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Deporte

Unos Juegos sin Caster

Caster Semenya tiene hiperandrogenismo, es decir, registra niveles de testosterona superiores a 10 nanomoles por litro, niveles parecidos o similares al de los hombres, lo que ha sido considerado por las autoridades deportivas como una ventaja en el rendimiento deportivo hasta de un 3%. Este es, bajo mi punto de vista, uno de los casos más vergonzosos que serán recordados siempre en el atletismo mundial. La discriminación por parte de las autoridades, la denuncia inaceptable por parte de muchas de sus rivales que la señalaron. El final de sus carreras deportivas por la puerta de atrás, como el de Margaret Wambui o Francine Niyonsaba que dejaron el atletismo frustradas pero con la cabeza alta por no querer tampoco aceptar los nuevos tratamientos. El atletismo internacional ha sido testigo de uno de los casos más deplorables en su historia: el martirio de unas mujeres, que simplemente nacieron con unas especificaciones naturales.

Esta es la historia de Caster Semenya, una de las mejores atletas del mundo, y que sin embargo nunca pudo con el récord mundial: sin embargo sus marcas fueron motivo de críticas y sospechas. Hoy en día, estamos viviendo un nuevo atletismo, bien por la revolución tecnológica de las zapatillas que han hecho mejorar los registros en prácticamente todas las disciplinas del atletismo, bien porque los sistemas de entrenamiento siguen perfeccionándose y progresando, o bien porque posiblemente, haya nuevas formas de dopaje. Nadie cuestiona eso ahora. Solo se cuestionaba por entonces las marcas de Caster Semenya, por poner en duda su sexo. Incluso hoy todavía podemos observar que esta denigrante norma se sigue aplicando. Hace menos de un mes una extraordinaria atleta namibia corría los 400ml en 48,54 segundos, récord del mundo junior y séptima mejor marca de todos los tiempos. Ni siquiera está entre las tres primeras marcas "all time". A Christine Mbomba ya le han comunicado que no podrá competir en Tokyio por sus altos niveles de testosterona. Tampoco a su compatriota Beatrice Masilingi. A sus 17 y 18 años respectivamente, la World Ahtletics ya las han limitado sus carreras deportivas. O se medican, o fuera.

Un detalle que reúnen todas: son africanas. Y son negras. Curioso. Pero es así.

La realidad es que nadie cuestiona los niveles de testosterona que puedan tener Gabby Thomas, la norteamericana que ha corrido en los Trials en 21.61 los 200ml, la segunda mejor marca de la historia, solo por detrás de la leyenda Florence Griffith. Ni a Athing Mu, la jovencísima promesa norteamericana que ha revolucionado el atletismo mundial, corriendo ella sola los 800ml en 1.56,07. Tan solo Caster Semenya y Pamela Jelimo han corrido más rápida que ella. Pero curiosamente, las africanas son consideradas "casi hombres". ¿Alguien cree probable que estos casos hubieran acontecido igual si las mujeres en cuestión hubieran sido rubias y blancas, acorde a esos cánones patriarcales prefijados de belleza? Permítanme que en este artículo lo ponga en cuestión. Además, ha habido varias atletas sin anomalías en su testosterona que han corrido en marcas cercanas, como la norteamericana Ajee Wilson o la jamaicana Natoya Goule.

El caso de Semenya es uno de los ejemplos de lo que está ocurriendo actualmente en el atletismo. Y bajo mi criterio, es absolutamente deleznable.

El Palmarés

Nacida en Limpopo, Sudáfrica, en 1991 Caster Semenya dio a conocer internacionalmente en 2008, cuando a sus 17 años debutaba en los Mundiales junior. Sus registros en su prueba preferida, los 800ml, no pasarían desapercibidos, pues a sus 18 años ya había logrado batir los récords de África y de Sudáfrica con una marca de 1.56,72 desposeyendo del trono a las míticas Zola Budd y Zelda Pretorius.

Pero precisamente en 2009, durante los Mundiales de Berlín cuando Semenya asombraría al mundo entero conquistando el oro con una marca de 1.55,45. Tras esta final, el nombre de Caster Semenya siempre iría rodeado de la polémica, en el centro de un áspero y desagradable debate sobre su sexo. La representante italiana que quedó sexta en aquella final, Elisa Cusina, declaró en zona de prensa: "Esta gente no debería correr con nosotras. Para mí, ella no es una mujer. Es un hombre".

