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Deporte

Primero Freeman, después Osaka

Aquella tarde del 25 de septiembre del año 2000 pasó algo en el estadio Olímpico de Sidney. Algo que pasaría a la historia del Olimpismo. Cathy Freeman salía a la pista en un estadio a rebosar, el ruido era estremecedor: miles de personas coreaban su nombre. Australia estaba a punto de contemplar en directo un momento único e inolvidable. La estrella aborigen del país estaba a punto de escribir una página de oro del atletismo. Vestida con un traje galáctico, concentrada para la gran oportunidad que el destino le había preparado. Correr una final olímpica de 400ml en su país de origen. Y la posibilidad de que se convirtiera en la primera mujer australiana de origen aborigen en hacerlo.

Con un pasado de lucha y reivindicación por sus antepasados y su comunidad, Freeman voló sobre aquella pista conquistando los corazones de todo un país que supo captar el mensaje de tolerancia y respeto por los derechos de los pueblos aborígenes. La presión era grande, irrespirable, pero allí estuvo Freeman, gestionando ese clima de gran tensión y logrando un oro histórico. Las calles de la ciudad australiana llevaban días adornadas con fotos suyas. En cada rincón de Sidney se podía ver su imagen. Todo un país encima. Después de aquella victoria, Freeman acusó aquella ansiedad tremenda y entró en depresión. Aunque volvió a competir, poco después decidió retirarse. Hoy es leyenda viva del deporte mundial y no sólo por la gesta deportiva.

Tokio es hoy la capital mundial del deporte. Si te encuentras en una de las paradas de autobuses podrás ver la imagen hoy de una tenista con un eslogan que está escrito mitad en japonés, mitad en inglés y dice así: "Nuevo Mundo". Es Naomi Osaka, la tenista que se fue de Roland Garros porque no podía someterse a las ruedas prensa al hacer público que sufría problemas de salud mental, y que estuvo con episodios de depresión tres años antes. Fue criticada por algunos de sus compañeros de torneo, entre ellos Rafa Nadal. Pero la realidad es que Osaka puso sobre la mesa un tema que difícilmente se hablaba en Japón hace 40 años. Por entonces, era vergonzoso, una deshonra, que una persona dijera que tenía problemas de salud mental. No ha sido la única: el año pasado la luchadora profesional Hana Kimura se quitó la vida después de participar en un ´reality show´.

Naomi Osaka no sólo representa la imagen de una deportista que ha roto tabúes a la hora de hacer público sus problemas de ansiedad. Se ha convertido en una imagen en Japón, una imagen que ha traído cambio en una sociedad especialmente racista con las personas afroamericanas.

Osaka tiene 23 años, es hija de madre japonesa y padre haitiano, criada en los EEUU, y sin embargo ha renunciado a su nacionalidad norteamericana para reivindicar su herencia japonesa. En una sociedad donde algunos deportistas no hablaban de sus padres estadounidenses (soldados estadounidenses que se casaron con japonesas durante la ocupación de los EEUU después de ganar en la II Guerra Mundial), Osaka ha traído el debate al país nipón. A través de sus acciones y de sus declaraciones, ha sabido entablar una nueva relación con el público japonés, que hasta hace muy poco no se sentía identificado tradicionalmente con ella. Sin embargo el tema de la raza y la identidad supo ponerlo como debate encima de la mesa, haciendo pensar a una sociedad entera. Naomi Osaka ha sabido empatizar con un público que la ve como un icono que rompe los moldes establecidos hasta el momento.

El pasado año Osaka fue noticia en el US Open, al llevar cada día del torneo una mascarilla diferente. En cada una de ellas el nombre de una persona afroamericana que había sido asesinada por violencia policial y racista. Las usó todas, desde George Floyd, hasta Breonna Taylor, pasando por Trayvon Martin. Una auténtica audiencia global en su camino hacia el título. Precisamente un tema por el que Japón, uno de los países del mundo con menos diversidad étnica, aún lucha. Incluso la empresa japonesa de fideos instantáneos Nissin tuvo que retirar  un anuncio con una foto de Osaka con la piel blanca.

Aunque todavía hay una parte de la sociedad japonesa que no se siente atraída por su figura, lo que es cierto es que la gente joven en Japón empieza a presentar cambios importantes respecto a las décadas de los 60, 70, 80 y 90. Tienen una perspectiva más global y diversa de las cosas. Son mucho más sofisticados, y han aprendido poco a poco a olvidar y despreciar todo tipo de discriminación racial.

"Una nueva generación" como dicen los anuncios de las paradas de autobuses niponas. La imagen de Naomi Osaka, como aquella de Cathy Freeman hace 21 años. Mujeres que ayudaron a romper moldes, a cambiar las bases de un sistema tradicional e injusto incompatible con los principios más básicos del deporte. Deportistas con compromiso social que hacen de ellas alguien especiales.

Hace justo 21 años Freeman encendía el pebetero de unos JJOO que cambiaron para siempre la relación entre australianos y australianos aborígenes. Ayer Osaka, como capricho del destino, encendía el pebetero en Tokio. Algo está cambiando en Japón, y Osaka tiene ahora una cita con su propia historia.

 

 

 

 

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