha española al Papa Francisco”, algo que por otra parte –o por la misma– “debería hacer reflexionar a la izquierda sobre la necesidad de establecer alianzas y complicidades con los sectores de la Iglesia católica que defienden la democracia, el diálogo y la tolerancia”.

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3 Comentarios

3 Comments

  1. Topo Gigio

    14 de octubre de 2021 12:36 at 12:36

    A la clase dominante española siempre le ha servido la iglesia católica como cómplice y «legitimador», ante al pueblo, de todos sus privilegios. No es que hayan más creyentes entre los ricos, al contrario, los hay más entre los pobres, de ahí que se quejen de que el actual Papa no les sirva, tan bien como los dos anteriores, a sus propósitos, y piensen que Bergoglio está metiendo ideas «raras» en la cabeza de los creyentes.
    Luego dicen que ni la economía ni las creencias religiosas son política; no hay algo más político (que nos atañe a todos) que las relaciones socio-económicas entre los ciudadanos en un mundo tan complejo y con intereses tan dispares entre los distintos grupos sociales.

  2. José Ramón Mosquera Barros

    14 de octubre de 2021 12:43 at 12:43

    no sé, porque habla un poco de la pobreza y sus culpables, paras las élites la Iglesia debe cumplir su función: ser el opio del pueblo, y «no se metan en política»!!, algo de eso debe ser, en cabio con el muy derechista papa polaco, estaban fuera de sí de gozo!!!

  3. Josu Monreal

    14 de octubre de 2021 13:11 at 13:11

    La CEDA se organizó desde el Vaticano para combatir a la masonería en España… una masonería que implementó la II República tras el mítico Pacto de San Sebastián de 1931.

    A la Iglesia le sirve radicalizarse para atraer a determinada gente, ocurre por ejemplo en Sudamérica con los Evangelistas…son radicales con un enorme poder que le están quitando muchos fieles a la iglesia católica, pero claro los evangelistas, como el Opus Dei, los Kikos, y demás sectas, buscan su clientela entre la radicalidad. Son los mismos que apoyan a Bolsonaro, Donald Trump en la América Profunda o Jeanine Áñez en Bolivia.

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