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Opinión

Sacad el feminismo de vuestro fascismo

“Soy mujer, soy madre, soy italiana, soy cristiana… y no me avergüenzo de ello” dijo Giorgia Meloni en un mitin de VOX en Madrid. Orgullo de clase, no obrera precisamente, pero orgullo de clase, al fin y al cabo. Ella con su partido Fratelli d´Italia, ha conseguido la mayoría absoluta en el Parlamento italiano junto a Salvini y Berlusconi. Y tiene el 26% de las papeletas del país para ser la primera presidenta mujer de la historia de Italia. Calificada de neofascista, algunos titulares de periódicos progresistas la describen ya como “la derechista que rompió el techo de cristal en Italia”. No. Meloni es una fascista que le ha quitado la nostalgia al movimiento para hacerlo carne con la antigua fórmula, simplista y popular de “familia, patria y religión”, deformando lemas feministas para ello, dentro de una situación de crisis económica e inutilidad y desclasamiento manifiesto de la izquierda. ¿Os suena? más antiguo que el hilo negro. El fascismo elevado a los altares del foro avalado por los votos del pueblo. No. No ha roto ningún techo de cristal, porque como la Thatcher, ahora Liz Truss o Marine Le Pen, si no hubieran sido neoliberales o fascistas, jamás hubieran llegado tan lejos en política. Ellas atacan el feminismo utilizando las herramientas que el propio feminismo les ha dado.

Y ya son dos los países en Europa que votan fascismo con una mujer al frente. El patrón no es casual. Liz Truss, primera ministra del Reino Unido, mujer y ferviente admiradora de Margaret Thatcher, hasta el punto de que, en los debates anteriores a su elección, vestía y posaba exactamente igual que Margaret Thatcher. Giorgia Meloni presidenta de Italia, nostálgica de Benito Mussolini, dijo de él “Fue un buen político. Todo lo que hizo lo hizo por Italia”. El resurgimiento del fascismo tiene cara de mujer, esa cara amable, incluso con aire de cierta idiocia y llena de feminidad que apela a la tríada fascista. Familia, patria y religión, esa madre en ocasiones colérica que lucha por la patria mientras amamanta niños, esa devota irredenta que cruz en mano nos enseña el camino recto. El camino hacia la libertad, la libertad para los superiores, para las clases altas, para los hombres, la empresa y el clero. Es fascismo disfrazado de lucha popular en el momento exacto, en el momento de incertidumbre política, de recesión económica, es el mensaje que solo puede triunfar cuando la población ha sido colocada al borde del abismo. ¿Os suena?

Hungría, Ucrania, República Checa, Polonia y ahora Italia. En el corazón de Europa el pueblo vota fascismo porque el pueblo tiene hambre y miedo. Y solo el hambre y el miedo pueden hacer que el pueblo vote en su propia contra, es algo que el sistema sabe bien. Disfrazar el fascismo de libertad, feminismo y bonanza económica, no lo hace menos fascismo. Disfrazar el fascismo de neofascismo, postfascismo, incluso de centro derecha y derecha, no lo hace menos fascismo. Disfrazar a Meloni de mujer, no la hace feminista, igual que disfrazar a un partido de obrero, no lo hace de izquierdas. Por sus medidas las conoceréis; neoliberales, homófobas, misóginas, clasistas, racistas, machistas e imperialistas. Estas mujeres ocupan sus cargos por su ideología, no por su sexo. Sacad el feminismo de vuestras críticas al fascismo y dirigid vuestra rabia donde sea efectiva, al propio fascismo.

Solo la conciencia de clase y la conciencia feminista podrán derrotar al fascismo. Pero frente a una izquierda desclasada e inoperante y un feminismo dividido, sin duda los dos grandes éxitos del sistema capitalista, el auge del fascismo se hace carne en una Europa que nunca dejo de ser fascista, solo se disfrazó de derecha moderada, mientras la izquierda se debate en luchas intestinas y deja las calles vacías de clase, feminismo y contenido. Dijisteis que no pasarían y, sin embargo, nunca se fueron.

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1 Comentario

1 Comentario

  1. Lucía Draín

    28 de septiembre de 2022 08:55 at 08:55

    Muy acertado … el fascismo actual utiliza como ariete el feminismo y los derechos LGTB. Pero desde este lado antifascista también se puede hacer mucho más, potenciando la solidaridad de los movimientos de emancipación femenino o de emancipación LGTB con la lucha por la emancipación de clase. La ausencia de solidaridad de aquellos movimientos de emanciàción es una de las causas raíz de nuestro problema.

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