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La Librería

Un paseo por las lecturas que mayor huella han dejado en mi 2021

2021 ha sido un año de cierres que no llegan, de expectativas que no terminan de cumplirse, de procesos que no llegan a culminar como nos imaginábamos. Sin embargo, también ha sido un año de aceptar lo inesperado, de cuidar y mirar el mundo desde lugares nuevos. Ha sido además un año de grandes lecturas, de esas que se hacen hueco en nuestro organismo y se quedan a vivir ahí para siempre. Es por esto que, hoy, como no podía ser de otra manera, traigo una selección de los libros que me han acompañado durante este 2021 y que han clavado sus raíces en mi forma de pensar, hacer y sentir.

El Cracracracracra de Carcoma, de Layla Martínez

Lo siento, pero como editora orgullosa y desvergonzada que soy, no puedo sino gritar a los cuatro vientos que Carcoma, de Layla Martínez, no solo es el libro más impresionante que he leído en 2021, sino que además es, sin lugar a duda, de los acontecimientos literarios más importantes de mi existencia.

La semilla de esta novela se implantó en mí antes siquiera de existir como tal, y desde entonces ese cracracracracracracra no ha dejado de acompañarme. Carcoma es un libro de hacer las paces con las sombras que duermen debajo de tu cama y luego ir juntas de la mano a destrozar al enemigo. Y mira, a mí que me perdonen, pero voy a aprovechar el espacio para darle las gracias a las santas, a los santitos y, sobre todo, a Layla Martínez, por haberme dejado formar parte de esta bestialidad desde el principio.

La politización de los márgenes en Panza de burro, de Andrea Abreu

Este fue el primer libro que leí en 2021, y fue tal el impacto que me ocasionó que siento que lo leí la semana pasada. Ya dediqué un espacio en extenso únicamente a mi lectura de Panza de burro, así que me limito a recalcar que este libro es un acto político que se opone a acomodar nuestras luchas a las normas de lo hegemónico. El lenguaje es político. Las palabras están cargadas y las historias que se cuentan, también. Panza de burro es un libro donde la infancia, el lenguaje y el espacio se construyen como lugar de resistencia y como paracaídas con el que lanzarnos al precipicio.

Frente al espejo: Ramonera, de Elvis Guerra

La lectura de Ramonera me supuso un ponerme frente a frente con mis propios binarismos occidentales y evidenció los límites de mi propia subjetividad al descubrir la amplitud infinita que albergan esas «periferias» de las que tanto hablamos cuando se trata de reflexionar sobre lo hegemónico. Ramonera cumple su misión como poesía transgresora en el momento en el que yo, como lectora, me siento cuestionada. Me ha puesto frente a mis propios esquemas de pensamiento para encajar todo un universo institucionalizado y complejo dentro de mis miópicas categorías de pensamiento. Ramonera es una conversación sobre los lugares desde los que pensamos las luchas queer, es un acto reivindicativo que pone el foco en el poder del cuerpo resignificado como acto político.

La continuidad de los cuerpos: Inmunidad, de Eula Biss

Este libro fue escrito en 2014, así que releerlo en 2021 me ha producido una mezcla de sensaciones a caballo entre la premonición y el bucle infinito. Todo lo que hemos vivido durante estos años de pandemia ya se dijo en Inmunidad y, en cierto sentido, también se ha vivido. Biss habla de cómo la frontera entre nuestros cuerpos no acaba en la epidermis, que esto no va de mantener mi casa en orden y despreocuparme de las del resto. Que asegurar la salud de los demás va a tener siempre un impacto positivo en la salud propia.

Cerrarle la boca al escritor macho: Poesía masculina, de Luna Miguel

Generosa, divertida y brillante, Luna Miguel aborda en este poemario las, permítaseme la broma, nuevas fragilidades de siempre, y lo hace desde un espacio dislocado. Quedan retratadas las máscaras, los disfraces y los aspavientos infructuosos de quien, en realidad, está dejándose las energías en disimular envidias, celos, miedos y pretensiones intelectuales no siempre alcanzables. Un poemario escrito desde el amor, el odio, la ternura y la rabia para recordarnos que, por mucho que intentemos teorizar e intelectualizar los sentires, al final, todas sabemos qué es lo que nos termina retorciendo las tripas.

Despertar de la pesadilla: En la casa de los sueños, de Carmen María Machado

Durante la lectura de este libro no podía dejar de pensar en mis amigas, en las amigas de mi madre y en mí misma. Un libro que pone sobre la mesa un tipo de violencia tan real como invisible, que desgrana las culpas de quien se siente «en deuda por ser aceptada», la sensación de traición de quien decide poner nombre a los horrores del paraíso. Porque conquistar ese lugar soñado desde los espacios queer no significa que ese lugar vaya a ser sí o sí un lugar seguro. Carmen María Machado toma un bisturí y disecciona cada miedo, cada culpa, cada vergüenza y cada pesadilla acontecida en su particular casa de los sueños. Y en cierto sentido, también nos provee de una herramienta con la que, tal vez, lograr despertar de nuestras propias pesadillas a tiempo.

Darnos permiso: Cometierra, de Dolores Reyes

Dolores Reyes plasma a la perfección la sensación de responsabilidad y de culpa que a veces puede llegar a suponer el no poder gestionar todo el horror que se acumula sobre nuestros hombros. En forma de botellas con tierra que tragar, Reyes concreta en lo material el peso de cada desaparecida, de cada asesinada, de las consecuencias reales que la violencia patriarcal ejerce sobre nosotras.

La posibilidad de que, tras sacrificar el cuerpo al tragar la tierra, se pueda evitar un nuevo horror, obligan a Cometierra a seguir tragando el contenido de esas botellas que se acumulan en la puerta de su casa. Pero hay veces que no se puede tragar más tierra, que el daño que esta gestión supone en nosotras mismas es demasiado alto, y en cierto modo, con la lectura de Cometierra, una parte de mí se liberó de la culpa que se siente esos días en los que no queda más voz para seguir gritando.

 

Cómo acabar con el síndrome del impostor bisexual: Resistencia bisexual, de Elisa Coll

Me doy cuenta mientras escribo esto de que este año he buscado, sobre todo, libros que me dieran permiso. Que me acompañasen y me validasen en mis incertidumbres y en mis contradicciones. Y esto es lo que hace Resistencia bisexual: pone sobre la mesa todas esas problemáticas que nos atormentan a las B de la sigla mágica y nos da herramientas y mapas para llegar a un lugar en el que poder vivir en paz. Resistencia bisexual es una conversación de amigas sobre nuestras experiencias, nuestros deseos, nuestros miedos y nuestras incertidumbres. Es un lugar desde el que poner nombre a las violencias, desde el que dar argumentos con los que defendernos de la bifobia (interna y externa), es un libro que pone palabras certeras a inquietudes difusas, que visibiliza y critica dinámicas y ofrece herramientas de mejora. Es un libro que nos ayuda a reconciliarnos con nosotras mismas, a encontrar confort en la incertidumbre, a habitar la duda. Este libro es un manual de supervivencia bisexual. Este libro ha sido casa. Este libro ha sido mi mejor amiga.

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