Sin embargo llegarían las derrotas: durante los Mundiales de Daegu en 2011 sería rebasada por la rusa Savinova en los últimos 50 metros. Y lo mismo ocurriría al año siguiente en sus primeros Juegos Olímpicos en Londres 2012. Sin embargo, tras el escándalo del dopaje de Estado en Rusia, Caster se haría son sendos oros, al descubrirse que Savinova había hecho trampas.

Tras batallas legales, la sudafricana volvería a competir obteniendo  su segundo oro olímpico en los Juegos de Rio 2016 y su tercer título mundial en 2017 en Londres una marca de 1.54.66. Doblete en 800 y 1500 en los Campeonatos de África y la mejor marca del año mundial. Nunca pudo con el récord mundial femenino de la checa Jarmila Kratochvílová (1.53,28) conseguida en Munich el 26 de julio de 1983. 2 oros olímpicos, tres mundiales, entre mucho ruido y poco respeto.

La batalla legal

La IAAF (Asociación Internacional de Federaciones de Atletismo), hoy denominada World Athletics, dos hechos no pasaron desapercibidos: su increíble mejora en el rendimiento, y la publicación en un blog sudafricano de la noticia de que Caster Semenya era una atleta hermafrodita. Y ahí comenzaría todo un recorrido de acontecimientos lamentables.

Las pruebas de verificación de sexo que se le practicaron a la atleta no fueron nada respetuosas con su privacidad. Pruebas que se esperaban para finales de 2009 y que sin, embargo, más de diez años después siguen sin publicarse.

La comisión que se encargaría de examinarla estaba compuesta por un endocrinólogo, un ginecólogo, un experto en género, un psicólogo y un especialista en medicina interna. De este informe solo conocemos lo que se publicó en septiembre de 2009 en el periódico The Daily Telegraph basado en la IAAF aunque ésta última nunca lo confirmara.  Según el medio de comunicación, Caster presentaba una anomalía cromosómica no presentando ni útero ni ovarios y sí unos testículos internos.

Pero no fue hasta el año posterior cuando la IAAF aceptara la resolución de la comisión médica, aceptando que Caster Semenya podía seguir compitiendo como mujer. Durante los siguientes años la sudafricana siguió ganando competiciones, y entre medias, varios títulos continentales y una medalla olímpica. Pero el 26 de abril de 2018 la IAAF cambió de criterio e impuso una nueva reglamentación para mujeres con altos niveles de testosterona. Según esta nueva norma, quien los superara no podría competir  en carreras de medio fondo. El límite que se fijó por el de 5 nanogramos por litro durante seis meses. Semenya recurrió y la medida no comenzó a ser oficial hasta marzo de 2019.

El reglamento infame

La nueva normativa exige que, superando los 5 nanogramos por litro, la atleta debe seguir un tratamiento con hormonas para bajarla, y si no lo hace, no puede competir. Los recursos de Semenya y algunas atletas más perjudicadas por esta infame medida no han prosperado.  El TAS avaló este nuevo reglamento, por lo que si las atletas implicadas quería volver a competir en sus pruebas, debían someterse a tratamientos médicos para rebajar sus niveles de testosterona. Es decir, había que "dopar" a las atletas contra natura. La excesiva producción de testosterona que genera naturalmente el cuerpo de Caster Semenya, no ha sido elogiada como otras características en atletas hombres que podrían significar una ventaja competitiva. El caso más claro fue el estudio que se hizo a Michael Phelps, leyenda de la natación, y que tras él, determinaron que su cuerpo producía poco ácido láctico (sustancia que provoca la fatiga). Su rápida recuperación física determinó que el norteamericano gozaba de ventajas naturales respecto al resto de los competidores.

Un pasado bochornoso

Las pruebas de verificación del sexo en la IAAF han variado muchas veces en los últimos años. En 1966 hubo métodos humillantes cuando las atletas tenían que desnudarse ante una comisión de "expertos". En 1968 el COI rechazó este examen físico y empezó a tomar muestras bucales para detectar los cromosomas sexuales XX en mujeres y XY en hombres.

