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Opinión

Verdad, Conocimiento y Cultura como antídotos del odio

Las elecciones en Castilla y León nos han dejado a todos tocados. Decenas de artículos que invitan a la reflexión sobre las estrategias, las tácticas y los discursos que hay que plantear frente al crecimiento de la reacción, el fascismo, la ultra derecha o como ustedes prefieran llamarlo.

Las elecciones se celebraron el domingo. Un día después de la Gala de los Goya. Esa noche Blanca Portillo dio un magnífico discurso cuando recogió su premio a mejor actriz protagonista por Maixabel. Un discurso que se basó simple y llanamente en la reivindicación del amor como agradecimiento a la vida.

Cualquiera que me lea tal vez piense que no basta con el amor para frenar a la ultraderecha, pero yo diría que es el primer paso para marcar una diferencia entre ellos y nosotros. Lo que nosotros pretendemos ser, el mundo con el que soñamos y al que aspiramos parte de los parámetros del respeto a la diversidad, de entender la acogida como una forma de vida y  la solidaridad como una manera de estar en el mundo.

Los conceptos aludidos en nada se parecen a la xenofobia, a la homofobia, al odio y a la persecución por razones políticas o de cualquier otro tipo. Son conceptos que, por supuesto, descansan en la idea de la democracia y la convivencia. Y son imprescindibles. Pero sobre el papel suenan espectacularmente bien. Tal vez sea ese el mayor problema. Un eslogan es maravilloso. Sin embargo, su transformación en lo concreto y cotidiano ya no es tan sencilla.

Porque sí. Lo complicado es asumir la práctica de aquellos. Afrontar los debates sin pretender arrasar a un adversario pero parar los pies también cuando algo queda fuera de los márgenes de la convivencia democrática. Y es que el “no pasarán” no puede ser una consigna grandilocuente si no una actitud ante la indecencia.

Confieso que hace mucho que en nuestra casa hablamos sobre la necesidad de frenar los ataques a la convivencia desde lo cotidiano. De esa corresponsabilidad que todos tenemos para levantarnos frente al odio. Un grupo de wasap donde alguien comparte fake news o titulares infumables que sólo sirven para esparcir bulos e insultos; la típica conversación en un bar donde alguno levanta la voz más de la cuenta soltando improperios y barbaridades, o esa reunión de trabajo donde, de nuevo, hay que escuchar alguna actitud racista o sexista.

Claro. No podemos pedir a nadie que sea valiente en la soledad y según en qué momentos. Pero es de ley, por decencia y por dignidad, exigir a quienes tienen la capacidad de llegar a millones de personas que asuman las consecuencias de dar voz a la desfachatez y la chabacanería.

El show de bajezas humanas que es “Todo es Mentira” con el innombrable Risto Mejide a la cabeza y su falso progresismo ha sido un auténtico expositor de la peor calaña. Por desgracia, no se puede esperar otra cosa del profeta del maltrato. Recordemos nada más cómo inició su “carrera” mediática. A él podría unirse Ferreras y su altavoz para los ladridos de Inda o la inefable María Claver.

También podríamos hablar del otro lado, de los que dicen ser muy revolucionarios pero siguen ganando su buen dinero compartiendo espacios con la mentira y la mediocridad. Hace meses que Antonio Maestre me bloqueó en Twitter porque le dije que no estaba para dar lecciones al Gobierno mientras cobra de Atresmedia. Su respuesta fue clara y fulminante.

Menos mal que son periodistas progresistas. Maestre suele disparar contra el Gobierno y, especialmente, contra Unidas Podemos a quien hace mucho ya le pidió que se saliera del Ejecutivo por ser inútil, según él, su papel. Debe ser que desde su óptica las políticas públicas que protegen y ensanchan los derechos de las mayorías no son necesarias.

Se siente. No existen fórmulas mágicas para pararle los pies a la ultra derecha. Ningún movimiento espectacular va a eliminar de repente los deberes que llevan cuarenta años sin hacerse, pero hay algo que resulta indiscutible: la cultura, el conocimiento y la verdad son los antídotos del odio y, por eso, el respeto a ellos es lo único que nos salvará.

Es menester seguir hablando con la verdad. Y eso en ningún caso significa renunciar a la alegría, más bien al contrario. Porque donde no quepa el amor, donde campe a sus anchas la mentira, no estaremos nosotros; seremos corpóreos en la ternura, donde suene el diálogo pausado y el encuentro que transforma; estaremos en los lugares en que la política no se manche y sirva para alcanzar los sueños de la gente común. No daremos espacio al insulto ni abriremos la puerta a la oscuridad.

Y es que ya lo decía Benedetti. A pesar de las ausencias y las derrotas nosotros “cantamos porque llueve sobre el surco y somos militantes de la vida, y porque no podemos ni queremos dejar que la canción se haga ceniza”.

Corresponsabilidad, valentía y altura de miras.

 

Estefanía Torres

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1 Comentario

1 Comentario

  1. Fabián del Río Escriche

    18 de febrero de 2022 12:02 at 12:02

    muy bien dicho Estefanía.

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