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Regulación e intervención frente al neoliberalismo y sus guerras

Regulación e intervención frente al neoliberalismo y sus guerras

Hoy entra en vigor la bonificación puesta en marcha por el Gobierno de coalición para la reducción del precio de la gasolina en al menos 20 céntimos por litro, una medida transitoria para paliar la situación de extrema gravedad que vive Europa como consecuencia de la guerra entre Rusia y Ucrania. El Gobierno asume 15 céntimos (fijos) y las empresas energéticas los cinco céntimos restantes (que podrían, si quisieran, ser más), algo que en principio muestra la voluntad de arrimar el hombro en una situación, como decía, de extrema gravedad. No obstante, las gasolineras decidieron estos últimos días subir los precios de la gasolina para seguir acumulando beneficios. ¿Quién decía aquello de conseguir que el capitalismo tenga un rostro humano? Con esto queda claro que el modelo económico que nos gobierna va intrínsecamente ligado a la acumulación incesante de capital, que a su vez conlleva una acumulación por desposesión. Unos poquitos enriqueciéndose a costa de muchos. La ecuación es siempre la misma. Los que ganan, también.

La lectura que hay que hacer de este hecho nos lleva a reflexionar sobre el papel fundamental del Estado para regular la economía, gracias precisamente a un elemento clave del Estado del Bienestar: los impuestos. Y hay quien todavía hoy se atreve a hablar de manera irresponsable de una bajada de impuestos. Sí amigos, el nuevo Partido Popular, que de nuevo no tiene nada, está pregonando a los cuatro vientos la necesidad de bajar los impuestos. ¿Qué pasaría si decidiésemos ahora bajar los impuestos? Pues, entre otras cosas, que las arcas del Estado no podrían asumir el Escudo Social: ni los ERTEs, ni la bonificación a los precios de los carburantes, ni las ayudas a los transportistas, ni el Ingreso Mínimo Vital, ni el plan de recuperación económica tan necesario para que no paguen los de abajo esta crisis y esta guerra. Esta es una de las grandes moralejas que nos ha enseñado la anterior crisis económica de 2008.

Otro de los elementos que nos debería hacer reflexionar tiene que ver ya no con la regulación del Estado sino con su intervención directa, con la Constitución en la mano. Se trataría de aplicar lo que dice el artículo 128 de nuestra Carta Magna: “Se reconoce la iniciativa pública en la actividad económica. Mediante ley se podrá reservar al sector público recursos o servicios esenciales, especialmente en caso de monopolio, y asimismo acordar la intervención de empresas cuando así lo exigiere el interés general”. Efectivamente, en una situación como la actual no es descabellado nacionalizar empresas estratégicas con el fin de preservar el interés general. ¿Acaso garantizar el bienestar y la supervivencia de los ciudadanos de nuestro país no es razón suficiente para poner en marcha este instrumento? Recordemos que en nuestro país la decisión política de privatizar tuvo como una de sus consecuencias el compadreo de aquellos que privatizaron y los dueños de las empresas privatizadas. Así pues, una de las señas de identidad de aquel proceso tiene que ver con la infinidad de puertas giratorias que trajo consigo aquella decisión. Y de eso se aprovecharon los dos partidos tradicionales del bipartidismo hasta el día de hoy. Esto explica también la poca voluntad política de estos partidos por exigir a las empresas que dejen de beneficiarse de las crisis.

Finalmente y volviendo a la medida inicial con la que da comienzo este artículo, conviene señalar que su puesta en marcha tiene mucho que ver –al igual que todo– con la actual correlación de fuerzas dentro del Gobierno de coalición. Y pese a que a algunos nos parece insuficiente, hay que reconocer que presionar y pelear para arañar pequeños logros es fundamental para avanzar en el camino hacia la mejora de las condiciones materiales de la clase trabajadora. Todo ello mientras el resto de actores (políticos y mediáticos) se empeñan en decir que no se puede. A esos periodistas y políticos, a las Nadia Calviño y los Alberto Núñez Feijóo habrá que responderles así: cuando el neoliberalismo y sus guerras buscan empobrecer a las mayorías, la política debe actuar equilibrando la balanza. Aprendamos de esto.

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