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Opinión

Un barrio sin canchas

Cuando era joven recuerdo quedar los fines de semana, cuando mis entrenamientos
personales en el atletismo me lo permitían, con los amigos de mi barrio para jugar al fútbol. Íbamos a jugar un campo que llamaban “La Orotova” cerca de la estación de metro de Ascao.

Jugábamos toda la mañana del sábado, después íbamos a refrescarnos a una fuente de agua, y así pasábamos los días. Jugando y socializando. Cuando las canchas estaban ocupadas, podíamos jugar al “rey de la pista” con otros equipos de chavales. Ni dinero, ni apuestas, ni nada. Simplemente la emoción de competir y de jugar con otros chavales del barrio. Allí hice amigos que hoy perduran en mi vida.

En Madrid ese paisaje de pistas y canchas de barrio ha ido desapareciendo. Jugar a un deporte de equipo sin pagar, estar inscrito a una liga municipal o alquilar un pabellón es misión casi imposible. Hay barrios enteros en Madrid que no tienen una sola instalación deportiva. Ni siquiera las más básicas: pistas de petanca, o mesas de ping pong. Las pocas canchas de baloncesto que todavía perduran en algunos barrios están sin canastas. En algunos lugares, el Ayuntamiento ha borrado las líneas y han puesto columpios. Lejos quedaron aquellos tiempos, sobre todo en los años 90´s, cuando Madrid se llenó de canchas de baloncesto patrocinadas muchas de ellas por la extinta Caja Madrid. Jugar al baloncesto sin pagar hoy en día en mi ciudad es muy difícil.

Si hablamos de atletismo, la situación es directamente impensable. Lugares como Rivas Vaciamadrid (fuera de Madrid, pues) en donde no se paga entrada para practicar tu deporte favorito corriendo por una pista se ha convertido en algo absolutamente excepcional. El cómo nos relacionamos con los demás y cómo ocupamos nuestro tiempo de ocio, sobre todo con la faceta deportiva, es una materia que siempre ha sido materia de estudio. Promover, en un debate meramente constructivo y crítico, el papel que debe tener el deporte en nuestras sociedades, debe ser motivo de estudio serio por parte de nuestros representantes públicos. Esta perspectiva de los deportes colectivos choca frontalmente con la cultura individualista que ha impuesto el neoliberalismo. La idea de las políticas que premian y favorecen constantemente los deportes individuales, basándose única y exclusivamente en los estándares de cuerpos casi perfectos, estilizados, que tanto vemos detrás de nuestras pantallas y teléfonos móviles y en redes sociales. Este estereotipo de alternativa deportiva ha aplastado ese concepto de deporte de barrio que siempre ha contribuido a construir comunidades solidarias entre sí. El deporte como medio de transformación social, que pone la salud por encima de todo, frente a esta imagen estética de belleza que nada tiene que ver con lo anterior. El individualismo frente a lo colectivo, una vez más.

No es de extrañar las cifras de hoy: El Ayuntamiento de Madrid tiene un plan en donde los deportes colectivos no tienen cabida: dotaciones con piscina y gimnasio que van a ser adjudicadas en contratos de 25 a 40 años a empresas privadas, contando además con aparcamientos. La gestión privada por encima de todo. Neoliberalismo puro y duro. Centros deportivos que no tienen en cuenta a los vecinos ni a las vecinas de muchos barrios. Las máquinas de spinning frente a las canchas deportivas. Este es el modelo que propone el PP y Cs en Madrid. Ni más, ni menos. Para ello se basan en el crecimiento de la práctica de la musculación que en tan sólo diez años ha subido más de 5 puntos en los encuestados, frente a la bajada que han sufrido deportes como el fútbol o el baloncesto. Pero detrás de esta justificación se esconde, justamente, la incapacidad de practicarlos precisamente por la falta de espacios. Fomentar este tipo de deportes no tiene otro fin que los beneficios sociales que pueden tener los ciudadanos.

Cada vez hay más gimnasios, frente a las pistas deportivas. Ver partidillos de fútbol o de baloncesto entre chavales de los barrios se ha vuelto una escena muy poco habitual. Y es triste. Muy triste. Frente a esta política basada sólo en rentabilidades, en adjudicaciones a empresas privadas, a seguir fomentando deportes individuales que nada o poco tienen que ver con aquellos sábados mañaneros que muchos de nosotros y nosotras hemos vivido, existe una alternativa de lucha: la movilización social. En Barajas muchos vecinos se han empezado a mover. La Plataforma en Defensa del Polideportivo de Barajas pide que vuelvan al proyecto inicial, en donde estaba planificada una piscina de verano, pistas deportivas y alguna de patinaje, todas ellas suprimidas en la última planificación para introducir un aparcamiento de coches.

El proyecto que un grupo de vecinos en Lavapiés pusieron en marcha en 2014 con el nombre de Dragones de Lavapiés, utilizándolo para la unión e integración de niños y niñas migrantes y familias en riesgo de exclusión social son la verdadera resistencia. Hacer comunidad a través del fútbol, aprovechando la diversidad del barrio, en un lugar donde las carencias deportivas y de ocio son vergonzosas. Hoy el Ayuntamiento de Madrid pretende acabar con ello. No está tampoco entre sus planes. El Ayuntamiento de Martínez-Almeida tiene declarada la guerra a cualquier cosa que huela a asociación vecinal. Después de 7 años de vida, hay más de 200 chavales y chavalas originarios de unos 40 países.

Lo mismo ocurre con el Polideportivo de Cuatro Caminos: en la gran explanada que hay al lado juegan cada día muchos niños y niñas al fútbol del barrio de Bellas Vistas. El Ayuntamiento ha aprobado un proyecto que hará desaparecer estas pistas. Los intereses privados de empresas adjudicatarias por encima del deporte comunitario. Los deportes de equipo en nuestros barrios están desapareciendo porque hay una guerra entablada entre dos modelos completamente antagonistas de sociedad. El individualismo que nos han impregnado durante los últimos veinte años frente a un concepto mucho más colectivo del deporte: lugares donde se forjan relaciones de amistad, o personas que llegan nuevas a nuestra ciudad y encuentran un entorno. Promocionar este tipo de deportes es fundamental en nuestras ciudades y nuestros barrios, y chocan frontalmente contra las políticas neoliberales más salvajes.

Cambiar esta deriva depende exclusivamente de nosotras y de nosotros, porque trabajar por el deporte no sólo es cuestión de máquinas de musculación, máquinas de spinning y gimnasios. Es mucho más que todo eso.

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