A principios de los años 90 se pasó a detectar el gen SRY, ligado al cromosoma Y típico de los machos, deduciendo que quien tuviera  dicho gen no era hembra. Un test que siempre ha provocado críticas.

El reglamento actual proviene de 1996 pero no aclara por quién y en qué circunstancias una atleta debe ser examinada. En el caso de Caster Semenya, lo que ha quedado claro es que sólo fue necesario una entrada en un blog sudafricano.  Excluir a mujeres por una naturaleza propia es una ofensa para los principios que hoy rigen nuestro deporte: la no discriminación, las oportunidades  para participar sin tener en cuenta  el trasfondo económico, social, religioso, racial, étnico o lingüístico, o de la orientación sexual. Este estándar de justicia se aplica a todas las mujeres, como no podría ser de otra manera, y sobre todo, que no han tenido que doparse para competir como mujeres.

Tomar hormonas se considera doping, excepto si te llamas Caster Semenya, a quien se le pide tomar hormonas, para que cambie su normalidad y pueda, de esta manera, competir. Sin entrar en el debate de si estos tratamientos pueden perjudicar la salud de la atleta.

La realidad

Hay muchas preguntas sin respuestas. Una de ellas es que no está demostrada la causalidad entre la concentración de testosterona en sangre y el rendimiento en el deporte. Hay alguna relación estadística pero no se ha demostrado todavía una causalidad.

El TAS dio validez a los límites de testosterona en mujeres, es decir, si Caster quería seguir compitiendo, debía medicarse. Sin embargo, la nota de prensa del TAS decía, literalmente, que el Reglamento de la IAAF era (y es) discriminatorio, pero, por mayoría, el Tribunal encontraba que era "necesario, razonable, y proporcionado para alcanzar el objetivo de la IAAF de preservar la integridad del atletismo femenino". Una decisión sin ninguna base científica.

Sin solidaridad 

Caster Semenya siempre se ha quejado de la falta de apoyo, principalmente entre las mujeres. Muchas de sus ex rivales la señalaron. La italiana Elisa Piccione llegó a decir directamente "que es claramente un hombre". La canadiense Diane Cummins insinuó algo parecido, al igual que la británica Jemma Simpson. Incluso la española Maite Martínez hizo una declaración por la que después pidió disculpas públicamente. Semenya estaba sola. El atletismo le ha dado la espalda. Nos hemos perdido el final de una atleta maravillosa. La falta de solidaridad por parte de los atletas en este caso ha sido uno de los bochornos más lamentables de los últimos años. Lejos quedan ya las muestras de respeto a quienes se levantaban contra reglamentos, normas, y leyes que no respetaban los derechos humanos más elementales. Reflejo de una sociedad carente de principios y cada vez más egoísta. El caso de Caster Semenya es simplemente esto.

Si lo obtuvo desde el Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas, que se pronunció a favor de la sudafricana.

Semenya fue leal a sus principios: "Soy una mujer que toma sus propias decisiones y no voy a cambiar por ningún hombre". Ha intentado conseguir la mínima olímpica en las pruebas en las que sí le dejaban competir sin medicarse: en los 5000ml se ha quedado lejos de ella. No estará en Tokyo. Nos perderemos todos los aficionados la competición de una super estrella, que pretendía conquistar por tercera vez consecutiva el oro olímpico en los 800ml, algo que nadie (ni en mujeres y en hombres) ha conseguido. Tampoco estará Mboma. Ni Wambui. Ni Niyonsaba. Ni Masilingi. Africanas. Mujeres que nacieron así, de forma natural. Negras. Sí estarán las norteamericanas, algunas con marcas que hacía más de 30 años no se veían. Desde la biología evolutiva, los humanos muestran un enorme y amplísimo espectro de variaciones biológicas. El sexo no es una excepción. Y estas variaciones no son un peligro para nadie, sino más bien una ventaja para nuestra especie: sin variabilidad no hay evolución. Si la World Athletics no es capaz de modificar los reglamentos, no se incluirá nunca la diversidad.

Entre muchas dificultades sanitarias, muchos requisitos, y medidas de seguridad. Entre una población nipona hostil a estos JJOO, los mejores atletas del mundo re reúnen en torno a una burbuja para poder competir. Y lo harán sin público. Sin gritos, sin aplausos. Sin Caster Semenya.

 

 

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