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'Utopía no es una isla', además de un libro, es un horizonte

¿Cuántos días te quedan para leer en agosto? Por pocos que sean, existe una isla sin archipiélago que por primera vez tras muchos libros leídos desde hace años deja bastante hueco para la esperanza realista (que es la mejor esperanza de todas).

'Utopía no es una isla' de la editorial Episkaia, es un ensayo escrito en 2020 por la escritora, politóloga y analista cultural, Layla Martínez. Con ella nos adentramos en un repaso histórico tanto del género literario de la utopía como en las experiencias utópicas que se han materializado en proyectos políticos y experiencias comunitarias.

¿A quién le interesa que no haya futuro ni capacidad de organizarnos para enfrentarlo si en épocas peores nuestros antepasados no perdieron la esperanza por lograr un mundo mejor, y lo lograron?

Martínez realiza un completo análisis de otros momentos donde interesó cerrar el libro de la historia cuando convenía al poder (Fukuyama, 1992) señalando que es ese mismo poder quien ahora nos dice que no hay salida y no habrá mejor futuro que el presente que tenemos. Que mejor no lo toquemos. Que nos adaptemos.

En palabras de Margaret Thatcher, en el contexto de su guerra contra la clase obrera británica "There is no alternative". Pero claro que la había.

Alternativa hay siempre cuando la organización es colectiva. Tomás Moro la imaginó, el socialismo la llevó a la práctica (también frente a todo el peso y crueldad del establishment), la lucha por los movimientos civiles se hizo leyes, los pueblos africanos se levantaron por su derecho a ser y vivir descolonizados, los activistas medioambientales no estarían amenazados y desaparecidos por multinacionales si el mundo que plantearan no fuera posible o los ataques contra el movimiento feminista no serían tan descarnados y violentos si no se tratara del mayor movimiento de transformación social que existe y que pueda hacer frente a la amenaza neoliberal y de extrema derecha mundial.

Para todo la escritora traza un mapa que requiere de colectividad, organización y constancia: nostalgias las justas, el horizonte tal como lo vio Galeano, que nos sirva para caminar y una sentencia: "Ser ferozmente optimistas y a la vez radicalmente pragmáticos es nuestra única opción".

 

 

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